El poder de informar

La información es poder. Y los consumidores más informados son mucho menos vulnerables que aquéllos que permanecen ajenos a los excesos que se producen en una sociedad consumista como la nuestra, en la que se pretende reducir a los ciudadanos a la categoría de meros compradores. Desde que nacemos se intenta manipularnos en nuestras decisiones, económicas, sociales y políticas, en función de las necesidades del sistema.

Un sistema que fabrica consumidores para que compren productos y así satisfacer sus ansias desmedidas de crecer y enriquecerse, aun a costa de que ese crecimiento se produzca devastando las zonas otrora más fértiles del planeta y que ese enriquecimiento suponga la miseria, el hambre y la enfermedad de millones de personas.

Porque la sociedad de consumo es una factoría en la que no se fabrican productos que satisfagan la demanda de los consumidores. La demanda se crea, artificialmente, para que deseemos todo aquello que los medios de comunicación y la publicidad nos pongan ante nuestros ojos y oídos.

Y sólo los consumidores que acceden a una información que cuestiona el sistema y revela sus intereses pueden abrir los ojos y ver una realidad bien distinta de la que tenían, o creían tener, ante sí.

¿Por qué han reducido los precios de los medicamentos para el tratamiento del sida en el Tercer Mundo las multinacionales farmacéuticas? ¿Han puesto por fin la salud por encima del dinero o acaso intentar evitar que los gobiernos de esos países se rebelen contra las leyes de patentes y fabriquen sus propios fármacos para distribuirlos gratuitamente?

¿Qué hay detrás de situaciones de alertas alimentarias como la reciente crisis de las vacas locas? ¿Unicamente los desmanes de empresarios sin escrúpulos o la constatación de que los controles gubernamentales sobre los productos que están en el mercado son escasos y deficientes?

¿Por qué EE.UU. invadió Irak? ¿Estaba justificada esa decisión, más propia de un dictador de escala planetaria que de un gobernante democrático, que obvió el papel de las Naciones Unidas y de la opinión pública mundial? ¿De verdad su objetivo era derrocar a un dictador al que había apoyado años atrás para evitar que utilizase unas armas de destrucción masiva que nunca aparecieron durante la contienda o es que pretendía hacerse con el petroleo de un país que sin duda le servirá de puente para un mayor control económico y político de la zona?

Organizaciones como FACUA y publicaciones como Consumerismo tenemos la responsabilidad de cuestionar el sistema desde la independencia frente al poder político y económico. Asumimos el compromiso de mostrar a los consumidores esa otra verdad que no siempre se encuentra en los medios de comunicación.

La fuerza de los consumidores reside en su capacidad de organizarse, movilizarse, dotarse de instrumentos para detectar, denunciar y erradicar las situaciones abusivas del mercado. Pero para todo ello es necesario tener la capacidad de informar, generar estados de opinión, presionar a gobiernos y empresas. Y ese poder es un privilegio que nos hemos ganado a pulso.

Tenemos el poder de informar. A través de esta revista que cumple ya 100 números, de nuestro nuevo medio de comunicación en Internet, FACUA.org, y de la prensa, la radio y la televisión que confía en nuestra seriedad, objetividad y rigurosidad. Tenemos por ello el poder de dar a conocer los abusos, fraudes y mentiras de un mercado cada día más agresivo. Un mercado que en demasiadas ocasiones incumple las normas que protegen nuestros derechos o que tiene el poder de dictar a los gobiernos leyes a su medida. Leyes que permiten la venta de alimentos transgénicos cuyos efectos sobre la salud todavía no están claros o que dan carta blanca a la industria de la telefonía móvil para sembrar sus antenas por nuestras ciudades sin que la comunidad científica internacional haya determinado aún si sus radiaciones son o no peligrosas.

Somos los consumidores organizados. Un contrapoder que se guía por unos intereses muy claros: la defensa de nuestros derechos. Por eso ningún grupo de poder puede condicionar nuestros posicionamientos, reivindicaciones y denuncias. Pero nuestra fuerza sólo puede seguir creciendo si decenas de miles de consumidores continúan uniéndose a nuestro proyecto consumerista.

Ya somos 203.787