Bio

Circos del maltrato

El modelo de circo con animales sometidos, amaestrados y maltratados está en extinción aunque en España todavía hay una treintena de animales sometidos en media docena de circos.

Por Ricardo Gamaza

Hacer equilibrios sobre pelotas, montar en bicicleta, conducir motocicletas, cruzar aros de fuego, bailar, saltar, fumar, aguantarse sobre dos patas, levantarse… son parte de los números antinaturales que los animales en los circos deben interpretar después de un largo proceso de entrenamiento y de dominio hasta que se consigue anular su voluntad. Según la Asociación de Defensa de Derecho Animal (ADDA), los circos con animales suponen "una agresión física y psicológica, a través de duras técnicas en las que se les fuerza a actuar de forma contraria a como lo harían en la naturaleza". Esta ONG, fundada en 1976, resalta que "los distintos y constantes ensayos tienen como objetivo conseguir el absoluto control del animal, asustándolos y angustiándolos hasta conseguir anular su instinto natural y voluntad".

Constantes desplazamientos de un país a otro, así como bruscos cambios de temperatura y clima son otros de los factores que afectan de forma muy negativa a los animales. Las condiciones de transporte en camiones-jaula, de pocos e insuficientes metros cuadrados, imposibilitan el mínimo de confort siendo además, el habitáculo permanente y obligatorio para especies como grandes felinos y osos.

Ridículo, maltrato o humillación a los animales en los que basan aún su negocio en España media docena de circos ‘tradicionales’ con animales y más de medio millar de municipios ya han prohibido en sus normativas este tipo de espectáculos. Sin embargo, el veto a las exhibiciones que consideran a los animales como un 'entretenimiento' apenas se aplica en un 5 por ciento de los municipios españoles. Según el seguimiento que realiza Ecologistas en Acción, en la actualidad cerca de 500 municipios han modificado sus ordenanzas o han aprobado mociones encaminadas a evitar que estas instalaciones se ubiquen en sus municipios. También los parlamentos de 10 comunidades autónomas han desarrollado o modificado normativas al respecto. Es más, el Ministerio de Cultura y Deportes ha anunciado que a partir de 2022 en sus convocatorias anuales de subvenciones en artes escénicas ya no entrarán las empresas responsables de circos con animales.

Según Ecologistas en Acción, en España apenas quedan una treintena de animales salvajes a los que se les sigue obligando a "trabajar" en estos espectáculos. Sin embargo, fuentes de este sector, elevan a siete el número actual de circos que exhiben todavía animales salvajes, cinco veces menos que hace cinco años. En este sentido, la Asociación de Circos Reunidos asegura que en estos circos con animales trabajan más de 2.500 familias.

Cataluña fue la comunidad autónoma que abrió la veda contra las carpas que contienen animales para sus espectáculos. Lo hizo en 2015 y durante estos años le siguieron el paso grandes capitales como Madrid, Córdoba y Málaga.

Existe normativa que podría aplicarse para proteger a los animales obligados a vivir en circos en España, como por ejemplo, la referente a la conservación, a la sanidad animal, a la seguridad y al bienestar de los animales. El Reglamento sobre el Movimiento de Animales de Circo establece los requisitos de salud animal para el cuidado de los animales en su explotación, transporte, experimentación y sacrificio, y se define a los circos como explotación animal, por lo que estos establecimientos están sujetos a esa legislación.

Respecto a seguridad animal sobre tenencia de animales potencialmente peligrosos, la normativa no sólo se refiere a ciertas especies caninas sino también a otras que son salvajes. El hecho de que estos animales estén en cautividad constituye un potencial peligro para la seguridad de personas, bienes y otros animales. La ley considera potencialmente peligrosos a todos los que, perteneciendo a la fauna salvaje, siendo utilizados como animales domésticos o de compañía, con independencia de su agresividad, se corresponden con especies o razas que tengan capacidad de causar la muerte o lesiones a las personas o a otros animales y daños a las cosas. Diversas legislaciones de espectáculos establecen que las administraciones deben exigir ciertas medidas de seguridad, como la presencia de una unidad médica, durante la realización de los espectáculos de riesgo.

El Tratado de Ámsterdam de 1997 reconoce a los animales vertebrados como seres capaces de sentir dolor, sufrimiento y angustia. En este sentido, el Tratado de Lisboa de 2007 establece que "en la formulación y ejecución de sus políticas, la Unión Europea y los Estados miembros, tendrán plenamente en cuenta las exigencias del bienestar de los animales dado que son seres sintientes". Así, la asociación Anima Naturalis resalta que "aunque los circos con animales se presenten coloridamente como espectáculos de entretenimiento, éstos no son divertidos para los animales cautivos en las carpas. Para los animales, los circos representan una pesadilla de la cual no van a despertar". Esta organización, que lucha junto a otras muchas por lograr que los animales no sean utilizados en los circos, explica que "por sus propias caracterí­sticas, estos 'espectáculos' no pueden atender las necesidades naturales de los animales cautivos en sus instalaciones". Se refieren sobre todo a que al ser itinerantes, a lo largo de sus interminables giras, "no hay otro remedio que mantener a los animales encadenados o aprisionados dentro de diminutas jaulas, que sólo son abandonadas durante el entrenamiento o los escasos minutos que dura su número".

El transporte y confinamiento animal es sólo una parte de la pesadilla en la que están sumidos estos animales. "Durante horas de viaje, los animales deben soportar el hacinamiento sin luz y sin ventilación, el frí­o del invierno y el calor del verano, mientras se asfixian con el metano de sus propios excrementos a pesar de que se acostumbra a mantenerles sedientos para que orinen menos", afirman desde Anima Naturalis y recalcan además que "están separados de sus congéneres, encerrados y amarrados, sometidos a privaciones y frustrados sus instintos naturales", por lo que suelen desarrollar conductas neuróticas como movimientos repetitivos e incesantes "que también se pueden convertir en conductas inesperadamente agresivas", alertan.

Por otra parte, el adiestramiento al que son sometidos se basa, dicen desde Anima Naturalis, en "el castigo fí­sico, que ha sido por mucho tiempo el método clásico de entrenamiento de los animales en los circos, lo cual a su vez trae consecuencias psicológicas de estrés y sufrimiento". Para esta organización contraria a este tipo de circos, "los actos que los animales son obligados a realizar -osos que se balancean sobre pelotas, monos que manejan motocicletas, elefantes que se paran sobre dos piernas- son fí­sicamente incómodos y representan conductas antinaturales. Los látigos, collares ajustados, bozales, picanas eléctricas, ganchos de metal puntiagudos y otras herramientas utilizadas durante las actuaciones en los circos son el recordatorio de que los animales son forzados a actuar".

Especialmente preocupante es efecto que puede tener este tipo de espectáculos ante los niños y niñas, que son los espectadores potenciales de los mismos. "El público ha llegado a reconocer que los animales exóticos no pertenecen a los circos ni a las jaulas, sino que pertenecen a sus tierras natales junto a sus familias", aseveran desde Anima Naturalis.

Países como Austria, Bélgica, Finlandia, Dinamarca, Portugal, Suecia, México, Perú o Singapur han aprobado leyes nacionales para vetarlos. En España, aún no hay una ley que prohíba que los circos tengan animales. Actualmente, existen algunos como el Cirque du Soleil, El Circo de Oz, El Circo New Pickle Family, Cirque D'Hiver, el Circo Ekún y el Circo Imperial Chino, que no utilizan animales como parte de su espectáculo. En Chile, el proyecto El Circo del Mundo no utiliza animales y, al mismo tiempo, ayuda a niños y jóvenes en riesgo social, utilizando el arte circense como herramienta educativa y de intervención social, demostrando que este espectáculo no tiene que tener fieras que encadenen y maltraten a los animales a los que someten.

__________

Ricardo Gamaza es periodista y divulgador agroambiental.

EN ESTE NÚMERO

Hazte socio pleno o inicia sesión para leer el último Consumerismo
Ya somos 48.084