Hogar

El arte de ordenar

Mujeres de diferentes edades y situaciones familiares suspenden en responsabilidad mental.

Por Marian Díaz

Marie Kondo, gurú del arte de ordenar y colocar, especialista en revolucionar los hogares de millones de personas y en poner de manifiesto que los armarios pueden quedar en perfecto orden de revista con un poco de maña y paciencia, nos ha revelado, en uno de sus últimos programas emitido a través de una plataforma digital, una realidad que supone un peso enorme en nuestra sociedad.

En esta ocasión, se ve a través de la típica imagen familiar: padre, madre e hijos. Padres ordenados y calmados, y madres con el sentimiento de estar siempre fallando a los suyos.

Avanzamos, poco a poco, paso a paso, en la igualdad entre hombres y mujeres, en el fin de la brecha salarial, en creer que en nuestros hogares hay una verdadera corresponsabilidad, pero suspendemos en responsabilidad mental.

Mujeres de diferentes edades y situaciones familiares se preocupan, día a día, de que a los suyos no les falte nada. No es sólo una responsabilidad económica, sino que va más allá. Está presente en nuestra forma de ser y de actuar, en lo que hemos visto de forma consciente o inconsciente en nuestras madres y abuelas. No hay horarios ni remuneración, nuestra cabeza está ordenada para cargar con ello de forma natural.

Es algo tan sencillo y a la vez tan difícil que se resume en el acto de pensar que cada vez que cierras la puerta de tu casa y te diriges a tu trabajo o a tu centro de estudios todo esté bien.

Aunque creamos que avanzamos, la responsabilidad mental no es pensar en que tu pareja se encargue de realizar la compra. Esa tarea la lleváis tú y él; él en el acto y tú en la carga mental de que así sea.

La sociedad que estamos construyendo

En nuestra mente aún está reciente el 8M, un movimiento de mujeres y hombres que son -y somos- conscientes de que la exclusión de las primeras a lo largo de la historia en el trabajo remunerado ha traído consigo su invisibilización y su omisión social.

De esta reflexión han surgido teorías y debates, idearios políticos, merchandising y hasta páginas webs que muestran a las mujeres el valor económico del trabajo que realizan en su hogar.

No hace falta una calculadora web para ser conscientes de ello, ni siquiera para ganar la batalla. La ganaron ellas mismas cuando, en señal de solidaridad con sus hijas y sus nietas, colgaron en sus balcones su armadura, su delantal.

¿Es que tengo que estar pendiente de todo?

Los datos en España son más que significativos. Tres de cada cuatro mujeres sufren dicha carga, más de la mitad desconoce por qué le sucede y casi el 50% no ha hablado con nadie sobre ello.

A pesar de que la mitad de las parejas creen que tienen un buen reparto de las tareas, más del 60% de las mujeres afirman que tienen todos los días en su cabeza una lista interminable de tareas. El 87% de las madres sienten que son las principales responsables de que funcione todo en casa y el 91% afirman que si no están ellas atentas de las cosas pequeñas del día a día nadie lo estaría.

La última encuesta sobre el empleo del tiempo entre hombres y mujeres publicada por el Instituto Nacional de Estadística nos indicaba que, aunque la participación masculina en las tareas del hogar había aumentado en casi cinco puntos, el tiempo dedicado por las mujeres es de casi dos horas más que el de los hombres, y de esta encuesta hace ya una década.

Además, la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés indica que el 48,7% de las mujeres sufren estrés frecuente, frente al 31,5% de hombres.

Hacer las cosas bien

Dicen que en la educación está el progreso. Una sociedad formada es sin lugar a dudas más difícil de manejar. Nos han asegurado que una mujer preparada puede romper el techo de cristal, aunque a veces, cuando llegas, el suelo es el que se convierte en cristal.

La mujer, además de estar formada, de trabajar por y para la igualdad, de criar a nuestros hijos, de cuidar de nuestros mayores, de asegurarnos que todo vaya bien, tiene -tenemos- que hacer las cosas bien.

Además, el hecho de que las tareas estén mucho más repartidas y en la mayoría de los hogares la distribución sea más equitativa hace que pensemos que existe una verdadera corresponsabilidad, dando el problema por zanjado. Pero en realidad, la persona que está supervisando, coordinando y comprobando todo sigue siendo la mujer, y el desconocimiento sobre este problema hace que se extienda de forma silenciosa y su carga sea a su vez doblemente pesada.

Para conseguir “hacer las cosas bien”, y liberarnos así de la carga mental, la clave está en ordenar, ser consciente de ello y crear una verdadera responsabilidad mental.

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Marian Díaz es presidenta de FACUA Madrid.

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