Tecno

Marta Peirano: "Si renuncias a la privacidad estás renunciando a tu derecho a la libertad de expresión"

La periodista especializada en tecnología explica cómo los sistemas operativos y aplicaciones copian el diseño de las tragaperras para mantenernos conectados y robar nuestros datos, entre otras cuestiones.

Por Ángeles Castellano

Después de llevar ocho meses en los anaqueles de las librerías, El enemigo conoce el sistema. Manipulación de ideas, personas e influencias después de la economía de la atención (Debate, 2019) lleva ya publicadas otras tantas ediciones. Su autora, la periodista Marta Peirano (Madrid, 1975) fundó las secciones de Cultura de los periódicos ADN (ya desaparecido) y eldiario.es, donde además fue responsable de la sección entre 2913 y 2016 y adjunta al director, antes de lanzarse de lleno a investigar sobre infraestructuras, tecnologías de vigilancia y manipulación masiva. En su más reciente trabajo explica, der manera didáctica, exhaustiva y rigurosa, no sólo el origen de la internet que tenemos actualmente, sino su evolución hasta llegar al actual sistema en el que sistemas operativos, plataformas y aplicaciones buscan fundamentalmente nuestra atención y nuestros datos, y enfocan sus contenidos para lograr sus objetivos, aunque eso suponga una manipulación de la realidad. Lo que más le sorprende, dice en una entrevista telefónica en la que aborda las cuestiones más complejas para aterrizarlas en el uso diario que hacemos los usuarios de las tecnologías actuales, es lo poco que parece importarnos que se nos roben, constantemente, algunos de nuestros más valiosos derechos civiles.

El libro se llama El enemigo conoce el sistema. ¿Quién es el enemigo?

En realidad, "El enemigo conoce el sistema" es una cita de los años 50 de Claude Shannon. Él lo que dice es que no puedes basar la seguridad de tu sistema o de tu infraestructura en que el enemigo no la conozca, o sea, en el secreto, sino que tiene que estar basada en otras cosas, porque el enemigo va a conocer el sistema en seguida. Yo lo que hago es reutilizar un poco esa cita para decir que estamos todos dependientes de un sistema que es completamente opaco y deliberadamente opaco. Esto significa que hay quien conoce el sistema, aquellos quienes lo diseñan, y luego hay los que tienen recursos suficientes para poder conocer el sistema, estados que invierten energía y recursos, como por ejemplo, Rusia o China, Corea del Norte, Irán, etc. Y esta es una historia bastante compleja y bastante larga que yo la cuento como puedo en el libro, pero básicamente es un problema que viene de cuando estalla la burbuja puntocom y en ese momento hay muchos servidores y muy pocos recursos para invertir en internet. Nadie quiere invertir en internet, porque ha estallado la burbuja y parece que esto ha sido una moda que se va a acabar y entonces una serie de empresas, la primera de ellas Google, encuentra una manera de financiar sus actividades sin tener que recurrir a grandes inversores o dinero público. Este modelo de financiación se convierte rápidamente en un modelo de negocio tan goloso que no sólo es adoptado por el resto de las compañías tecnológicas, empezando por Facebook, que se lleva de Google a la persona que crea este sistema, Sheryl Sandberg, sino que se convierten en menos de dos décadas en las empresas más poderosas del mundo. Es decir, es un modelo de negocio que no solamente te ofrece la posibilidad de financiarte sino que además te enriquece rápidamente y además se convierte en una herramienta de poder que te hace ser muy interesante para el resto de los poderes de la sociedad, entre ellos, el poder político.

Y este sistema lo que busca básicamente es tenernos conectados todo el tiempo, ¿no?

Claro, este sistema vive de los datos. Y esto es otra manera de decir que vive de nuestra atención, por esto en algunos lugares se le llama la economía de la atención y en otro sentido lo llaman el capitalismo de datos. En realidad están hablando de la misma cosa: tenemos un sistema que está optimizado para hacer que pasemos la mayor parte del tiempo posible interactuando con sus aplicaciones, sus sistemas operativos y sus dispositivos. ¿Por qué? Porque cuando estamos interactuando, es decir, cuando consiguen lo que ellos llaman engagement, nosotros estamos generando más datos que nunca. Es el estado óptimo para estar generando datos, estar toqueteando el teléfono. Entonces, todas las aplicaciones, todos los sistemas operativos, todos los cacharros, dispositivos y plataformas están diseñadas para dar engagement. No para conectarnos, ni para resolver nuestros problemas, ni para ser más productivos, ni para hacernos más felices. De hecho, en estos años estamos descubriendo que no nos hemos convertido en ninguna de estas cosas, no somos más productivos, ni somos más felices, ni estamos más conectados ni vemos más a nuestros seres queridos gracias a estas plataformas, sino que lo que hacemos es pasar el mayor tiempo posible toqueteando nuestro teléfono, básicamente.

En el libro explicas que el funcionamiento del algoritmo de Youtube para recomendar vídeos que te pueden interesar y mantenerte conectado a la aplicación tiene que ver con la indignación, es decir, conforme avanza en las recomendaciones te ofrece vídeos cada vez más radicales y más indignantes, que buscan el enfado y la polarización…

Bueno, no es tanto que lo busque sino que es un ejemplo de lo que Hannah Arendt llamaba "la banalidad del mal". En este caso nosotros pensamos en diseñadores optimizando algoritmos para que reconozcan el enfado pero no es así, porque aquí se implica también los sistemas de automatización. El algoritmo funciona casi por su cuenta, utiliza un sistema muy complejo de estadísticas donde va seleccionando de todas las opciones la mejor, esto es, la que más engagement genera. El algoritmo no decide que indignar a las personas las va a hacer retuitear más, por ejemplo, pero lo reconoce y lo identifica. ¿Y qué es lo que hace? Identifica los patrones de ese contenido, sin saber que es indignante o que asusta, pero identifica los patrones y ajusta el comportamiento de la plataforma a esos patrones, porque el algoritmo está optimizado para el engagement, para captar tu atención y pases más tiempo usando la aplicación, todo lo que consiga engagement es lo que le interesa. Ojalá lo que consiguiera el engagement fueran las noticias de verdad, pero ya hemos comprobado que las noticias falsas, que están diseñadas para indignar, y para asustar y para enfadar generan más engagement que las otras, pero porque ya nuestra naturaleza humana es así, no porque lo busque el algoritmo.

Y ahí empieza un poco la manipulación de los contenidos, las plataformas te van condicionando y dirigiendo hacia un determinado tipo de contenido, aunque no lo hagan de una manera a propósito, sino por su propio interés comercial, pero es un primer paso para dirigir a los usuarios hacia un tipo de contenido, hacia la realidad que está percibiendo que luego puede provocar que terminemos votando por Trump, Bolsonaro, Vox o a favor del Brexit…

Exacto. Lo que pasa es exactamente esto, las plataformas están diseñando una realidad para el usuario que es diferente, que está creada algorítmicamente para el usuario y que es distinta a la realidad de todas las personas que el usuario tiene alrededor. La segunda consecuencia es precisamente que al aislar al usuario en esa visión del mundo que es única aunque él no lo sepa, lo que haces es desligarle de sus comunidades naturales, que son sus vecinos, sus compañeros de trabajo, su familia, sus amigos… Y esto es lo que hace que ya no se pueda discutir de nada, porque todos pensamos: "Pero sabiendo lo que sabemos, ¿cómo puedes pensar eso?", pero claro, tú no sabes lo que sabe el otro, porque está viviendo en una realidad paralela a la tuya.

Portada del libro El enemigo conoce el sistema. | Imagen: Marta Peirano.
Portada del libro El enemigo conoce el sistema. | Imagen: Marta Peirano.

 

Una de las consecuencias de la economía de la atención es desde luego la dependencia que genera, la adicción, pero otra es la extracción de los datos, que también tiene grandes peligros por el ataque frontal que supone al derecho a la privacidad. ¿Podemos sentirnos seguros con la actual ley de protección de datos?

Bueno, a mí, aunque estoy orgullosa de que tengamos la ley de protección de datos más seria y más profunda y más estricta del mundo y me satisface, que la ley registre la necesidad de proteger este tipo de cosas, la verdad, es decir, la experiencia de los últimos años que es lo que lleva la ley en ejecución, nos dice que los organismos, las instituciones que tienen la obligación de vigilar que esta ley se cumpla no tienen la capacidad de hacerlo.

¿No tienen la capacidad o no tienen el interés? Porque esa extracción de datos, más allá de servir a las empresas para modificar los precios de sus productos, por ejemplo, realmente para lo que sirve es para predecir el comportamiento de la ciudadanía…

No, yo creo que el interés de las autoridades se demuestra en que la ley existe, lo que pasa es que es una ley que está diseñada para controlar unas empresas cuyas operaciones no podemos controlar porque no tenemos acceso a sus algoritmos, y si lo tuviéramos, las únicas entidades que tienen la capacidad técnica suficiente para procesar esa información son esas mismas empresas. ¿Pienso que hay interés? Pues sí, porque si no hubiese interés esta ley no existiría. Es como si creamos una ley para regular las carreteras sin tener policía o con una policía sin capacidad para entrar en la carretera, sin vehículos para transitarla. Está bien que la ley exista, me parece apropiada, no me parece suficiente en algunos aspectos pero desde luego me parece mejor que la que teníamos antes, pero por otra parte, no tenemos la capacidad ni de vigilar que se cumple ni de perseguir al que no la cumple.

Eres muy crítica con el 5G, que es una tecnología que se nos está anunciando como sobrevenida, sin mucha capacidad de elegir. ¿Por qué deberíamos rechazarla? ¿Realmente tenemos la posibilidad de hacerlo, como usuarios?

Los usuarios no podemos rechazarla, los únicos que pueden rechazarla son los gobiernos. Nuestra capacidad de rechazar el 5G está íntimamente ligada a nuestra capacidad de convencer a nuestros gobiernos de que la acepten o no. La cuestión no es el 5G, que es un estándar tecnológico que está prácticamente entero inventado por una única empresa, que ocurre que es china. El problema es que tiene dos diferencias fundamentales con los estándares anteriores, el 4G, el 2G, etc: integra de manera total la tecnología de una sola empresa en todos los puntos de la transmisión de datos. Esto significa que mientras que antes, cuando usábamos el 2G, el 3G, etc, estábamos hablando de un consorcio de empresas que contribuían con una parte de la tecnología y luego usaban unos protocolos comunes, aquí estamos hablando de una solución de extremo a extremo: es decir, si viene Huawei a instalar el 5G esto significa que la transmisión 5G estará de extremo a extremo gestionada y controlada por un sistema enteramente 100% de Huawei. Entonces, si se trata de una empresa española o al menos europea podemos estar seguros de que esa empresa está sujeta a nuestras jurisdicciones y responde a nuestra legislación. Pero cuando se trata de una empresa que ni siquiera está en Europa o se está marchando de Europa, como es el caso de Vodafone, o de una empresa que no pertenece a un país donde haya un gobierno democrático como es China, donde no hay de hecho una gestión de datos de ningún tipo... Es más, China es el ejemplo paradigmático de un país en el que la gestión de datos es exactamente la opuesta de la que defendemos en Europa. Entonces pienso que se trata de un riesgo completamente absurdo, desde un punto de vista estratégico. Es decir, si el 5G es el estándar sobre el que vamos a asentar nuestra capa financiera, social, de servicios, nuestro transporte, nuestra economía, etc, me parece un riesgo completamente absurdo ponerlo en manos de una empresa que no solamente no es europea, sino que encima ha sido prácticamente financiada por un gobierno autoritario que tiene intereses geoestratégicos de poner infraestructuras en el máximo territorio posible para controlar al mayor número de gente posible.

Después de lo que cuentas en tu libro, las revelaciones de espionaje masivo que hizo Edward Snowden (antiguo empleado de la CIA y la NSA) en 2013 parecen casi inocentes… ¿Hay alguna conexión entre el espionaje masivo del Gobierno estadounidense con el capitalismo de extracción de datos?

Hombre, naturalmente. La economía de la atención está basada en no solamente tratar de que el usuario pase conectado el máximo tiempo posible, sino en extraer datos de esos usuarios. Es decir, si la divisa de la economía de la atención no es solamente la atención, sino los datos, lo que nos dijo Snowden es que esas plataformas que se dedican a extraer datos para hacer dinero estaban trabajando también para el Gobierno de EE UU. Y es importante recordar que el escándalo que vino de las revelaciones de Snowden en realidad tiene que ver con que el Gobierno estaba espiando a los ciudadanos estadounidenses. Es decir, de todo lo que él contó, lo único ilegal era eso, porque el Gobierno estadounidense y las agencias de inteligencia están legalmente cualificadas para espiarnos a todos los demás. Esas plataformas estadounidenses hasta hace relativamente poco estaban licenciadas, registradas y amparadas por la normativa estadounidense, y la normativa estadounidense no contempla ningún derecho para los ciudadanos ni gobiernos ni empresas no estadounidenses, con lo cual nosotros hemos sido la barra libre para las empresas estadounidenses todo el rato. Para ellos no es ilegal espiarnos a nosotros, es más, es a lo que se dedican las agencias de inteligencia. Los únicos que están protegidos por la Constitución estadounidense son los ciudadanos estadounidenses, el resto de usuarios de internet, sean gobiernos o personas, no.

Lo que ocurre es que nos hemos acostumbrado. Pasa también con las violaciones y los secuestros, o con los atentados, con qué dramatismo lo vivíamos hace 20 años y cómo lo vivimos ahora. Esto hay una historia que lo describe muy bien que es la de la rana hervida. Tú metes una rana en agua fría y la vas calentando, y la rana no se da cuenta de que la vas a cocinar. Pero si la metes directamente en agua caliente, intenta salvarse. Pues a nosotros nos ha pasado lo mismo, hemos normalizado que las empresas nos espían. Y de hecho, como no queremos dejar de usar las tecnologías y los servicios que nos espían, buscamos justificaciones para seguir usándolas, con comentarios del tipo: "bueno, tampoco nos espían tanto", o "será mentira"… Que es un poco lo que hacíamos antes con los cigarrillos. Es decir, sabemos que fumar da cáncer desde finales de los años 70 y, sin embargo, hemos seguido fumando hasta que lo han prohibido en casi todos los sitios, diciendo que bueno, en mi familia no hay cáncer, esto sólo le pasa a la gente que además de fumar hace tal otra cosa, o yo es que fumo Nobel y no fumo Marlboro y entonces me voy a salvar… Con la privacidad en internet hacemos lo mismo: "y a ellos qué más les da, si yo no digo nada interesante, qué le pueden interesar mis datos"… Cuando en realidad hasta cierto punto es cierto, nuestros datos individuales en sí no valen tanto, lo que pasa es que colectivamente estamos generando algo que luego nos perjudica como sociedad, como estamos viendo en Hong Kong o estamos viendo en Chile. El problema es que cuando queremos ejercer nuestros derechos civiles no podemos, porque no podemos renunciar a unos derechos sin renunciar a todos los demás, están todos enlazados, si renuncias a tu derecho a la privacidad estás renunciando a tu derecho a la libertad de expresión, aunque tú no lo entiendas.

¿Y qué tendría que pasar para que reaccionemos, tiene esto algún límite? Porque se suceden los escándalos pero nada detiene a esta maquinaria de extracción de datos, ni parece que pase nada… Después de la elección que llevó a Trump al Gobierno en 2016 conocimos la manipulación que hubo en la campaña a través de la empresa Cambridge Analytica y no parece que nada haya cambiado o que su revelación haya tenido ningún efecto… ¿No hemos aprendido nada de todo esto? ¿Hay alguna posibilidad de que no vuelva a ganar Trump en la reeleción?

No, no hemos aprendido nada, efectivamente. Tengo un amigo, Diego Salazar, que publicó un libro hace un año más o menos, que se llama precisamente No hemos entendido nada y habla exactamente de esto. Hemos vivido con noticias en prensa en los últimos años de cómo se han utilizado estas tecnologías para azuzar a la gente, para perpetrar genocidios, para discriminar a personas, y para motivar a los violentos a hacer bullying a sus vecinos y no hemos aprendido nada, que es lo que más grave me parece. Lo hemos normalizado, es decir, estamos hablando de que Trump va a volver a ganar las elecciones básicamente con las mismas estrategias que utilizó para ganar en las pasadas pero conociéndolas mejor y dedicándole más recursos y siendo presidente del Gobierno, que lógicamente te da bastante ventaja, y sin embargo lo decimos como si fuese lo más normal. Ya nos parece como lógico. Es el nuevo normal, que no se parece a la normalidad que conocíamos hace sólo diez años. Esta denuncia permanente de este tipo de cosas sin que haya ninguna consecuencia por parte de las autoridades o de la legislación… ¿Qué podemos hacer? Pues yo creo que es completamente injusto y además completamente improductivo exigir que los ciudadanos dejen de utilizar las herramientas que nos ofrece la vida contemporánea para poder protegerse de las multinacionales extranjeras, es que tenemos instituciones que deberían estar dedicándose a eso, qué coño están haciendo entonces. ¿Qué tenemos que hacer? Pues tiene que pasar lo que ocurrió con el tabaco, es decir, que prohíban un determinado tipo de prácticas o las plataformas, directamente.

Marta Peirano en su conferencia sobre La crisis de la mediana edad de la revolución digital de Ars electrónica. | Imagen: Philipp Greindl.
Marta Peirano en su conferencia sobre La crisis de la mediana edad de la revolución digital de Ars electrónica. | Imagen: Philipp Greindl.

 

Claro. Es como lo que está ocurriendo con las apuestas. Hay una contestación real, una alarma social que está haciendo que se empiece a debatir el asunto y a legislar, aunque no se esté haciendo lo suficiente. Me llama la atención precisamente que utilices en el libro el símil de las tragaperras para explicar el funcionamiento de las aplicaciones y plataformas de contenidos de internet y que no lo veamos tan claro como en la relación entre la publicidad del juego y la ludopatía, por ejemplo…

Bueno, yo no lo uso como un símil, es que literalmente los diseñadores de las aplicaciones han copiado las estrategias y la manera de funcionar de las máquinas tragaperras precisamente porque era, hasta ahora, el diseño más adictivo que existe. ¿Qué pasa? Que ahora, a ese diseño súper adictivo se le une el hecho de que nadie piensa que eres un ludópata porque estés pegado a tu teléfono todo el día. Es que hemos justificado el uso de esa tragaperras que llevamos en el bolsillo porque no estamos jugando, estamos trabajando, estamos viendo fotos de nuestra familia, estamos interactuando con amigos o estamos viendo contenidos que nos parecen apropiados, cuando el contenido no importa, tú no estás enganchado al juego de las tragaperras, estás enganchado al diseño de las tragaperras.

En el libro cuentas también la evolución que tuvo Cambridge Analytica desde su trabajo al servicio de Trump en 2016 a las elecciones de Brasil que ganó Jair Bolsonaro después y cómo una herramienta que se suponía que iba a ayudar a obtener más privacidad, el cifrado de los mensajes de Whatsapp, que hace que el contenido de una conversación a través de este sistema de mensajería sólo sea descifrable por el emisor y el receptor, y en este sentido, no permita el espionaje de terceros, terminó ayudando a hacer una campaña electoral basada en difundir masivamente noticias falsas a través de grupos de Whatsapp de una manera prácticamente clandestina y por lo tanto incontrolable.

Increíble, ¿no? Yo lo llamo el primer medio de comunicación de masas clandestino…

Claro. El principal problema por supuesto es que es imposible controlarlo, pero ¿cómo es posible que estas noticias falsas difundidas por Whatasapp superen en credibilidad a los medios tradicionales?

Es que estos mensajes no superan en credibilidad a los medios. Estas campañas de desinformación no están diseñadas para que tú te creas una cosa y no otra, sino que están diseñadas para que la verdad te dé lo mismo. Son campañas que están diseñadas no para apelar a tu racionalidad sino a tus emociones, a tus sentimientos. Están diseñadas para que tú ya no sepas a quién creer y entonces elijas creer a lo que más te apetece, al que te refuerza, al que te hace sentir menos inseguro, al que te dice que te va a proteger… Hannah Arendt cuando analizaba cómo ocurrió la Alemania nazi, es decir, que un país entero de repente se convirtiese en una máquina de exterminar, cuando estudia qué había en esos ciudadanos que les hacía estar predispuestos a ese tipo de comportamiento como grupo, concluye que no había nada. Es decir, lo curioso es que cuando tú sometes a la población a una campaña de desinformación efectiva, lo que haces es convertirlos en niños, se convierten en cínicos y en niños a la vez. Se convierten en cínicos porque ya no creen en nada -"ya, ya, seguro, el cambio climático, claro" o el "ya ya, seguro, nos violan a todas"- y al mismo tiempo, se convierten en niños porque ya no necesitan de argumentos racionales para apoyar a un partido, o a un candidato, le apoyan como apoyan a un equipo de fútbol aunque pierda, "porque son los nuestros", "porque es mi tribu", es un pensamiento tribal, es más religioso que racional. Entonces, no es que tengan más credibilidad que la información real, es que como hace sentir mejor a las personas para las que están diseñadas, eligen esas noticias falsas, porque ya bastante mal nos sentimos con el resto de cosas que nos pasan.

En el libro también cuentas la conexión entre que hay entre Bolsonaro, Vox y Trump (real, no ideológica) y cómo se ha buscado una alianza que permita el uso de estas herramientas a estos movimientos actuales populistas de extrema derecha. ¿Hay alguna manera de detener esta espiral de desinformación?

Habrás visto que una de las cosas que han ocurrido en España (y esto no está incluido en el libro porque cuando ocurrió ya había salido a la venta) es que todos los partidos del Congreso aprobaron en una primera votación una excepción a la ley actual de protección de datos que permitía no sólo la creación de bases de datos con información política sobre los ciudadanos, perfiles políticos, que fue lo que más polvareda levantó, sino lo mucho más escandaloso, que el uso de sistemas de mensajería, que son masivos y al mismo tiempo están sujetos al secreto de las comunicaciones, es decir, medios de masas clandestinos, protegidos irónicamente por la ley de protección de datos, para hacer campañas políticas. Entonces desde el momento en que habilitas este tipo de canales automáticamente habilitas que existan campañas de propaganda política clandestinas en las que puedes "imprimir mentiras" sin que tenga consecuencias legales, algo que no puedes hacer en un periódico ni en una radio y en el que, una vez más, estás ofreciendo una visión del mundo algorítmicamente diseñada en función de tus intereses políticos. En el momento en el que permitimos -y cuando digo permitimos lo digo irónicamente también, porque lo permitieron todos los partidos con representación en el Congreso, incluyendo los partidos de izquierda que teóricamente deberían habernos protegido de este tipo de cuestiones- que ocurra esto, pues es obvio que es algo que ocurre porque todos lo querían usar. Y esto no es otra cosa que la estrategia de Bolsonaro que le llevó a ganar las elecciones en Brasil. Y en España no se opuso ningún partido con representación en el Congreso. Es dar carta de legalidad a algo que ya está ocurriendo en el mundo.

En una entrevista reciente decías que lo que más te impresionaba de todo lo que has investigado hasta ahora sobre privacidad es lo poco que importa. ¿Qué crees que tendría que pasar para que esto cambie?

Que prohíban este tipo de prácticas, lo mismo que con el tabaco. Que prohíban su uso, que prohíban su aplicación y que establezcan las medidas necesarias para poder vigilar que esas prohibiciones se respetan.
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Los tres de… Marta Peirano

Tres películas/series: Ninotchka (dirigida por Ernst Lubitsch, 1939), Stalker (dirigida por Andréi Tarkovsky, 1979) y Érase una vez en América (dirigida por Sergio Leone, 1985).

Tres programas de televisión: Es que yo tengo televisión. Podría decir que el único programa de televisión que veo de manera compulsiva es el Saturday Night Live.

Tres canciones (o discos, u obras musicales): My favorite things, de John Coltrane, el disco London Calling, de The Clash, y The Miseducation, de Lauryn Hill.

Tres libros: Ana Karenina (de Leon Tolstoi), cualquier ensayo de Emerson y Seeing like a State (de James C. Scott), que no está traducido al español.

Tres referentes: Pues voy a repetir, porque en escritura mi referente es Emerson, o sea, yo nunca llegaré pero aspiro a eso, y en periodismo admiro mucho lo que hace Eyal Weizman, que tiene un proyecto que se llama Forensic architecture (arquitectura forense) que es como ingeniería inversa de espacios donde han pasado cosas trascendentes. Trabaja mucho con ONG para reconstruir lugares donde han ocurrido crímenes de guerra, por ejemplo, todas las visiones de ese momento en el tiempo: testigos, mensajes, paquetes de datos que hayan quedado registrado de alguna manera, etc, para crear una hipótesis que sirva luego en un juicio. Uno de los primeros estudios que hicieron fue para demostrar que se habían utilizado bombas racimo en Gaza, o un estudio sobre la Torre Grenfell que ardió en Londres en 2017. Desde el punto de vista del periodismo está generando un proceso que ya les ha copiado el New York Times, porque ellos además crean herramientas específicas para cada caso y luego las liberan y como periodista me parece fascinante y su trabajo me interesa muchísimo y una de mis ambiciones es que me cojan como becaria y me enseñen a utilizar todas las herramientas que han hecho hasta ahora. Y el tercero sería el trabajo de James C. Scott y Silvia Federici, que para mí es muy parecido, porque son académicos que ponen en crisis toda la teoría histórica acerca de la civilización occidental, acerca de por qué ocurren las cosas. En el caso de Silvia Federici, plantea en su obra cómo toda la evolución de la religión y la brujería está vinculada a la propiedad del suelo, tiene que ver con gente heredando suelo y no quedando en manos de la iglesia, o en el caso de Scott, la teoría de que Europa no eligió el grano como fuente primaria de alimentación porque fuera lo mejor para nosotros, lo más nutritivo o lo más fácil, sino porque facilitaba un censo que era necesario para la creación de los feudos. Me interesa muchísimo su visión de la historia, porque contradice todo.

Tres momentos históricos: Ahora mismo.

Tres lugares para visitar: Mientras los estaba pensando me he dado cuenta de que son tres lugares interesantes para visitar porque están desapareciendo por el cambio climático, y serían Venecia, llegando en tren al amanecer, que es cuando es bonito de verdad; Bergen, igual, llegando en tren al amanecer, que es un paisaje absolutamente espectacular de los fiordos la mayor parte del año en blanco y negro, porque es todo hielo y roca negra, es muy impactante; y el tercero es el Amazonas, porque claramente está a punto de desaparecer.
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Ángeles Castellano es periodista y miembro del equipo de redacción de Consumerismo.

*La foto de encabezamiento es de Manu Brabo, Flickr.com/arselectronica (CC BY-NC-ND 2.0).

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