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Javier Gallego: "La sociedad tiene una responsabilidad; tenemos los medios que consumimos"

El creador y director del programa de radio 'Carne Cruda' explica su visión de los medios de comunicación, la influencia del 15M en la sociedad actual y la trayectoria del programa.

Por Ángeles Castellano

El año en que Carne Cruda fue expulsada de la radio pública (Radio 3) por presiones políticas, el programa, creado y dirigido desde su nacimiento por Javier Gallego (Madrid, 1975), ganó el prestigioso Premio Ondas. Lejos de desaparecer, la censura fue el impulso que, tras una breve temporada en la radio comercial (Cadena SER), llevó a este periodista a crear un sistema propio, autogestionado, que ha permitido su supervivencia como programa de referencia de contracultura y contrainformación. Antes de eso, había co-dirigido el espacio de ficción en Radio 3 Especia Melange. También fue subdirector, co-presentador o guionista de otros programas de radio, además de trabajar en la televisión, primero junto a Pepa Bueno en Esta mañana (TVE) y después, guionista en Caiga quien caiga (La Sexta).

Gallego, como no podía ser de otra manera, tiene facilidad de palabra, y en la entrevista, disfruta explicando su visión de los medios de comunicación y de la actualidad del país, que reconoce plural y diversa. Los varios intentos fallidos de realización de la entrevista son prueba de su dedicación profesional al frente de un equipo de radio que es mucho más que eso, gracias a la diversificación de actividades que desarrollan bajo la marca Carne Cruda, y que compagina con su creación poética y literaria, que ya le ha permitido publicar varios libros y que le lleva también a presentar en público en diferentes ocasiones.

Carne cruda comenzó en 2009 como un programa de radio cultural o casi contracultural en una emisora de radio pública dedicada íntegramente a la música, Radio 3. ¿Qué queda hoy de aquella Carne Cruda, diez años después, o qué tiene de distinto hoy el programa?

Era un programa ya de origen contracultural, pero también contestatario y la agitación social, los movimientos sociales y el activismo también formaban parte del contenido original del programa. Pero es cierto que ha ido evolucionando con los acontecimientos políticos del país, es decir, se ha ido acercando más a los movimientos de la calle y a los cambios políticos y sociales que tenían lugar conforme estos se iban sucediendo. Es cierto que al nacer en una emisora cultural y musical el contenido principal era ese en sus inicios, pero en cuanto empezaron a suceder los acontecimientos que coincidieron con el inicio del programa, la crisis y la contestación pública y ciudadana que hubo a la misma, pues el foco lo pusimos también ahí. Lo que no quiere decir que no estuviera ya en los planteamientos y principios del programa. Es cierto que, claro, como el programa tomó mucho partido en todos esos movimientos, el 15M, las mareas y todo lo que ha venido después, al final ha terminado muy señalado o muy caracterizado por esa visión política, por esa perspectiva política de actualidad, pero en ningún momento hemos perdido el resto de contenidos que caracterizaban al programa en su fundación. Hemos seguido haciendo cultural, contracultura, cine, música, humor, espectáculos, arte, literatura, y siguen formando parte de los contenidos. De hecho, intentamos que estén compensados en el tiempo y en el espacio. A mí me parece que es un programa que no ha abandonado sus postulados iniciales y de hecho creo que la fidelidad que tiene a nivel de público es precisamente por esa lealtad que hemos mantenido hacia lo que fueron nuestros principios fundacionales.

¿Cómo surgió la posibilidad de hacerlo?

Yo ya había trabajado en Radio 3. A principios de siglo, que suena como algo muy antiguo, hice un programa de ficción y de experimentación sonora que se llamaba Espectro Melange con una compañera que se llama Celia Montalbán y la realización de Maika Aguilera, que sigue haciendo cosas de ficción radiofónica en Radio Nacional y yo venía de esa formación, de una radio más experimental y literaria. Con ese planteamiento de buscar nuevos lenguajes y de apostar por nuevos contenidos y formatos, yo tenía ganas hacía tiempo de hacer un programa de contracultura y contrainformación en Radio 3, recuperando el espíritu original de la emisora, porque Radio 3 es una radio musical sobre todo a partir los años 90, pero en sus orígenes en los años 80 tenía muchísimos espacios de contenido y crítica política y social. De hecho, una crítica muy ácida, con programas como Tiempos modernos o Caravana de hormigas o los propios informativos que tenía Radio 3, que era una radio juvenil de espíritu rebelde. Tanto es así, que al PSOE que gobernaba en aquellos años no le gustaron las críticas y fue fulminando uno tras otro todos los programas que le resultaron incómodos. Entonces, yo que había bebido y estudiado también ese espíritu tenía intención de que se recuperase para Radio 3 y quería hacer un programa que fuese en esa línea, y eso fue lo que le ofrecí a la directora de entonces Lara López, que también estaba buscando en ese momento un contenido así, quería un programa, y así me lo dijo, de agitación. Cuando Carne Cruda empieza en Radio 3 para muchos oyentes fue incómodo, o digamos les parecía un espacio que no correspondía a la emisora, porque es cierto que cuando el PSOE acaba esa Radio 3 de los 80 funda Radio 3 Pop, que así se definió, con ese apellido, durante los años 90, con la intención de poner sólo música y acabar con el carácter político y social que tenía. Y bueno, ya perdió el apellido Pop pero se quedó con la marca de radio musical, que es lo que ha terminado siendo, pero ha habido diferentes fases en las que ha habido programas culturales y con otro tipo de contenido.

Imagen: carnecruda.es
Imagen: carnecruda.es

 

Hoy es un programa mucho más social, pero sigue conservando ese enlace con la cultura y la música. ¿Cómo elegís los contenidos?

Hombre, la actualidad marca mucho los contenidos de Carne Cruda, porque además creo que para una cierta comunidad de oyentes se ha convertido en referente radiofónico, y por eso de hecho lo sostienen ellos y que así se mantenga. Pero también les gusta mucho que sea un programa que les sugiera, o les prescriba planes y ofertas culturales y que le hable de películas, de literatura, que les descubra música, en fin, que siga siendo también un escaparate de formas de lo que yo llamo subvertir el orden comercial. Al final, creo que todo tiene un hilo conductor, no creo que el ámbito político del programa sea muy distinto del ámbito cultural, lo que intentamos es hablar de propuestas independientes, alternativas, distintas, que rompan el discurso hegemónico, tanto en lo político y en lo social como en lo cultural y económico. Y respecto al equilibrio entre lo cultural y lo político pues tratamos de darle más o menos el mismo número de tiempo y de espacio a los distintos contenidos. Por eso cuando cumplimos diez años recuperamos ese lema de Contracultura y Contrainformación, que tiene que ver más con romper los discursos monolíticos y mayoritarios de los medios generalistas, que dan una información en mi opinión siempre en la misma dirección, aunque haya un abanico de ideologías, pero siempre hay una parte ideológica muy grande que está mínimamente reflejada. En la parte cultural también, muchas propuestas por supuesto aparecen en los medios generalistas, pero muchas otras no están ahí y las encuentras en programas como el nuestro que ponen el ojo más en los extremos, en la periferia, en lo que está más escondido, en las grietas… Tratamos de mirar, como yo decía en el proyecto que presenté a Radio 3, las contraportadas, la cara B de la realidad, la serie Z de la cultura…

Carne Cruda es un programa libérrimo, y muchos de los asuntos que trata no existen o no se tratan en profundidad en la radio comercial, y sin embargo, suelen ser los temas que más importan a la gente, que más le afectan en su día a día…

Esa sensación tengo yo, quiero decir que cuando digo que nos acercamos a la calle es porque yo creo que ponemos el oído muchas veces en problemas y en inquietudes que yo y el equipo que trabajamos en el programa percibimos que están ahí, que los tenemos en nuestros círculos, que vemos que al final remueven y conmueven a la gente que nos rodea, que vemos en las redes sociales, que olfateamos que están en la calle, porque nosotros al final pues somos también ciudadanos, y vemos que muchas veces el discurso mayoritario de los medios generalistas suele ser bastante unívoco y homogéneo y parece que van en una agenda de la que es muy difícil salirse. Yo creo que nosotros también gracias a la independencia que hemos conseguido y gracias también a la vocación que tenemos de buscar por los márgenes, hemos encontrado que en realidad en nuestros márgenes se encuentra una gran cantidad de gente que está reclamando otras realidades. Es que al final lo que yo creo que lo que proponemos es una visión de que hay otras realidades, a parte de la que nos suelen dar de una manera además como digo muy homogénea en la mayoría de los medios. Que no quiere decir que en los medios de comunicación masivos tampoco aparezcan las grietas, los vestigios y otras propuestas menos acomodadas, pero creo que no es donde ponen el ojo habitualmente. De hecho, cuando ocurre cualquier cuestión política y social que genera debate mi opinión es que se repite mucho el punto de vista y el cristal con el que se mira en la mayoría de los medios. Yo creo que en ese sentido programas como el nuestro y otros medios también que han surgido a raíz de la crisis creo que refrescamos el panorama, en el sentido de que tenemos una visión diferente, que también creo que refleja el punto de vista de otra mucha audiencia que no se sentía representada.

O sea, que el programa busca asuntos no muy tratados en los grandes medios pero de interés para la ciudadanía, y al mismo tiempo, también buscáis darle a los temas un enfoque diferente…

Yo creo que las dos cosas, porque una cosa muy interesante del 15M y los movimientos sociales es que cambió la agenda. La gente salió a la calle y dijo "no estáis hablando de lo que nos interesa, no estáis hablando de lo que nos preocupa, estáis hablando de lo vuestro y no estáis hablando de lo nuestro, no nos sentimos representados, ni por los partidos políticos ni por los medios de comunicación". De hecho, fue, creo, un lema, un mantra, muy repetido en las calles. Efectivamente, había muchos temas que no se estaban tocando, la agenda de la ciudadanía era diferente, creo que nosotros respondemos a esa agenda, y luego el prisma, porque claro, el fondo y la forma evidentemente van unidos, la manera de mirar también es diferente. Yo creo que muchos medios de comunicación, por el modelo económico que representan, por quiénes son los propietarios, tienen una visión de arriba abajo, y de hecho, a veces, de arriba a más arriba, parece que en muchas ocasiones los contenidos de los medios de comunicación se hacen no para la ciudadanía sino para quienes los pagan, es decir, los anunciantes, y quienes los controlan, que son tanto los propietarios como los poderes políticos y nosotros creo que estamos más en una visión horizontal de la comunicación donde el periodismo se coloca a pie de calle, a la misma altura de los ciudadanos, y les sirve, de hecho, como cuerda de transmisión, para ser altavoz de sus opiniones y al final para hacer lo que viene siendo la definición del periodismo: un servicio público de vigilancia de los representantes. Cuando uno va a las urnas o uno sale a la calle a protestar lo que uno le está diciendo a los representantes es te he cedido un poder pero te estoy vigilando y los medios de comunicación deberían ser precisamente los vigilantes del poder, en manos del público que los sostiene.

Uno de los méritos del programa, o mejor dicho, del equipo del programa, es haber sobrevivido al cese en Radio 3 (la radio pública) y a la radio comercial (también estuvo en la SER). ¿Cómo se consigue algo así? Visto el éxito actual del programa, ¿no se dieron ambos un tiro en el pie?

Bueno, ellos se han dado un tiro en el pie y a nosotros la verdad es que nos han dado muchas razones para exigir. Yo creo que nosotros somos una demostración de que lo que predicamos, funciona. Al final somos un modelo al margen de los modelos establecidos que no sólo sobrevive sino que vive muy bien. Nosotros somos un equipo de siete personas, que alquilamos un estudio y una redacción y tenemos a nuestra disposición una técnica, más de una decena de colaboradores con unas condiciones de trabajo muy dignas, con contratos de trabajo indefinidos, sueldos dignos… Es decir, que no es un modelo de supervivencia, es un modelo de trabajo digno que toma las decisiones de manera asamblearia y horizontal, donde todos conocen y toman parte de las decisiones que tomamos, aunque evidentemente hay una dirección, pero todas las decisiones se toman por consenso y por discusión interna y además todo el mundo sabe lo que cobra todo el mundo, que es lo mismo, y hay un conocimiento y transparencia de cómo funcionamos. Y resulta que funcionamos. Y creo que no somos el único ejemplo. Nosotros siempre hemos apostado por esos proyectos autónomos, sostenibles y autosuficientes, que hay muchos, quizás recogemos el espíritu qiuncemayista que viene del anarquismo y bueno, se pueden formar grupos, cooperativas, asambleas, modelos de trabajo que son eficientes y que son sostenibles al margen de lo establecido. Evidentemente nosotros formamos parte del sistema, estamos en un sistema capitalista, formamos parte de esta sociedad y de hecho intentamos llegar a la máxima audiencia y la mayor influencia posible. No queremos estar abocados a la marginalidad, al contrario, tenemos espíritu de mayorías, pero sobre todo hemos demostrado otras maneras de hacer radio y periodismo que son sostenibles y que son eficaces y que son eficientes.

Imagen: carnecruda.es
Imagen: carnecruda.es

 

¿Crees que el programa podría volver a la radio comercial?

Yo cuando me preguntan esto es que no le veo la necesidad ahora mismo. También pienso que es una posibilidad muy improbable, porque no creo que se atrevan. De hecho, cuando han tenido esa posibilidad de tenernos dentro, tanto de los medios públicos como privados, al final han terminado expulsándonos por la incomodidad que generábamos, porque hay cierta independencia económica y periodística que termina resultando incómoda a alguien que manda. Y ya sé que esto suena un poco al discurso de toda la vida del poder y estos oscuros conciliábulos, pero es que yo lo he vivido esto y creo que los periodistas lo viven a menudo, hay presiones constantes que vienen de quien tiene dinero y de quien maneja los medios de comunicación a los que hay ciertas realidades que les resulta incómoda y no les interesa tenerlas. Esa verdad que nosotros económicamente somos viables, según los criterios de empresa capitalista tendríamos que ser un modelo a contratar porque, fíjate, por nuestra cuenta hemos salido adelante y hemos seguido creciendo de manera sostenible. Es decir, nosotros tendríamos que ser un producto a comprar, el problema es que ese producto conlleva una serie de incomodidades que no sé si están dispuestos a aceptar. Yo no me planteo algo así ahora mismo porque no lo necesito y porque además, antes decías que se han dado un tiro en el pie y yo digo que además a nosotros nos han dado un arma, como diría Zelaya cargada de futuro, en el sentido de que nunca nos hemos sentido tan libres como con la independencia que nos sentimos ahora con nuestros oyentes, que además pueden discutir con nosotros, pueden debatir sobre la línea del programa pero ven que la honestidad y la fidelidad a los principios de los que partimos se mantienen, con lo cual su confianza también se mantiene. Y sinceramente, no creo que ninguna gran empresa nos pueda ofrecer esa libertad de información, de expresión y esa independencia para hacer nuestro trabajo. Es muy difícil garantizar esto. A parte de que yo ahora tengo con diferencia el mayor equipo con el que he trabajado nunca. Yo he trabajado con equipos muy pequeños tanto en Radio Nacional como en la Cadena SER. Carne Cruda era un programa muy barato que se hacía con mucho esfuerzo pero con mucha limitación de medios y ahora tenemos montada una pequeña plataforma que cubre todos los espacios de un podcast, es decir, tenemos la emisión, tenemos las redes sociales, tenemos la comunicación, la publicidad, la gestión de eventos, porque al final hemos creado un modelo económico que tiene varias patas y que requiere de un equipo grande para gestionarlo, pero ese equipo grande es sostenible de que tenemos ingresos, por un lado de los oyentes, que son fundamentales, pero también de los espectáculos que hacemos, de los programas dentro de teatros, de las giras, festivales de cine, festivales culturales que nos invitan, la mercadotecnia del programa que también tiene sus bolsas, sus tazas, sus camisetas… Es más libertad y más capacidad. Lo único que tenemos es un altavoz más pequeño, un escaparate más reducido en una calle menos transitada, pero también hemos descubierto que nuestros oyentes son nuestros altavoces y en nuestros repetidores, ellos son nuestra emisora ahora, y a lo mejor no llegamos tan lejos pero creo que sí llegamos más profundo, porque tenemos una audiencia que es más activa, muy comprometida y que participa del propio programa, financiándolo, recomendándolo y difundiéndolo.

En una entrevista te he leído que comentas "no estoy a favor de las trincheras… pero tampoco creo en la neutralidad informativa". ¿Cómo se consigue el equilibrio, no le sobra al periodismo actual precisamente el posicionamiento ideológico? ¿No crees que demasiada opinión se hace pasar por información?

Es difícil (risas). Sí, tienes toda la razón. De hecho yo creo que muchas veces los medios se están convirtiendo en trincheras no diría yo tanto como ideológicas sino partidistas. Parece que los medios y algunos de los periodistas que trabajan en ellos están trabajando para partidos concretos y se ha establecido un tiroteo entre esas dos Españas de los partidos clásicos del que no participo. Evidentemente, el programa tiene una visión clarísimamente de izquierdas, pero hemos intentado despegarnos de cualquier filiación de partido, aunque evidentemente algunos piensan que somos de una manera y otros piensan que somos de otra. Cuando yo digo que no estamos en trincheras me refiero a estar en esas trincheras de partido y sobre todo de militar con ese juego de poder que se establece ahí arriba que creo que defiende al final un status quo, en el que al final lo que cambian son las marcas, no cambia el poder sino que el poder cambia de manos, como dice una canción de León Benavente. Y nosotros creo que intentamos jugar como contrapoder, es decir, intentar que el poder vuelva hacia abajo, que se reparta entre más manos que es lo que viene a decir la Constitución en defensa de la soberanía popular. La única trinchera que defendemos es la de una ciudadanía plural donde se pueda debatir entre diferentes ideologías, aunque yo como digo tengo la mía, pero la mía lo que pretende defender es la libertad de expresión, la igualdad entre las personas, la justicia social y eso quiere decir que todo tipo de ciudadanos con diferentes pensamientos puedan debatir y convivir en un marco de democracia y libertad cuanto más amplio mejor. Esta es la única trinchera que no lo es, es decir, se trata de eliminar las trincheras que nos limitan y nos acortan para intentar construir un país en el que podamos convivir personas que pensamos muy diferente. Yo soy claramente una persona de izquierdas y defiendo que evidentemente tiene que haber personas de derechas, pero quiero que esas personas de derechas no me limiten mis libertades, quiero que sus libertades sean tan amplias como las mías.

¿Crees que tenemos los medios de comunicación que nos merecemos? Es decir, toda la espectacularización de la información actual, fundamentalmente de la política y los sucesos, dejando fuera los verdaderos temas de preocupación de la ciudadanía… ¿Qué responsabilidad crees que tienen los espectadores en esto?

Yo creo que toda. Es decir, no se puede generalizar en un país con una gran variedad de opiniones y yo no soy responsable de los 52 diputados de Vox en el Parlamento. Pero como conjunto de la sociedad sí tenemos una responsabilidad, cada uno en el ámbito personal, pero al final se suma al ámbito colectivo y evidentemente como espectadores tenemos los medios que consumimos y como ciudadanos y votantes tenemos los políticos que votamos. Cada uno tendrá que hacer su propio examen de conciencia y resolver si está siendo un ciudadano responsable que lucha por la igualdad y por la mejora de su sociedad. Evidentemente tener telebasura no es culpa solamente de quien la produce sino también de quien la consume. Pero bueno, es un tema muy complejo, porque claro, una sociedad que está manejada por los medios de producción capitalistas que producen esa mercancía basura de manera masiva y aplastante genera una sociedad atípica que no tiene las herramientas para defenderse ni para solicitar ni demandar unos medios de comunicación más críticos. Es decir, construir un espíritu crítico es función, en mi opinión, de los poderes públicos, que para eso tienen la educación, las escuelas y las universidades y los medios de comunicación públicos, cuya obligación es generar ciudadanos críticos y activos, que de hecho desactiven la maquinaria poderosa de destrucción masiva que son los medios capitalistas, que lo que pretenden sobre todo es vender productos a toda costa, venden por cantidad, no por calidad. Claro, yo por eso soy tan defensor de los medios públicos y de la necesidad de que haya poderes públicos responsables y comprometidos con la sociedad en la que viven, con hacer una sociedad mejor, donde los ciudadanos sean más demócratas, tengan más herramientas para defenderse frente al capital y puedan rebelarse frente a esos medios de producción capitalistas. Si vivimos en una sociedad en la que todo lo genera y lo ordena el capital es muy difícil que la sociedad, por generación espontánea, tenga la construcción mental, política y social para enfrentarlos y para cambiar las cosas. En una sociedad capitalista el discurso hegemónico lo contamina todo, lo controla todo y lo domina todo y es muy difícil encontrar información crítica. Y formar esa masa crítica es muy complicado, porque a los poderes públicos muchas veces les ha interesado lo contrario, tener una masa dócil, sumisa y manejable. Entonces, claro, de esa manera puedes controlarlos y dirigirlos en la dirección que te interesa. El problema es que el poder político, desgraciadamente, en muchos países no entiende que el suyo es un servicio público y que está al servicio de quienes les ha colocado en esa posición. Que en realidad no es el que manda sino un mandado y actúan al revés, actúan como si fuésemos nosotros los mandados y ellos los que mandan.

Ya hace algunos años del 15M, al que Carne Cruda está ligado de manera especial. Ahora, con la perspectiva, ¿qué crees que ha quedado de aquel movimiento en la política y en la sociedad española, con el auge que está viviendo la extrema derecha de Vox?

Yo creo que el 15M fue un revulsivo que cambió la manera de pensar, de mirar, y de actuar. Evidentemente no queda todo ese espíritu arrebatador y arrebatado de aquellos años de movilización, pero sí que creo que ha dejado una huella en la sociedad y la ha cambiado para siempre. Es decir, tenemos el Congreso más plural de toda la democracia, con la ruptura definitiva del bipartidismo, que ya tiene que aceptar que hay otras sensibilidades. Esto significa que algo ha cambiado de manera fundamental. Creo que estamos viviendo también un relevo generacional, a cámara lenta, pero quiero pensar que al final se está produciendo, con todas las contradicciones que ello conlleva. Se vive con desasosiego porque del objetivo de máximos que se tenía el 15M a las pequeñas posiciones que se han ido ganando pues media un abismo muchas veces que resulta frustrante. Pero también estamos a punto, si no se frustra, de tener un gobierno de coalición entre un partido socialista y todas las izquierdas que están a la izquierda de ese partido, que es algo que no sucedía desde la República, una especie de frente común de centro-izquierda e izquierda que no se había producido desde entonces y esto es resultado del 15M, aunque esos partidos surgidos del movimiento evidentemente han tenido muchos traspiés y equivocaciones propias también de la coyuntura política y de formar un partido nuevo y enfrentarte a todos los escollos que el ejercicio del poder conlleva. Pero se ha gobernado y se gobierna todavía en algunas grandes ciudades, se han hecho cambios creo que llamativos y palpables y quiero ser esperanzado, en el sentido que creo que Carne Cruda mantiene la llama de la esperanza encendida porque se van produciendo cambios sociales y políticos, con retrocesos, pero también a veces con avances. Que estemos hablando de subir el salario mínimo interprofesional, que estemos a punto de afrontar una reforma del mercado del alquiler y del mercado de la vivienda ante la insostenibilidad que supone ahora mismo la liberalización total del mismo, que se estén debatiendo cuestiones sociales sobre la precariedad laboral, la reforma laboral, las leyes mordaza… En fin, todos los retrocesos que hubo durante la crisis se siguen ahora mismo debatiendo gracias a que ese espíritu las puso sobre la mesa.

Aunque evidentemente hay algunos retrocesos, y ha aparecido esa indignación de la derecha que es la ultraderecha, que en realidad es una especie de respuesta, de rebote, propio de los ciclos políticos, creo que también eso quiere decir que el 15M agitó la sociedad de tal manera que al final se producen estos vaivenes hasta que la balanza se vuelva a equilibrar. De hecho, que existan nuevos medios como este y como otros similares, que existan nuevas plataformas y nuevos proyectos que han surgido al calor de aquellos años, y que se mantengan y que sigan creciendo y que den lugar a otros nuevos proyectos quiere decir que las ascuas siguen calentando y que a veces vuelven a incendiar.

Pero precisamente los nuevos partidos nacidos después del 15M han tomado decisiones en algunos momentos que suenan a los viejos errores de siempre de la izquierda…

Es muy descorazonador y muy decepcionante que la izquierda cometa siempre los mismos errores y que tropiece siempre con la misma piedra, que es ella misma, porque al final tiene que ver mucho con su idiosincrasia. Esa pluralidad que la izquierda defiende a veces es su peor enemigo, en el sentido de que no es realista, sino muy esencialista. Todo el mundo quiere y cree que lleva razón en la izquierda y a veces cuesta mucho llegar a acuerdos. Yo creo que hay que ser realistas, e igual que sirve para decir que la realidad nos tiene que hacer darnos cuenta de que no todos los ideales son alcanzables, también nos tiene que hacer darnos cuenta de que todas las esencias no son siempre positivas, porque los guardianes de las esencias lo que acaban es convertidos en camarillas cerradas que se dan la razón a sí mismos pero no hace avanzar a la sociedad. Yo creo que la izquierda debe ofrecer diálogo y negociación con la realidad, y darse cuenta de que hay otros y otras que son diferentes a los que debe tratar de atraer o hacer sugerente el discurso para poder construir en conjunto. No se puede hacer todo por aplastamiento, porque al final cuando intentas imponer todo por aplastamiento el que acaba aplastado eres tú, tus propias creencias. No quiere decir que renuncies a tus principios, sino que hagas que tus principios también negocien con la realidad. La realidad no son esencias, no son ideales.

Después de haber salido de la radio pública por presiones políticas, ¿cómo ves la situación actual del ente público? ¿Qué medidas crees que deberían tomarse para garantizar su servicio público?

Lo primero que tiene que producirse es el desbloqueo político para que haya un gobierno, un gobierno que lo que tendría que facilitar es la independencia absoluta del medio público, es decir, generar todos los mecanismos para separar el poder político del periodismo, la gestión y la coordinación y funcionamiento del ente público. El ente público debería estar gestionado por sus propios profesionales, con concursos de méritos y votados por sus propios profesionales, y con una serie de mecanismos que garanticen la independencia y la neutralidad y que acaben con las camarillas políticas internas que han ido surgiendo al calor del bipartidismo. Esta dirección temporal actual ha intentado acercar la gestión y la dirección del medio a sus profesionales, pero se tiene que avanzar hacia un estatuto del ente público que acabe con los defectos que también creo que tiene la casa, que ha estado muy abandonada a su suerte. No ha habido un sistema de recompensa del mérito y del trabajo y muchas veces se ha convertido en una especie de, como se dice dentro, ministerio con antena y creo que esas prácticas rutinarias que acaban anquilosando al medio también deberían de romperse con un sistema que favorezca el emprendimiento y la iniciativa dentro de la casa. Y se han hecho, cuando Carne Cruda estuvo en Radio 3 creo que fue un momento en el que los propios profesionales tomaron el mando. Creo que el PSOE de entonces (de Zapatero) se separó bastante, dejó hacer y ahí se hicieron grandes programas, como demuestra el número de premios que se consiguió, o que los informativos fueran alabados internacional y nacionalmente. Ese debería ser el modelo a seguir, el modelo que se ha seguido en otros medios públicos de otros países europeos, donde de hecho se intentan poner cortafuegos entre el poder político y el medio de comunicación e incluso, como existe en Inglaterra, hay hasta un organismo que pueda auditar al medio público para garantizar su pluralidad y su diversidad. Es decir, que se haga un reconocimiento constante del trabajo que se está haciendo y que eso responda a la diversidad que hay en la sociedad española, pero en toda la diversidad, no eso que ellos llaman diversidad de las dos Españas de siempre, es que hay muchas que esas dos Españas y el Parlamento es buena prueba de ello. Pero el Parlamento y sobre todo los gobiernos tienen que comprender que los medios públicos no les pertenecen, es que no les pertenece nada del poder, en el poder están de paso. Esto es una obviedad en una democracia, pero parece que hay que recordarlo. En una democracia el poder pertenece al pueblo y los medios de comunicación pertenecen al pueblo.

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Los tres de… Javier Gallego

Tres películas / series: Arrebato (dirigida por Iván Zulueta, 1980); Camino a la perdición (dirigida por Sam Mendes, 2002) y la miniserie Years and years (creada por Russell T. Davies para la BBC y HBO, 2019).

Tres programas de televisión / radio: La Bola de Cristal (programa de TVE emitido entre 1984 y 1988), Radio Ambulante (podcast de crónicas latinoamericanas distribuido por NPR) y Shit Town (podcast estadounidense de siete episodios de periodismo de investigación emitidos en 2017).

Tres canciones: Omega (Enrique Morente y Lagartija Nick), I wish I knew how it would feel to be free (Nina Simone) y Tú que vienes a rondarme (María Arnal y Marcel Bagés).

Tres libros: Los divinos, de Laura Restrepo (Alfaguara, 2017); El ruido y la furia, de William Faulkner
(1929) y Poesía completa, de Idea Vilariño (2002).

Tres referentes: Rosa Parks, Diógenes de Sínope y La resistencia saharaui y palestina.

Tres momentos históricos: La II República española, la Revolución Francesa y la Grecia clásica.

Tres lugares para visitar: Nueva Orleans, Valparaíso y tu propia cabeza.

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Ángeles Castellano es periodista y miembro del equipo de redacción de Consumerismo.

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