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Cumbre del Clima en Madrid: el planeta se agota

Madrid recibirá otra cumbre internacional en la que constatar que el planeta está al límite de sus posibilidades mientras los Gobiernos siguen sin entender que el tiempo ya se ha agotado para el sistema actual.

Por Ángeles Castellano

A mediados de noviembre, el grupo de música pop británico Coldplay presentaba su último trabajo discográfico, Everyday Life. Junto a su lanzamiento mundial, la banda hacía público un comunicado en el que, por primera vez, una estrella (o si se prefiere, un grupo de estrellas) del mundo del espectáculo planteaba una preocupación práctica por la situación de emergencia que vive el planeta: decidían no salir de gira de conciertos hasta determinar cómo hacerla sin provocar un impacto negativo en la naturaleza. "Lo más difícil de lograr es el transporte con los vuelos. (…) Nos decepcionaría si no fuera libre de emisiones", dice el comunicado. "Nuestro sueño es tener un espectáculo en el que no se utilicen plásticos de un solo uso", añade.

La decisión de un grupo tan mediático va en sintonía con un movimiento cada vez mayor de jóvenes, fundamentalmente en los países del norte de Europa, abiertamente en contra de utilizar el avión para hacer trayectos cortos que podrían perfectamente salvarse por carretera o ferrocarril. La punta de lanza, sin duda, es la joven activista medioambiental Greta Thunberg, que para poder participar en una cumbre en Nueva York se desplazó en velero y ahora pretende hacer lo mismo para regresar a Europa y estar a tiempo para acudir al nuevo encuentro internacional que tendrá lugar en Madrid a principios de diciembre.

¿Exageran?

Los datos del agotamiento del planeta no son recientes. Ya en 1980 la producción industrial superó, por primera vez en la historia, la capacidad de carga del planeta: esto es, se comenzaron a consumir recursos por encima de la posibilidad de renovación de los mismos. Y de acuerdo al informe que en 1972 encargó el Club de Roma sobre los límites del crecimiento (cuyos niveles de predictibilidad han resultado hasta hoy bastante exactos), hacia 2030 la economía mundial tocará techo y no podrá seguir creciendo por las dificultades de acceso a los recursos. Esto es, el capitalismo en 2030 no servirá para alimentar a la población, porque no habrá materias primas para abastecer el sistema.

El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático ya alertó hace dos décadas de que algunos puntos de inflexión provocarían una situación en el planeta que haría imposible la vida tal como la conocemos hoy; a saber, la pérdida de: la capa de hielo de la Antártida occidental, algunas zonas de la oriental y Groenlandia, los bosques boreales, la capa de suelo permanentemente congelado en regiones frías, el sistema de corrientes del Atlántico, la selva amazónica y los corales de aguas cálidas. Entonces se pensó que esta pérdida se daría si la temperatura global superaba los cinco grados respecto de los niveles preindustriales. Sin embargo, los científicos han ajustado aquella previsión: un incremento de entre 1 y 2 grados podrían provocar una situación de no retorno. Y esta situación se está dando ya.

Gráfico: WWF.es (CC BY-NC 4.0).
Gráfico: WWF.es (CC BY-NC 4.0).

 

Qué es la Cumbre del Clima y qué se puede esperar de ella en Madrid

Desde que se definió el cambio climático y los científicos comenzaron a alertar sobre la destrucción del planeta, son muchos los acuerdos internacionales que se han adoptado que han sido sistemáticamente incumplidos. Uno de los principales elementos que provocan el aumento de la temperatura global son, precisamente, las emisiones de dióxido de carbono -CO2- (fundamentalmente provocadas por la industria y el transporte) y este ha sido el objetivo de los acuerdos salidos de dichos encuentros internacionales. Nadie recuerda ya los planes salidos de las lejanas Cumbre de Río de 1992 o la de Kioto en 1997. Pero sí está más reciente el Acuerdo de París de 2015, salido de la Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que se celebran una vez al año desde aquel lejano 1992 y que en 2015 tuvo lugar en la capital francesa.

En París, los Estados participantes acordaron tomar las medidas necesarias para mantener el calentamiento global por debajo de 2 grados. La diferencia con acuerdos anteriores es que, desde noviembre de 2016, el acuerdo es legalmente vinculante, por haber sido ratificado por un número suficiente de países. Sin embargo, en los últimos dos años las emisiones de CO2 han registrado el mayor aumento de la historia (de en torno a 1,5 grados), e incluso aunque los Estados cumplieran sus promesas (algo que a todas luces no están haciendo) sólo se lograría mantener el aumento de la temperatura en tres grados.

En esta situación, cerca de 25.000 representantes de 200 países -incluidos jefes de Estado y Gobierno, organizaciones ambientales, empresarios y científicos- se vuelven a sentar en la mesa de negociación en Madrid. Entre el 2 y el 13 de diciembre tiene lugar una nueva cumbre, en esta ocasión bajo el lema Time to Action, con el objetivo de llegar a acuerdos más ambiciosos que los actuales. Sin embargo, para lograr un impacto real, las principales economías del planeta debe comprometerse a prescindir de los combustibles fósiles antes de 2040, teniendo en cuenta los últimos ajustes de temperatura de acuerdo a lo indicado por la comunidad científica internacional. La recomendación de la ONU es que los países multipliquen por cinco los recortes de emisiones de gases de efecto invernadero para que el incremento de la temperatura del planeta quede por debajo de 1,5 grados respecto a los niveles preindustriales. Para que el incremento se quede en el objetivo del Acuerdo de París, esto es, dos grados, los recortes deben multiplicarse por tres.

Además, el departamento de Medio Ambiente de la ONU advierte de que sólo las naciones del G20 acumulan el 78% de todas las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Pero sólo cinco miembros de este grupo de naciones se han comprometido a fijarse un objetivo a largo plazo de cero emisiones. España, uno de los países europeos más castigados en el largo plazo por el cambio climático, se ha comprometido a hacerlo para 2050.

Qué se está haciendo para lograr cero emisiones

El compromiso de España es dejar de emitir gases de efecto invernadero (fundamentalmente CO2, pero no sólo este) en 2050. Estando a las puertas de 2020, ¿realmente se están tomando medidas en esta dirección?

Según los datos de la Agencia Estatal de Meteorología presentados el pasado mes de marzo, España ya tiene veranos cinco semanas más largos que en los años 80. De hecho, España ha sido catalogado como el país de la UE más vulnerable al cambio climático. Sequías prolongadas, aumento de la desertización y fenómenos ambientales hasta ahora lejanos como los tornados, o tormentas prolongadas que dan lugar a inundaciones, además del aumento del nivel del mar y su temperatura, que modificará la pesca, entre otras cuestiones, son efectos que comienzan a vislumbrarse ya y serán más habituales en un futuro no muy lejano. Y sin embargo, y a pesar de que también en este país es creciente el movimiento fundamentalmente juvenil de Fridays for future (Juventud por el clima) y cada vez son mayores las movilizaciones ciudadanas que piden una solución para la situación de emergencia climática que se vive en el país, el asunto sigue sin estar en el centro del debate político y, al menos en apariencia, son sólo los partidos más a la izquierda quienes llevan en sus programas propuestas reales para paliar la situación.

uropa Press.
uropa Press.

 

El caso paradigmático ha sido Madrid Central, un plan aprobado por el anterior equipo de gobierno municipal de la capital del Estado que pretendía sacar los coches privados (y por lo tanto, las emisiones de CO2) del centro de la ciudad, en sintonía con las medidas que se están tomando en las principales capitales europeas. Con el cambio de gobierno, ahora de derechas, se ha eliminado la medida. Como si respirar un aire menos contaminado fuese una cuestión ideológica.

Algunos estudiosos que están planteando propuestas son radicales: para revertir la situación es necesario cambiar el sistema de producción, así como una profunda revolución cultural. "Lo que es ecológicamente necesario es políticamente imposible ahora. Las transiciones que tendríamos que conseguir en los diferentes niveles de crisis ecológica actuales son políticamente muy complejas porque necesitarían una bajada del nivel de vida de los países occidentales, sobre todo de los relativamente grandes", reconocía recientemente a Consumerismo Héctor Tejero, coautor de ¿Qué hacer en caso de incendio? Manifiesto por el Green New Deal (Capitán Swing, 2019). "Va a ser complicado. Ahora puede volar todo el mundo en Europa porque hay una decisión política de no gravar el combustible de los aviones que lo hace más barato, pero claro, esto tiene un coste para el planeta, para nosotros dentro de unos años y para las generaciones que vienen. Es un asunto multifactorial: quien quiera volar tiene que pagar el coste, no se puede externalizar".

Tejero, junto con Emilio Santiago, propone en este libro medidas concretas para iniciar la transición ya, como el incentivo a dejar de usar el vehículo privado o los vuelos, además de otro tipo de cuestiones que implican reducir la jornada laboral aparejada a un descenso del consumo. "Después de estabilizarse en ocho horas la jornada laboral" apunta Tejero, "hubo una especie de cambio social, de tal manera que en lugar de seguir bajando el número de horas dedicadas al empleo, hubo que empezar a consumir más, para aumentar la productividad. Esto hay que volverlo hacia atrás. Trabajar y consumir menos. Y sobre esto hay mucho debate, sobre cuál es la forma ecológicamente óptima de trabajar menos, para que el sistema sea sostenible".

"Hay toda una serie de trampas contables que como sociedad no nos podemos permitir", explicaba Santiago a esta misma revista. "Yo creo que el surgimiento de estas cosas, como el movimiento de la vergüenza de volar [en Suecia, que ha provocado ya un descenso del 5% en los vuelos internos del país], son primeros pasos de que algo que parecía tan arraigado en el modelo de felicidad, como el viaje que lo compensaba todo, pues empieza a ser también motivo de crítica".

De momento, ninguno de los partidos políticos con capacidad de gobierno en España ha anunciado medidas o lleva propuestas en este sentido. Sin embargo, a nivel local, ciudades como Barcelona o Sevilla han declarado en sus municipios la emergencia climática, y están trabajando en proponer acciones que, dentro de sus competencias, puedan combatir sus consecuencias.

Y mientras tanto, el pasado 28 de noviembre, el Parlamento Europeo también declaraba la emergencia climática en la UE, con el voto del Partido Popular Europeo dividido (los populares españoles, junto con los alemanes, votaron a favor de la declaración) y la oposición de la extrema derecha. La declaración aprobada pide a la Comisión y Estados miembro que tomen con urgencia medidas para contener esta amenaza antes de que sea demasiado tarde.

La Comisión que comienza su mandato el 1 de diciembre cuenta con un gran programa verde, que pretende poner en marcha en sus primeros cien días de mandato y que cuenta con un fondo de 35.000 millones de euros, según ha publicado El País, para tomar las medidas necesarias en esta dirección. Entre otras, la reconversión del carbón, uno de los minerales más contaminantes y el que más gases de invernadero produce al generar electricidad.

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Ángeles Castellano es periodista y miembro del equipo de redacción de Consumerismo.

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