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Consideraciones al nuevo Marco Estratégico para la Atención Primaria y Comunitaria

Es un documento de buenas intenciones pero demasiado genérico en el planteamiento de las acciones, con escaso desarrollo y concreción en muchas de ellas y sin compromiso presupuestario evaluado en cifras.

Por Olga Ruiz Legido

La atención primaria ha ido sufriendo a lo largo de estos años una progresiva pérdida de protagonismo dentro del sistema sanitario público. Recortes presupuestarios, financiación insuficiente, escasez de recursos materiales y personales para afrontar nuevas realidades sociales y asistenciales, empeoramiento de las condiciones laborales de los profesionales que trabajan en dicho ámbito, ratios excesivas de pacientes, disminución de la calidad asistencial y, en general, una falta de adecuación del modelo sanitario a las necesidades actuales de la población.

El modelo actual de atención primaria no da respuesta eficaz a una realidad asistencial, de cuidados y de prevención, caracterizada por factores como la cronicidad y la pluripatología, pero también por la desigualdad, la pobreza y exclusión social, la perspectiva de género en el enfoque de los servicios y prestaciones o la diversidad social y cultural, entre otros. La atención primaria no ofrece hoy una asistencia integral y equitativa, de carácter preventivo, capaz de involucrar a pacientes y población de referencia y dotándolos de mayor nivel de información y de protagonismo.

Este somero diagnóstico justifica por sí solo la necesidad de dotarnos de un nuevo marco estratégico que permita abordar con seriedad una mejora de la atención primaria y resolver los problemas detectados en su actual configuración y enfoque, permitiendo caminar hacia un nuevo modelo que tenga en consideración los cambios sociales, profesionales, demográficos y tecnológicos y logre sentar las bases de una atención primaria que cumpla de forma efectiva con los principios de universalidad, equidad, igualdad, gratuidad y participación social. Una atención primaria para las personas y centrada en las personas.

Para acometer esta tarea, el gobierno aprobó el pasado 26 de abril el nuevo Marco Estratégico para la Atención Primaria y Comunitaria, una iniciativa que responde a esa necesidad de modernizar un servicio público esencial y una pieza clave de nuestro sistema sanitario, hasta ahora escorado hacia otros niveles asistenciales. A día de hoy, todos los agentes comprometidos con la sanidad pública coincidimos en que la atención primaria requiere de un importante y significativo impulso que reconozca el papel que le corresponde dentro del sistema sanitario público, contribuyendo a mejorar la salud y la calidad de vida de la población.

Para FACUA, resulta incuestionable que un marco estratégico que promueva un impulso y un cambio significativo de la atención primaria debe contar con recursos suficientes. Sin embargo, el documento aprobado obvia este elemento y no va acompañado de una memoria económica, aunque sí recoge un compromiso teórico, no cuantificado, de incrementar de manera progresiva los presupuestos asignados a la atención primaria.

Una de las carencias más significativas del actual modelo es la ausencia generalizada de cauces de participación social y ciudadana. Las personas usuarias son tratadas como sujetos pasivos del sistema y solo se prevén algunas medidas de participación enfocadas a profesionales y expertos. El Marco Estratégico aprobado tampoco ofrece una respuesta clara a esta cuestión y pasa sobre la misma de soslayo. No profundiza ni sienta bases claras y sólidas para paliar esta carencia que representa un incumplimiento de lo establecido en la Ley General de Sanidad y en la Ley de Salud Pública. Se hace necesario definir y establecer de facto espacios de participación donde los representantes de los usuarios puedan trasladar propuestas, hacer un seguimiento de las medidas y evaluar las políticas públicas sanitarias. La estrategia debería, además, contemplar expresamente la participación y colaboración con asociaciones de consumidores y usuarios y otros colectivos más específicos, cuyas aportaciones enriquecerán una sanidad más igualitaria, inclusiva y universal (asociaciones de pacientes, de mujeres, inmigrantes, discapacitados, grupos desfavorecidos, etc.). Integrar a estos colectivos en la planificación de los servicios y sus prestaciones a través de cauces estables de participación (consejos de salud y comisiones de participación) resulta esencial.

Habría sido también más efectivo que el Marco Estratégico hubiera abordado con mayor detalle y grado de compromiso las ratios o cupos de profesionales sanitarios por número de habitantes (medicina de familia, pediatría, enfermería, matronas….), unas ratios que aportan seguridad y calidad al paciente y permitirían adecuar la atención y la organización de los servicios y prestaciones a sus necesidades.

Otro de los aspectos que la estrategia deja en un segundo plano es el desarrollo del derecho a la información de los usuarios y, en este sentido, debería recoger entre sus actuaciones a corto plazo garantizar información suficiente a la ciudadanía sobre la cartera de servicios en atención primaria y los procedimientos para acceder a ella, de una manera clara, completa y comprensible y mediante vías y procedimientos accesibles para todos. En este sentido, el recurso a redes sociales o páginas web de las administraciones sanitarias es claramente insuficiente.

Sigue siendo un reto pendiente la accesibilidad, entendida desde una óptica global y no solo como accesibilidad física sino también accesibilidad de todos (universalidad) y a todos los servicios y prestaciones de la cartera de servicios de la atención primaria. Esto requiere de medidas proactivas dirigidas a toda la comunidad y población de referencia. No se observan medidas dirigidas a garantizar esa accesibilidad y universalidad de la atención y de los servicios disponibles.

La atención primaria debe también fortalecerse aumentando su capacidad de resolución diagnóstica, proporcionando herramientas a usuarios y profesionales para que ello sea así y mejorando la atención de las urgencias. Precisa de un abordaje específico y más desarrollado del que contiene el Marco Estratégico, ya que su déficit no solo afecta a los pacientes de atención primaria sino que traslada el problema a los centros hospitalarios.

Otra de las cuestiones por las que la estrategia aprobada pasa de puntillas es la perspectiva de género y la atención a la diversidad. La atención primaria debe estar preparada y ser capaz de incorporar e implementar un enfoque sensible al género y a la diversidad, a factores culturales y sociales de la población que atiende y que generan necesidades de atención específicas, sistemas de organización diferentes y una formación, preparación y capacitación de los trabajadores y trabajadoras de la salud.

El Marco Estratégico aprobado ha pecado de precipitación en su formulación y aprobación, posiblemente condicionado por los procesos electorales, y no ha venido precedido de un proceso real y efectivo de participación ciudadana. El resultado es un documento de buenas intenciones pero demasiado genérico en el planteamiento de las acciones, con escaso desarrollo y concreción en muchas de ellas y sin compromiso presupuestario evaluado en cifras.

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Olga Ruiz Legido es la secretaria general de FACUA.

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