Por un consumo responsable

En la actualidad, está demostrado que la necesidad de organizar la economía en base a criterios de justicia y de respeto a los Derechos Humanos no solo es una cuestión moral o política que depende de otros, sino que es una cuestión que nos exige a todos y cada uno de los ciudadanos el poner algo de nuestra parte.

Los gobiernos e instituciones tienen una gran responsabilidad y debemos exigirles que cumplan con su cometido, pero a la vez no podemos olvidar que los consumidores tenemos también a nuestra disposición unos medios muy importantes para influir e intervenir en los centros de poder político y económico, no sólo porque tenemos derecho a votar, sino también porque tenemos el derecho y la obligación a vivir de forma responsable en nuestra vida cotidiana, sobre todo en relación a nuestros actos de consumo, y ello puede trastocar el orden mundial establecido.

La situación de este orden económico mundial, que se basa en el consumismo y la superproducción, puede reflejarse claramente en algunos datos publicados por www.consumoresponsable.com: "las 50 empresas transnacionales más grandes del mundo, tienen cifras de ventas mayores que el Producto Interior Bruto de los 150 países más pobres del planeta; las 225 personas más ricas acumulan más dinero que el 50 % de la población más pobre; en los último años, las diferencias existentes entre los habitantes más ricos del planeta (20% de la población mundial) y los habitantes más pobres (el 80 % de dicha población) han ido en aumento, es decir los más ricos se siguen haciendo más ricos y los pobres más pobres.

Esta situación tiene unas repercusiones muy claras en la situación mundial que nos afecta a todos, a los habitantes de los países pobres y también a los de los países ricos y que se pueden resumir en las siguientes: aumento de la pobreza y de los conflictos bélicos; concentración del poder económico y político en cada vez menos manos; masivos movimientos migratorios de gente que intenta escapar de la indigencia en que están sumidos países enteros; destrucción masiva del medioambiente para mantener el ritmo de crecimiento económico de los países más ricos a costa de lo que sea".


Ante esta gravísima situación, asumir un consumo responsable y crítico sería, por tanto, preguntarse por las condiciones sociales y ecológicas en las que han sido elaborados los productos que encontramos en el mercado.

Mantener una actitud de consumo responsable en nuestra vida diaria consistiría en elegir de manera meticulosa lo que compramos, sobre la base de criterios racionales y éticos, preguntándonos sobre el proceso de producción del producto y si ha habido explotación infantil o casi esclavitud, o si se han utilizado productos dañinos para el medio ambiente, además de valorar el grado real de necesidad que dicho producto tiene para nosotros o si, por el contrario, lo compramos influidos por modas, por la publicidad o por cierta imagen de estatus social. Asumir estos valores en nuestro consumo diario no tiene porqué provocar una disminución de nuestro bienestar y de nuestra calidad de vida, ya que evitar compras innecesarias o boicotear productos fabricados por medio de la explotación infantil o que sean dañinos para nuestro medio ambiente nos dará aún más bienestar y mayor calidad de vida y garantizará, a su vez, la vida a las generaciones venideras en un planeta habitable y más justo. Cada uno de nosotros puede contribuir, como consumidor responsable, a cambiar y mejorar las cosas.

Esta actitud de consumidor responsable implica un esfuerzo en nuestra vida personal, pero no es imposible, máxime si tenemos en cuenta lo que está en juego.

Por ello, FACUA se suma a la propuesta de www.consumoresponsable.com, que plantea

"la no-colaboración con un sistema económico que genera injusticia y destruye el medio ambiente. El sistema nos necesita como consumidores, somos el último eslabón de la cadena. El pequeño poder del consumidor puede ser muy eficaz tanto para nosotros como para los países pobres del Sur; sólo habría que comenzar a reivindicar una mayor autodeterminación en apariencia poco política y heroica, de elección de nuestros alimentos, de nuestras compras para la vivienda, de nuestros vestidos, del uso de nuestro dinero, del tipo de embalaje que aceptamos o rechazamos. Lo que falta es desarrollar una conciencia crítica y verdaderamente solidaria acompañada de comportamientos más colectivos y políticos: cuando hacemos la compra no tenemos que dudar que somos poderosos y que las empresas están en una situación de profunda dependencia de nuestros comportamientos como consumidor".

Ya somos 203.592