Comercio Justo y Solidario

En los últimos años se viene observando que una parte importante de la sociedad civil está asumiendo un papel cada vez más activo en la vida pública de sus países respecto a problemas relacionados con el medio ambiente y con las discriminaciones sociales o económicas, que se está expresando a través de protestas públicas contra la globalización, grandes campañas para defender aspectos fundamentales sobre el medio ambiente o por medio de la puesta en marcha de redes mundiales de lucha contra la pobreza.

En este último contexto de apoyo a la población de menos recursos del planeta está destacando también una forma de compromiso social y solidario, bajo la denominación de movimiento por un Comercio Justo y Solidario que progresivamente viene incrementado su presencia en numerosos mercados de países de Europa, Japón o Canadá y también, aunque en menor nivel, en España. El denominado Comercio Justo, tal como lo definen sus promotores "es un tipo de comercio que surge de una nueva relación, libre, directa y honesta -no fraudulenta- entre tres nuevos sujetos económicos: los productores en vías de empobrecimiento, los consumidores solidarios y los intermediarios sin ánimo de lucro. Unos nuevos sujetos que han aprendido las lecciones de la historia y quieren introducir unas nuevas relaciones de mercado más justas y distributivas que las actuales".

El actual mercado mundial no es neutral, ya que es un instrumento económico que está sirviendo para generar cada vez más diferencias entre los países pobres y los ricos. El mercado puede servir para construir o destruir y aunque es un medio generador de grandes diferencias puede llegar a ser también un medio para el reparto de la riqueza, según afirman los promotores del Comercio Justo, de la misma manera que la ciencia y la tecnología puede ser dirigida para la paz o para la guerra. Todo dependerá de la voluntad de los que controlen el mercado y de la acción de los consumidores solidarios y conscientes.

Repitiendo los argumentos de los defensores de este nuevo tipo de mercado, "el Comercio Justo implica a esos tres nuevos sujetos económicos y la misión de las organizaciones que lo promueven debe limitarse a ser facilitadora. En el movimiento de Comercio Justo hay que distinguir entre Tiendas e Importadoras, que desarrollan dos funciones imprescindibles. La tienda o el grupo de distribución se pone en contacto con el consumidor y actúa como agente de los productores y de los consumidores: es un facilitador de primer orden que emplea la sensibilización como un poderoso medio de conciencia. La tienda compra el producto a la organización de Comercio Justo importadora, lo procesa, lo transforma y lo comercializa", ayudando a que dichos productos puedan llegar al consumidor de los países más ricos y desarrollados.

Para que este comercio pueda recibir los calificativos de "justo y solidario", tiene que existir una condición también imprescindible: el sobreprecio, es decir, la compra del producto en origen con un porcentaje por encima del precio fijado por el mercado.

Desde el principio de su nacimiento, el sobreprecio acompaña al Comercio Justo, y ello no podría ser de otra manera, pues evidentemente no constituiría novedad alguna si un supuesto mediador-facilitador comprara a los productores de los países pobres determinados productos al mismo precio que impone el mercado mundial, precios miserables que están arruinando cada vez más a los pequeños productores de los países del Tercer Mundo.

En este contexto es fundamental la existencia de consumidores solidarios que estén dispuestos a pagar dicho sobreprecio y consumir los productos que nos llegan de dichos países a través de las tiendas de Comercio Justo y así contribuir de una forma consciente para poder ayudar a salir de la extrema pobreza a dichos productores. Sólo con la existencia de este sujeto, es decir, el consumidor solidario, puede funcionar con éxito este nuevo sistema de comercio más justo y distributivo.

La simpatía de FACUA por estas nuevas formas de comercio solidario no significa, por supuesto, que consideremos como injusta la actividad que desarrollan los establecimientos comerciales tradicionales, pues somos conscientes que su actividad económica ayuda a generar riqueza también para los productores pequeños y medianos, para los trabajadores y para el conjunto de la sociedad.

Pero debemos ser conscientes de que sólo con una apuesta más decidida para ayudar a los países pobres, se podrá acabar con las graves desigualdades existentes en este mundo globalizado y poner frenos a muchas de las consecuencias negativas de un sistema que no globaliza la cultura, la salud, el trabajo, la alimentación y la justicia social.

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