Tecno

Uber y su publicidad viciada

La emblemática empresa de VTC imita antiguas prácticas de las telefónicas para recopilar datos de sus usuarios y usarlos para otros negocios de su grupo.

Por Jesús Acevedo

Hace una década, el hecho de tener que contratar un servicio de un grupo de empresas o de una empresa que tuviese varias líneas de negocio diferenciadas nos obligaba como usuarios a tener que aceptar irremediablemente el envío de publicidad de todas las líneas de negocio de la empresa y de su grupo, incluso de entidades ajenas que tenían cualquier acuerdo de colaboración.

Paradigmático era el caso de Telefónica. Si contratabas una línea de teléfono estabas obligado a tener que recibir comunicaciones comerciales de todas las empresas del Grupo Telefónica con el fin de ofrecerte cualquier tipo de servicio, aunque no tuviera nada que ver con el objeto principal del contrato que habías podido firmar. Por ejemplo, recibirías publicidad de agencias de viajes, servicios de financiación o incluso de dispositivos electrónicos con el fin de engrosar las arcas de la empresa matriz.

El descontento de los usuarios era generalizado, aunque socialmente aceptado. Sin embargo, el consentimiento no se antojaba especialmente necesario hasta que se manifestó totalmente en contra nuestra querida Agencia Española de Protección de Datos (AEPD), argumentando que cada usuario tenía el derecho a oponerse a esta práctica. Esto obligó a que empresas como Telefónica mandaran a sus usuarios un sobre que debían molestarse en rellenar en caso de que no quisieran seguir recibiendo publicidad que no tuviera nada que ver con la telefonía, con el fin de evitar cualquier atisbo de sanción multimillonaria por parte de esta autoridad de control.

La medida fue injusta, desproporcionada y, sobre todo, muy criticada por la sociedad. A la memoria me viene ese magistral artículo (como siempre) de Arturo Pérez Reverte titulado Chantajeado por Telefónica, en el que don Arturo, por activa y por pasiva, se negaba a llevar a cabo esas prácticas de la compañía de teléfonos.

Años después, y tras varias sanciones ejemplarizantes (entre ellas una a la empresa señalada por enviar comunicaciones comerciales de cualquier servicio que diera el grupo), encontramos un caso similar con Uber.

El máximo exponente de los VTC no deja de perder dinero de forma vergonzosa y se encuentra a años luz de cualquier tipo de rentabilidad. Uber reconoce que es posible que nunca llegue a ser rentable, y más tras los resultados del último trimestre, en el que tuvo unas pérdidas de 5.236 millones de dólares. Y mientras tanto, la empresa intenta no perder la confianza de sus inversores a costa del marketing y de la base de clientes que está adquiriendo con las prácticas agresivas de viajes a muy bajo coste.

La compañía no solo apuesta por el sector de los desplazamientos en coche, sino que va a intentar diversificar su modelo de negocio con alternativas futuras (como el coche autónomo), alternativas inmediatas (el patinete eléctrico) y, sobre todo, la única alternativa que actualmente le está generando beneficios a costa de explotar a falsos autónomos: el envío de comida a domicilio. No importa que el pasado trimestre haya perdido 5.000 millones de dólares, ya que su división de este sector, Uber Eats, representa el futuro prometedor. Ha pasado de facturar 121 millones de dólares hace dos años a facturar 595 millones en el año actual.

Sin embargo, hay que promocionar todos esos productos y líneas de negocio. Para hacerlo, Uber quiere servirse de la base de datos que está generando gracias a los viajeros que están utilizando su servicio de VTC. Así, se guarda bajo la manga la posibilidad de bombardear al usuario con cualquier tipo de publicidad, al estilo de la Telefónica de hace varios años. De hecho, una de las cláusulas impuestas por Uber en la contratación de sus servicios es la recepción de "mensajes de texto informativos (SMS) como parte de la actividad comercial normal de su uso de los servicios".

Por todo ello, FACUA-Consumidores en Acción reclamó a Uber la modificación de la cláusula, por no ser clara y no especificar si se refiere a meros mensajes sobre la ejecución del servicio o a comunicaciones comerciales sobre los servicios de comida a domicilio, patinetes, o cualquier línea de negocio que se le ocurra. Y es que como consumidor tengo derecho a utilizar los servicios que ofrecen para desplazarme en coche, pero no tengo por qué aguantar que me manden publicidad sobre reparto de comida a domicilio, cuando prefiero ir al restaurante a comer o no estoy de acuerdo con la política de contratación de los riders.

Ante la falta de contestación de Uber, FACUA ha denunciado a la AEPD la falta de respeto de la empresa al consumidor, algo que se podría solucionar instaurando una simple casilla para recoger el consentimiento de aquellos usuarios que desearan recibir publicidad de otras ofertas de dicha empresa. Por su parte, la AEPD ha dado traslado del caso a la autoridad de control de Países Bajos, ya que allí es donde Uber tiene su sede en la UE, previsiblemente para evadir impuestos y acogerse a una regulación mucho más favorable que la de otros países como España. Pero eso es harina de otro costal, y tampoco ayuda a pensar en Uber como la heredera de las malas prácticas que en otra era llevaban a cabo las compañías timofónicas.

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Jesús Acevedo es abogado y mediador.

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