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Envuelto para regalo: el coste ambiental de la Navidad

Esta celebración se ha convertido en sinónimo de derroche energético, consumo desproporcionado y malgasto de envases y papel.

Por Ricardo Gamaza

En Navidad casi todo está permitido en lo que al gasto sin pudor se refiere. El consumo se dispara y se pagan más caros productos que no se consumen habitualmente durante el resto del año. La fiebre anual del consumo tiene también su puesta en escena. Con la excusa de alegrar calles y comercios, los Ayuntamientos se lanzan a colocar luces navideñas en los lugares más transitados, donde además se concentra un mayor número de comercios.

Navidad es sinónimo de una implantación masiva de luminaria de forma superflua donde el servicio de estas bombillas está sobredimensionado y para lo único que sirve es para consumir energía. La borrachera lumínica ha llevado incluso al pique entre dos ciudades para ver quien ilumina más su ciudad, en una carrera absurda de malgasto del erario público. Así, Madrid se va a fundir más de tres millones de euros en alumbrar y decorar sus calles para la navidad, un 27% más que el gasto del año pasado. En competencia con la capital de España, Vigo, donde su alcalde, Abel Caballero, hace chascarrillos con la contaminación lumínica que produce la ciudad gallega en época navideña, se gasta casi un millón de euros en iluminación navideña.

Pero esos no son los costes reales de esta majadería del consumo, hay que sumar algo mucho más importante: el coste energético, el gasto superfluo de un recurso crucial y sobre el que gira todo nuestro sistema de producción. Arcos de luces y edificios cuyas fachadas se adornan con bombillas alimentadas de una energía que se ha producido en centrales térmicas, nucleares e hidroeléctricas en su mayoría, a costa de sacrificar parte de la naturaleza.

El problema del consumo energético es que ocasiona tremendos impactos ambientales. Lo que nosotros planteamos es la reducción al máximo. Después, la necesidad de que se utilicen los medios y las tecnologías más eficientes posibles.

Pero el consumo indiscriminado de energía no es el único coste ambiental de la navidad. También con la excusa de adornar se recurre a vistosas especies vegetales que tienen como emblema el abeto, el árbol de la Navidad. Son árboles de usar y tirar. Cuando pasan las fiestas van directamente al contenedor de basura o al vertedero. No se están reutilizando o usando en beneficio de disminuciones de CO2 y de disminución del cambio climático que producirían estos árboles en su estado natural, sembrados en tierra.

En Andalucía, una de las grandes productoras de árboles de España, se consumen más de dos millones de plantas y árboles en Navidad. Incluso hay empresas dedicadas en exclusiva a cubrir la demanda que se origina en estas fiestas. Cultivadores que se dedican, igual que se cultivan tomates y hortalizas, a cultivar abetos que luego arrancan, con o sin cepellón (siempre es más caro con cepellón). Hay viveros que están especializados en árboles navideños. El problema ambiental es mas grave cuando se venden directamente talados, como si se tratase de una flor, como un adorno.

Además de los árboles, la Navidad lleva asociada el consumo de otras especies vegetales. Un consumo desaforado que ha llevado a poner en peligro algunas plantas cruciales para asentar el terreno y para evitar la desertificación. Es el caso de los enebrales, utilizados una vez florecidos, cuando los arrancan de su medio natural para llevarlos a casa.

La Navidad es también la festividad del regalo y por extensión del envoltorio desmesurado. La basura navideña es distinta a la del resto del año: un 80% son envases y papel. Basamos nuestra felicidad en relación con nuestra tarjeta de crédito. Compramos masivamente y con un decorado que nos crea falsas necesidades que se cubre con objetos sobreempaquetados, con lo que se origina una ingente cantidad de residuos muy por encima de cualquier otra fecha. Formas de consumo que nos venden no sólo el contenido, sino el continente a la vez, y todos los productos tienen un costo energético, un precio ambiental.

Entonces, ¿qué podemos hacer para que la Navidad no tenga como víctima a la naturaleza? Renunciar a los envoltorios que no tienen ninguna utilidad, o sustituirlos por telas (mejor no sintéticas) que puedan reutilizarse después.

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Ricardo Gamaza es periodista y divulgador agroambiental.

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