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Caseros, sedentarios y digitales

Un 75% de los jóvenes prefiere quedarse en casa chateando a salir. Las nuevas tecnologías han modificado la forma de vivir, pero ¿será todo a mejor?

Por Lydia López

¡A las diez en casa! ¿Quién no ha recibido alguna vez esta frase al salir de con los amigos? La eterna lucha de los padres: saber dónde estaban sus hijos y con quién. Porque antes, hace muchos años, cuando salían por la puerta para estar con los amigos, la única norma era "en casa a tal hora". Igual que para quedar era "en tal sitio, a tal hora" y al final todos se encontraban.

Después, la sociedad evolucionó con las nuevas tecnologías y los jóvenes salían con su teléfono móvil, lo que hacía todo más fácil para localizarlos y hablar con ellos si era necesario. Y con los amigos, si no se encontraban, se mensajeaban y listo.

Pero todo siguió avanzando y la tecnología fue ganando terreno: internet en el móvil, nuevas aplicaciones para hacer videollamadas, redes sociales… hasta que a día de hoy el 74,6% de los jóvenes prefiere chatear o navegar por internet antes que salir de fiesta, algo que sólo elige como primera opción el 22,7% de los encuestados en el informe Jóvenes, ocio y TIC. Una mirada a la estructura vital de la juventud desde los referentes del tiempo libre y las tecnologías, realizado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD). Y se podría pensar: "mejor, menos botellón". O también "claro, si la economía está fatal, normal que se queden en casa". Pero hay que ir más allá. Por supuesto que este consumo intensivo de tecnología daña menos el hígado y el bolsillo de nuestra juventud, pero ¿es del todo aconsejable? Ningún extremo es bueno.

Frente a las opiniones que pudieran pensar que no tiene nada de malo, está la Organización Mundial de la Salud (OMS) que advierte en un estudio encabezado por la investigadora Regina Guthold de que el 80% de los adolescentes de entre 11 y 17 años de todo el mundo no realizan actividad diaria mínima para estar saludables. Y con actividad mínima quieren decir que ni caminan para ir al colegio o que ni juegan a la pelota con los amigos en el parque. Nada de nada. Claro, si están en casa hablando por la aplicación de mensajería con los amigos, ni ellos ni sus amigos están moviendo el trasero del sofá seguramente.

Guthold señala en una entrevista a El País que "estos hábitos van a hacer que los niños tengan peor salud respiratoria, cardiovascular, peor calidad en los huesos y menos probabilidades de mantenerse en un peso recomendable". El futuro parece que no se plantea muy bueno.

Es cierto que lo digital ha revolucionado a la gente, ha transformado los patrones de movimiento de las personas, así como la forma en que se trabaja, aprende y viaja. Así lo señala el experto en vida saludable y obesidad del Instituto de investigación del hospital de Otawa (Canadá) Mark S. Tremblay, en una entrevista en The Lancet. "Las personas duermen menos, pasan más tiempo en una silla, conducen más y hacen menos ejercicio", añade.

Pero no toda la culpa es de los ordenadores, consolas o móviles. La sociedad actual es la que incita a ello. La falta de conciliación laboral y familiar, las largas jornadas de trabajo de los padres y en resumen, el ritmo frenético de la vida, hacen que desde pequeños "se tengan que entretener" con un aparatito digital de por medio. Porque si los padres no tienen tiempo para salir al parque a jugar con ellos, los dejan distraídos con la serie o el videojuego de turno. Y claro, el que hace el hábito, difícil es que lo cambie.

"Y a esto se suma que comemos peor. Si queremos cambiar la tendencia tenemos que darnos cuenta de que el problema va mucho más allá de cambiar la merienda", indica Nerea Martín-Calvo, pediatra y profesora de medicina preventiva y salud pública en la Universidad de Navarra. Hay que moverse y relacionarse más.

Entonces, la lucha por saber dónde están los hijos se acabó porque no salen de casa. ¿Pero en serio que se terminaron las preocupaciones? ¿O sólo se han transformado? Las nuevas tecnologías nos enfrentan a nuevos riesgos: entre ellos, saber con quién hablan, qué comparten, qué ven o hacen o incluso, qué dejan de hacer. Porque serán unos fenómenos navegando y chateando en internet, pero cuando se trata de moverse y establecer relaciones sociales normales, ¿qué pasa? Tendremos que ver en un futuro si esta tendencia en los jóvenes a priorizar la vida online sobre la offline les ocasiona, además de problemas en la salud debido al sedentarismo, incapacidad para saber hablar de tú a tú con una persona real. De momento, quizás, habrá que enviarles un WhatsApp.

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Lydia López es periodista y miembro del equipo de redacción de Consumerismo.

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