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Rocío Márquez: "Entrar en el círculo vicioso de creer que somos lo que tenemos es muy peligroso"

La cantaora onubense presenta 'Visto en El Jueves', un disco en el que rescata cantes antiguos y los adapta a la actualidad para denunciar la desigualdad o el consumismo, entre otras cuestiones.

Por Ángeles Castellano

Desde que ganó todos los premios del prestigioso concurso de cante del festival de flamenco de La Unión en 2008, Rocío Márquez (Huelva, 1985) comenzó a abrirse camino como cantaora flamenca, algo que comenzó con nueve años en su ciudad natal. Es una persona agradable, de ágil conversación, que se relaciona con facilidad. Eso, y una voz cristalina, llevó a algunos a pensar que encarnaría la versión más edulcorada del flamenco. Con lo que quizá no contaron esos algunos es con su inteligencia y su compromiso con la realidad que le rodea, que le ha llevado a mantener una carrera coherente, reivindicativa en los temas que más le preocupan y que ha crecido con el tiempo con solidez y sin grandes ruidos, pero sin dejar tampoco nada atrás y marcando claramente sus límites artísticos, personales y sociales. Su inquietud le llevó a concluir un doctorado sobre técnica vocal (la primera cantaora de flamenco de gran proyección pública que lo hace) y ha dirigido también buena parte de sus discos y colaboraciones, desde aquel Claridad que publicara en 2012 hasta el más reciente Visto en El Jueves (2018). Dice no sentirse cómoda en la confrontación, pero tampoco deja pasar la oportunidad de alzar la voz sobre cuestiones como la contaminación de su tierra, Huelva, donde se encuentra uno de los parques naturales más importantes de Europa, el de Doñana, la desigualdad cada día mayor entre ricos y pobres en España, y más específicamente en Andalucía, los derechos y la defensa de la acogida de los refugiados, o el feminismo. Atiende a Consumerismo mostrando respeto, agradecimiento y entusiasmo, en una mañana en la que descansa después de haber estrenado en La Phillarmonie de París El Amor Brujo, de Manuel de Falla, junto a la Orquesta Nacional Sinfónica de Ile-de-France dirigida por Enrique Mazzola.

Eres la primera cantaora de flamenco a la que entrevistamos para Consumerismo. Te agradecemos que hayas aceptado, hay algunos músicos que no quieren posicionarse políticamente de una manera tan explícita.

Pues muchas gracias a vosotros por interesaros en mi trabajo, cuando me propusiste la entrevista me hizo la ilusión, la verdad. Porque ahora mismo con el disco nuevo, tú sabes, se hacen muchas entrevistas, y hay sitios en los que te hace especial ilusión salir precisamente porque te piden un posicionamiento más firme en temas que a mí me interesan más, porque si no, llega un momento que parece que somos un panfleto. Qué está bien también promocionar el disco y eso, pero cuando te puedes llevar la conversación a otros lados, para mí también gana sentido.

A lo largo de tu trayectoria, tanto a través de tus trabajos discográficos, tus colaboraciones y puesta en escena, has ido adquiriendo cada vez más un matiz social en tus propuestas artísticas, unas veces más explícitas y otras, menos. ¿Qué asuntos sociales te preocupan más o siente que es más necesario reivindicar?

Los temas que tengo más presentes son el feminismo y la ecología. Después, a nivel social, los que tenemos siempre presente, sobre todo la igualdad. En mi caso ha sido curioso. Ayer lo hablaba con Alejandro Simón Partal, porque estuvimos en la Casa de Gerald Brenan en Churriana, y él me preguntaba que cuál era en el flamenco la importancia de las letras. Yo le decía que, bajo mi punto de vista, puede tener toda la importancia, como en figuras como Francisco Moreno Galván y los cantaores José Menese o Manuel Gerena, o puede tener ninguna importancia y simplemente estar en una reproducción simple sin cuestionar lo que se está cantando. En el flamenco se da esa gran variedad, de un extremo a otro y todo lo que está en medio. Es difícil responder a esa pregunta, pero sí creo que es interesante también entender que la propuesta de cada artista es un punto a tener en cuenta.

Claro, hay artistas flamencos, tú has citado a algunos, que han tenido una carrera artística claramente comprometida, pero es que realmente, el flamenco como tal, nace como una expresión artística reivindicativa.

Cierto, es como una letra muy popular del mirabrás [un palo o estilo dentro del flamenco], que dice "voz del pueblo, voz del cielo". En el flamenco siempre ha sido así, y todavía de los artistas que he mencionado, Gerena o Menese, el mayor riesgo que corrían era el de ir un día al calabozo, pero tampoco estamos hablando de pena de muerte o de que te peguen un balazo. Pero no hay que olvidar que por ejemplo durante la República sí. De hecho, El Chato, por ejemplo, se quedó en el intento. Y ahí las letras… Hay unos fandangos republicanos con una dureza brutal y una crudeza que a mí me ponen los pelos de punta cuando los escucho. El flamenco siempre ha estado muy vinculado con el compromiso social. Yo lo veo como una moneda que tiene dos caras. El flamenco ha sido siempre la voz del pueblo y siempre ha tenido esa reivindicación, pero también ha estado siempre vinculado al señorito andaluz. Ahí hay una especie de luz y sombra en torno al flamenco. Es la voz del pueblo, que para comer depende de ese señorito, y también tiene que filtrar y adaptar, en el momento en el que el flamenco se profesionaliza, tiene que adaptarse de algún modo a lo que vende, porque vivimos de eso. Así que hay libertad relativa, igual que ocurre en la sociedad que vivimos.

Se impone entonces una especie de autocensura del propio artista, que necesita matizar su discurso…

En muchos casos sí, porque al final es una cuestión de supervivencia. A mí me llegó mucho el libro Mi España querida, que cuenta la historia de Juanito Valderrama, y lo escribió Antonio Burgos, curiosamente. Aunque a priori no coincido con las ideas de este señor, que como sea escribe muy bien, me gusta mucho cómo describe la historia de que cuando Valderrama cantaba El emigrante. Muchísimas personas relacionan a Valderrama con el franquismo, y a toda la estética que él representa de copla y flamenco porque el sistema se apropia en ese momento del flamenco como imagen suya, por eso hacemos esa asociación. Pero fíjate cómo lo vivió Valderrama: cuando lo llaman para una fiesta que organizaba Franco, y Franco le pide personalmente que le cante El emigrante, ahí Valderrama dice que pensaba que le iban a meter un balazo, porque de algún modo él estaba cantándola a la gente que había tenido que huir de España. Fíjate tú cómo dependiendo de quién te cuente la historia, cómo puede variar y cuántos matices hay en cada historia que muchas veces se nos pasan por alto. Él canta una canción sobre las personas que tienen que irse de España por su ideología y piensa que Franco le va a meter un balazo y el otro además le pide que le cante la canción dos veces, y de repente cuando acaba la segunda vez le dice que a su mujer le encanta, y querían escucharla… Es una locura, la locura que se ha vivido en este país. Es interesante, como te digo, ver la relación que ha tenido el flamenco con el poder, y con la política, desde el punto de vista de que se profesionaliza y dependes de quien te paga, pero por otra parte tiene ese sentimiento de ser muy del pueblo y muy reivindicativo.

El último disco de Rocío Márquez, Visto en El Jueves. | Imagen: Ángeles Castellano.
El último disco de Rocío Márquez, Visto en El Jueves. | Imagen: Ángeles Castellano.

 

Tu último trabajo discográfico es Visto en El Jueves, un trabajo que rescata cantes y canciones tradicionales y populares que sirven como base de una propuesta propia. A mí me llama la atención sobre todo el carácter social y reivindicativo de sus letras, que además, en tu evolución profesional a través de tus discos, siento cada vez menos sutiles y más evidentes. ¿Esto es premeditado?

Bueno, este disco surge, por el lado musical, porque yo coincido con el guitarrista Canito en un espectáculo de la bailaora Leonor Leal en el Festival de Jerez y fue algo tan especial que quise investigar un poco esa colaboración de los dos. Y para preparar el repertorio, de repente empecé a buscar entre vinilos y casetes que tenía en casa. Cuando ya había hecho una selección que en principio eran treinta y tantas pistas que después se ha quedado en quince, después de esa primera selección, me di cuenta de que casi todos los temas o salían o tenían algún vínculo con El Jueves, el mercadillo de Sevilla [un mercadillo que se celebra todos los jueves en los que se venden objetos usados]. Como yo he vivido cerca mucho tiempo, pues iba muchísimo al Jueves y me flipan los vinilos y las cintas de casete y me di cuenta de que era el enlace que tenían todos los temas. Y de repente me parecía que era interesante también el mensaje de coger cantes y canciones y reinterpretarlos, reusarlos, enlazaba con la idea de El Jueves como lugar donde se da una segunda vida, o tercera o cuarta o quinta a las cosas, que nos cuestionemos realmente si la vida útil que le damos a los objetos podría ser otra, si podrían dar para más, y también un punto como de memoria colectiva, de decir, todos estos temas o cantes nos unen. La idea era esa, reflexionar un poco sobre todo esto. Por eso el poema de de Antonio Orihuela [Llegar a la meta] está justo en el medio, porque quería que fuera como la columna vertebral, porque me parece que es muy explícito, con la crítica al sistema, al capitalismo, al ritmo frenético en el que estamos todos inmersos… De repente era una reflexión para mí que tejía el sentido que tiene este disco, y esa idea de reinterpretación desde la libertad.

El disco tiene también una reivindicación de la tierra, como la nueva versión del poema de Miguel Hernández Andaluces de Jaén, que aquí reinterpreta junto a Kiko Veneno

Sí, además cuando hice ese tema coincidió con todo el auge de Vox, entonces ahí ya salí yo a rematar… Para mí, que el tema de la autonomía volviese a estar presente me ha sorprendido tanto… Yo cuando escucho estos temas, también el que hizo Enrique Morente, que es una maravilla, en fin, cada vez que se trata el tema de Andalucía y la autonomía, yo es algo con lo que me siento muy identificada, que me emociona, pero realmente nunca lo había visto como otros temas que se pudieran llegar a ver como un posicionamiento político, sino, bueno, que se abordan desde el amor a la tierra y ya está. Es cierto que con todos los últimos movimientos políticos me pareció que sí era un grito hacia el respeto hacia la idiosincrasia de cada pueblo y de cada zona y de cada grupo, el respeto a la diversidad, casi si me apuras. Ahí es cuando realmente le vi la necesidad y por eso lo incluí.

No sé si tienes la sensación precisamente en este momento que nos toca vivir políticamente que las cosas que nos escandalizan, como la irrupción de Vox, a los diez minutos parece que se han normalizado…

Sí, y es increíble, porque realmente cuando yo escuchaba esos temas antes, nunca creí que los iba a percibir desde ese punto de vista, porque había derechos ganados que se han perdido, por eso precisamente me parecía interesante volverlos a cantar, a lo mejor en otro momento no tuve la necesidad, pero ahora sí.

¿No crees tú que, precisamente este es un momento en el que se necesita que el arte o la cultura den un paso adelante en la defensa de determinados valores, o de esos derechos que estamos perdiendo? Cada uno desde su perspectiva, conocimiento o sensibilidad…

En mi caso personal ha sido tan poquito a poco y he entendido que esto es un proceso y que cada uno se lo tiene que tomar a su ritmo y que es algo muy personal. Es que yo, no hace tanto, cantaba unas letras que ahora me escucho y me echo las manos a la cabeza y en ese momento no me daba cuenta. Yo creo en los momentos de cada persona, en los tiempos de cada persona, y desde ahí creo que es muy necesario respetarnos y entender que la vida nos va a enseñar a andar, que aquí estamos para aprender, para respetar pero que también cada uno lleva su ritmo y que es importante que nos respetemos. Al final, yo creo que el arte necesita de una coherencia con lo que la persona es y con lo que la persona hace, y digo la persona como digo el artista, y está claro que cuando empezamos a tener ciertas inquietudes, eso al final se refleja en el trabajo que hacemos y creo que es muy raro que alguien tenga esas inquietudes y no las proyecte cuando crea. Pienso que es cuestión de tiempo.

"Me identifico mucho más, en una sociedad patriarcal, con la palabra y la voz de una mujer que con la de un hombre" me dijiste en una entrevista en 2017 en relación a la publicación de tu disco Firmamento. De hecho, en aquel disco, las letras que no has escrito tú están escritas por mujeres. Sin embargo, en Visto en El Jueves no hay tanta presencia de autoras…

Sí, es cierto que ese criterio no lo he tenido yo como prioritario a la hora de seleccionar, no lo he pasado yo por ese filtro. Pero eso no quiere decir que no siga pensando que es súper necesario. Pero bueno, sigo pensando que no estamos todavía en el punto de normalizar las cosas en el terreno de la igualdad, creo que hay que seguir presionando para conseguir esa igualdad y esa presencia de las mujeres, también cuantitativa. Pero en este caso, el criterio que he seguido para seguir los temas, en un primer momento ha sido los que me emocionaban como oyente y después de esa primera selección, acabé quedándome con los que, al ponerlos en mi boca y pasarlos por mi garganta, me eran más cercanos. Cada trabajo va cogiendo su forma. Pero vaya, es algo que sigo pensando y sigo teniendo presente.

Imagen: Rocío Márquez.
Imagen: Rocío Márquez.

 

No sé si en cualquier caso queda esa intención de buscar letras de mujeres a las que poner voz. También, en relación a las autoras con las que trabajaste en Firmamento

Sí, eso sí, eso siempre queda. También porque lo bonito es que se crean vínculos personales. Incluso con Isabel Escudero, que desgraciadamente ya no está, pero con sus hijos continúo el contacto y sus libros los tengo muy presente, en el escenario la canto siempre, yo creo que en todos los recitales meto alguna letrita de ella. Con Christina Rosenvinge igual, hace poquito estuve con ella en el Instituto Cervantes de Madrid, también en la Feria del Libro de Sevilla… Ella está presentando su disco y la idea que tenemos después es continuar juntas haciendo cosas, inventando… Estamos en ello, como te digo las cosas llevan su tiempo. Con María Salgado también, es algo que, como tú bien dices, todo el trabajo que se va haciendo y cada vez que nos acercamos desde la profundidad y a pecho descubierto a un tema que de verdad nos emociona y nos mueve, eso queda. Lo que pasa es que después, en el camino, hay veces que va a estar más latente, otras menos, pero siempre está ahí, de alguna manera, que no quiere decir que no sea necesario continuar haciéndolo de una manera explícita, ojo.

Una de las cosas más destacables de tu biografía es tu doctorado. Es destacable porque ni hay muchos doctores entre los artistas flamencos ni hay por supuesto muchas mujeres doctoras en el mundo artístico. ¿Qué significa para ti, más allá de su aplicación práctica? ¿Crees que es necesario reivindicar la academia para el flamenco?

Yo cuando me metí en todo el tema este del máster y el doctorado veía clarísimo que había una brecha enorme entre el mundo académico y el mundo escénico y que era necesario que fuéramos acercándonos. Bueno, y ya después por una cuestión de necesidad individual de querer aprender, de querer ponerme las pilas y que me hicieran pensar, que es con lo que yo me quedo, el doctorado fue un proceso que me hizo pensar y me hizo llegar a sitios que yo de otra manera no habría llegado. Por eso creo que es muy interesante que haya espacios que le aporten al flamenco algo nuevo, otra visión, otra perspectiva. Por supuesto, con todo esto surge un debate que es cómo continúa el flamenco después de esta incorporación del mundo académico: la universidad, los conservatorios… Y obviamente, el flamenco cambia. El contexto donde se da el proceso de aprendizaje es tan distinto que claro que el flamenco cambia y sería un error no reconocerlo, porque es algo tan obvio… Ahora, lo que tampoco podemos es darle la espalda a la realidad que vivimos porque románticamente ya no siga encajando en los cánones que tenemos normalizados, porque al final la historia consiste en eso, en ir caminando y el arte se tiene que ir también adaptando a lo que se va viviendo y no quedarse en un discurso que ya está descatalogado. Yo creo que ya el debate no está en si el flamenco entra o no entra en la academia, porque ya ha entrado y lo que estamos tratando es que cimiente de buena manera. Hay que tener mucho cuidado para no caer en que el flamenco se vuelva academicista, pero en el peor sentido de la palabra. Y después, el tema del doctorado, que tengamos la oportunidad de investigar sobre temas que nos apasionan de este arte, y que la mujer esté presente bueno, al final las mujeres a nivel de estudios estamos casi más presentes que los hombres, la cosa es qué pasa después de eso, después de los estudios.

Precisamente sobre machismo quería preguntarte. En el flamenco lo hay igual que lo hay en todos los ámbitos de la vida. Pero recientemente has vivido un ataque muy directo por parte de un crítico de flamenco de Sevilla que básicamente venía a decir que te subías al tren del feminismo para esconder lo que según él es una falta de talento como cantaora. En el ataque se veía claramente un intento de desprestigiarte precisamente por ser mujer y por defender la igualdad. No sé si te has encontrado muchas situaciones de machismo tan descarado en tu carrera y cómo lo vives a nivel personal.

Yo nunca he contestado una crítica, porque me parece que cuando uno se dedica a una profesión en la que tiene una exposición pública pues tiene que saber recibir un feedback, siempre con respeto, pero me parece que forma parte del juego. Ahora, cuando ya se salen de lo artístico, de lo profesional y ya van a otras cuestiones, como por ejemplo en este caso el tema del feminismo, ahí ya sí contesté, porque me parece que también tenemos que tener claro dónde se ponen los límites. Y desde luego yo estoy de acuerdo contigo totalmente en que el problema que hay en concreto por ejemplo en este caso va mucho más allá del feminismo, y es precisamente una persona que siente que está perdiendo el poder. Antes, los críticos tenían el poder y cada vez lo tienen menos. Y yo entiendo que para ellos es una situación muy incómoda y que se aferran a lo que sea. Y todo esto te lo digo desde la más absoluta comprensión, pero también pongo el límite donde creo que lo tengo que poner. Y en este caso, que haya una persona que sin saber qué significa el feminismo escriba lo que él escribió es que a mí me parece que eso es denunciable, me parece que eso es para que las personas que le publican se planteen a quién están publicando, porque es que yo no me puedo subir al escenario a cantar si no sé coger el tono y me voy de compás, qué quieres que te diga, porque me parece una falta a la profesión. Pues esto es lo mismo, usted no puede escribir un artículo que se llame Feminijondismo sin saber qué es el feminismo. Yo creo que esto hay que denunciarlo.

Es muy representativo y es muy claro y ocurre en todos los ámbitos, es un intento apabullante de desacreditar a una profesional por el simple hecho de ser mujer, por eso te preguntaba si te has encontrado en situaciones similares en tu carrera, a un nivel tan obvio.

Mira, yo siempre cuento porque para mí fue un click en este asunto los años que yo estuve estudiando el máster, en una asignatura que se llamaba La Sexuación en el arte. Yo recuerdo que la primera vez que yo fui a esta asignatura, que me daba clases Assumpta Sabuco, salí pensando: "qué ganas de buscarle tres pies al gato". Salí sin entender nada. Entonces, como me conozco y sé que si algo me deja de interesar, dejo de ir, preferí decírselo directamente a Assumpta. Le dije que yo no tenía la percepción de que hubiese tanta diferenciación entre hombres y mujeres en el arte y llevo cantando desde los nueve años. Ella me dijo: "me interesa que no lo veas así, por favor, sigue viniendo y lo vamos hablando". A mí me pareció un buen trato y seguí yendo, seguí escuchando y planteaba unos ejercicios maravillosos. Me acuerdo de que había uno que consistía en coger las críticas de tres críticos en concreto que se hacían a artistas hombres y a artistas mujeres y señalar los adjetivos que se usaban para describirlos. Y normalmente, en un 90% se repetían los adjetivos que usaban con nosotras los que usaban con ellos y eran distintos. Ellos eran la fuerza, ellos eran el desgarro y nosotras éramos la sensibilidad, la dulzura… Y como esto, un montón de ejercicios. Y de repente hay un cambio en mí. Me doy cuenta de que yo lo tenía tan interiorizado y tan normalizado que hasta me molestó cuando esta mujer lo dijo por primera vez. Entonces desde este punto entiendo perfectamente al crítico cuando me machaca. Esto es una cosa sistémica, no me lo tomo como algo personal en ningún caso, no creo que sea nada personal conmigo, es una consecuencia del sistema en el que vivimos y es que no nos damos cuenta. Fíjate que yo creo que las cosas más descaradas, como esta, son las menos graves. Estamos en un punto, en la sociedad española, que en lo que tenemos que poner la atención precisamente para irnos acercando a esa igualdad real es en los micromachismos, esos comentarios, esas ideas que tenemos súper interiorizadas y súper normalizadas.

> es de Huelva, en cuya provincia están las minas de Río Tinto] que cuando yo era pequeña vivió el cierre de las minas. Entonces ese problema de la reconversión que estos mineros vivieron cuando yo fui a cantarles, yo lo había vivido ya en casa. En aquel momento, cuando lo de Río Tinto, la situación de España era distinta, no estaba la crisis y se pudo prácticamente prejubilar a la gran mayoría, o recolocarles. En fin, que la solución que se les dio fue mucho más razonable, tuvieron mucha más suerte que estos pobres, que ya tenían el acuerdo cerrado y de repente hay un cambio político y se quedan con una mano detrás y otra delante. Y es cuando deciden encerrarse. Y cuando me comentan a mí que acudiese a acompañarles en su huelga yo tenía muy reciente haber cantado en la mina Agrupa Vicenta de La Unión, y Corte Atalaya he estado cerca y lo he visto muchas veces, y entonces, no me pareció que aquello me iba a impactar tanto. Yo iba con la idea de cantar una minera, además me pidieron que hiciera un cante para ellos, pero después quería cantarles un poco por fiesta, porque claro, los pobres, llevaban tantos días encerrados que lo que quería era animarles y, la verdad, los cantes mineros no son lo que más te anima el alma, los iba a dejar llorando. Yo iba con esa idea en la cabeza, pero cuando empezamos a bajar ya me di cuenta de que aquello no era como yo había pensado. Aquello estaba que te tenías que meter en una vagoneta en la que te tenías que hacer una bola para caber, no estaba iluminado, la luz que había era la que llevabas en el casco, estaba el canario todavía cantando… Cuando yo vi a estos hombres tuve un bajón muy fuerte. De hecho, hubo un momento en el que se me saltaron las lágrimas y los pobres me animaban a mí y yo decía, <i>
> es de Huelva, en cuya provincia están las minas de Río Tinto] que cuando yo era pequeña vivió el cierre de las minas. Entonces ese problema de la reconversión que estos mineros vivieron cuando yo fui a cantarles, yo lo había vivido ya en casa. En aquel momento, cuando lo de Río Tinto, la situación de España era distinta, no estaba la crisis y se pudo prácticamente prejubilar a la gran mayoría, o recolocarles. En fin, que la solución que se les dio fue mucho más razonable, tuvieron mucha más suerte que estos pobres, que ya tenían el acuerdo cerrado y de repente hay un cambio político y se quedan con una mano detrás y otra delante. Y es cuando deciden encerrarse. Y cuando me comentan a mí que acudiese a acompañarles en su huelga yo tenía muy reciente haber cantado en la mina Agrupa Vicenta de La Unión, y Corte Atalaya he estado cerca y lo he visto muchas veces, y entonces, no me pareció que aquello me iba a impactar tanto. Yo iba con la idea de cantar una minera, además me pidieron que hiciera un cante para ellos, pero después quería cantarles un poco por fiesta, porque claro, los pobres, llevaban tantos días encerrados que lo que quería era animarles y, la verdad, los cantes mineros no son lo que más te anima el alma, los iba a dejar llorando. Yo iba con esa idea en la cabeza, pero cuando empezamos a bajar ya me di cuenta de que aquello no era como yo había pensado. Aquello estaba que te tenías que meter en una vagoneta en la que te tenías que hacer una bola para caber, no estaba iluminado, la luz que había era la que llevabas en el casco, estaba el canario todavía cantando… Cuando yo vi a estos hombres tuve un bajón muy fuerte. De hecho, hubo un momento en el que se me saltaron las lágrimas y los pobres me animaban a mí y yo decía, <i>

 

 

O sea, que me descolocó muchísimo.

Y lo que pienso todavía a día de hoy es que, aunque en ese momento no conseguimos lo que queríamos, si sirvió para visibilizar algo que se había normalizado y no debería, pues bienvenido sea, además de la experiencia personal que fue súper enriquecedora.

Claro, sobre todo por lo que dices, no tanto por la reivindicación de la minería, que bueno, también va un poco en contra de las necesidades de emergencia climática que vivimos, sino en cuanto a las condiciones que quedan las personas que dejan la mina…

Totalmente, es una actividad que quizás por la parte medioambiental pues ha llegado a su límite, es como si cierran en Huelva el polo químico, el problema es qué hacemos después. Esto hay que hacerlo muy bien pensado, estamos hablando de la vida de muchas familias, con el agravante en este caso que trabajar en una mina no es como trabajar en una oficina… Si yo estuve cuatro horas y me llevé sin poder respirar bien tres semanas, cómo tendrán esas personas los pulmones.

"Cuanto más conozco a personas que son exitosas, más me doy cuenta de que el éxito que nos venden a nivel social no tiene nada que ver con la felicidad" has dicho en una entrevista. ¿Qué es el éxito entonces?

[Pausa] Ser feliz. [Pausa]. Supongo que es lo obvio, que lo difícil es decir qué nos da la felicidad. A mí me la da tomarme tiempo para frenar, para sentir, para sentirme en colectivo, para sentirme en grupo, para coger la fuerza que te dan los grupos, la familia, los amigos, el arte, la naturaleza, sentir que te cuidas, que haces por cuidar tu cuerpo y la mente, a mí todo eso me hace equilibrarme y me hace sentirme feliz. Y me hace bajarme un poco de ese carro del consumismo este desorbitado que lo que te da en todo caso es una felicidad inmediata, que creemos que es felicidad pero al otro día ya ha desaparecido y tenemos que buscar otro estímulo y al final estás toda la vida produciendo para gastarlo. Entrar en ese círculo vicioso que creemos que somos lo que tenemos o que somos lo que hacemos es muy peligroso.

Creo que la pregunta ya está contestada entonces. ¿Tú te consideras una persona exitosa?

Yo sí. Mucho. Y muy afortunada.

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Los tres de… Rocío Márquez

-Tres películas o series: Match Point (Woody Allen, 2005), Mujeres al borde de un ataque de nervios (Pedro Almodóvar, 1988) y la serie El cuento de la criada (creada por Bruce Miller, 2017).

-Tres programas de televisión: Salvados (La Sexta), El Intermedio (La Sexta) y Andalucía al día Cultura (Canal Sur TV).

-Tres obras musicales: Bohemian Rapsody, de Queen, Nuevo día - El origen de una leyenda, de Lole y Manuel, y Locura de brisa y trino, de Manolo Sanlúcar y Carmen Linares.

-Tres libros: Diario de un cuerpo, de Erika Irusta (Catedral, 2016), Alfileres, de Isabel Escudero (Fundación Anselmo Lorenzo, 2016), y 27 personas en busca del ser, de Claudio Naranjo (Ediciones La Llave, 2012).

-Tres referentes: Greta Thunberg, Simone de Beauvoir y La Niña de los Peines.

-Tres momentos históricos: El 15M, la II República, y el año 82, cuando crearon la peña flamenca femenina de Huelva. "Que la crearon porque no dejaban participar mujeres en la peña flamenca que había, claro".

-Tres lugares para visitar: Doñana, El Cristo Redentor en Río de Janeiro, y Udaipur, en India.

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Ángeles Castellano es periodista y miembro del equipo de redacción de Consumerismo.

*La foto de encabezamiento es de Rocío Márquez.

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