Las mentiras de Doha

Sólo puede calificarse de bochornoso el espectáculo que están ofreciendo las grandes potencias mundiales, particularmente EE.UU. y la Unión Europea, en la conocida como ronda de Doha, puesta en marcha por la Organización Mundial del Comercio para la liberalización del comercio mundial.

En un ejercicio más de cinismo al que nos tienen acostumbrados los autoproclamados próceres de la libertad de mercado, han hecho fracasar, tras cinco años de negociaciones, cualquier acuerdo que limitara su capacidad de imponer condiciones leoninas a los países más pobres, o de ceder terreno ante los países emergentes, imposibilitando la apertura real de espacios que permitieran un desarrollo más justo y equilibrado de la economía mundial.

De ello se acusan ahora mutuamente, poniendo en escena una obra de teatro que ya tenemos más que vista.

La verdad sea dicha, no esperábamos que hicieran otra cosa más que, por una u otra vía, todo cuanto pudieran para mantener su hegemonía aplicando la ley del embudo, es decir, por un lado reclamando libertad de mercado para sus productos y por otro, imponiendo aranceles inaceptables a los de otros países o subsidiando a sus productores. En fin, más de lo mismo; la misma mentira de siempre.

Recurrirán ahora a jugar en un terreno más cómodo, también en nombre de la libertad de mercado, negociando bilateralmente con aquellos países donde tengan sus preferencias comerciales y excluyendo a otros como los de África, a los que seguirán expoliando y condenando al ostracismo. Lo más sangrante es que después continuarán criminalizando y dándonos la tabarra con el cuento de la inmigración.

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