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El 'consumidor resist'

El nuevo consumidor apuesta por productos sanos, de cercanía y por marcas y productores con compromisos éticos y ambientales. Esta tendencia marcará el futuro de la producción mundial de alimentos.

Por Ricardo Gamaza

La globalización ha permitido que el mundo pueda estar en nuestros platos. Alimentos fuera de temporada en determinadas latitudes que pueden consumirse al proceder, tras recorrer miles de kilómetros, de la otra punta del planeta. La brutal mercantilización de los productos alimentarios ha causado, de esta forma, una tremenda huella de carbono que la industria agroalimentaria no tiembla en producir para satisfacer los gustos y caprichos de consumidores que desean comer productos exóticos o simplemente aquellos que en su territorio ya no son de temporada.

La huella de carbono es la cantidad de emisiones de CO2 y otros de gases de efecto invernadero que se producen en todas las fases de vida de un producto, desde el cultivo y elaboración hasta el transporte y almacenamiento. Por tanto, no es sólo el origen geográfico el que incide en una mayor o menos huella de carbono de un alimento, sino que también tiene que ver con su forma de producción. Así, entre los alimentos que más contaminan están la carne de ternera, debido a que las vacas son grandes productoras de metano, otro de los gases más importantes de efecto invernadero, responsable del calentamiento global. Pero también la carne de cerdo y sus productos derivados, el queso y todos los pescados criados en piscifactorías.

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