Bio

Zoonosis, virus y ecología

La estrecha relación entre el ser humano y los animales no está exenta de riesgos, como la posibilidad de que enfermedades que portan los segundos puedan terminar afectando a los primeros.

Por Ricardo Gamaza

El ser humano no sólo ocupa un espacio en un ecosistema que comparte con otros animales, sino que a algunos de ellos los ha domesticado y convertido en mascotas, en compañeros. Esta relación entre animales y personas no está exenta de riesgos para ambos. Enfermedades que pueden contagiarse unos a otros obligan a llevar un estricto control higiénico-sanitario de las mascotas para evitar que los animales con los que convivimos sean una fuente de infecciones para el hombre.

Las zoonosis son enfermedades que el hombre sufre de forma ocasional. Se conocen más de 200 zoonosis que incluyen prácticamente a todos los microbios, virus, bacterias, parásitos y hongos. Algunas son tan antiguas como la rabia.

La rabia ya está prácticamente erradicada en España y ha sido posible gracias a los sistemas de vacunaciones de perros generalizados en nuestro país. Pero aunque en los animales domésticos existe un gran control veterinario, las zoonosis o enfermedades animales que pueden contagiar al hombre tienen múltiples vías de transmisión.

En general, cada enfermedad tiene un mecanismo de transmisión. Hay enfermedades, como la brucelosis, que comparten varios mecanismos: el consumo de queso y la infección del veterinario o ganadero que está en contacto con una cabra parturienta e inhala los aerosoles que se emiten en el parto mientras le ayuda a parir.

Los animales de granjas son también individuos capaces de transmitir enfermedades al hombre. El ser humano, como superdepredador, no sólo se ha servido de los animales para que le den compañía, también para criarlos y alimentarse de ellos. La globalización de los mercados hace que podamos consumir carne de animales del otro lado del planeta que se crían fuera de su entorno natural.

El hombre no vive en una burbuja ecológica independiente del resto de animales y esa interrelación en sí misma es un riesgo de contraer enfermedades que transmiten los animales por diferentes vías. La más habitual es a través de un animal intermediario que, generalmente, es un insecto. El más conocido en nuestro medio es la garrapata. Pero también existen otro tipo de vectores como es el caso del mosquito en el paludismo.

Pero el verdadero peligro es cuando esa zoonosis, la enfermedad de un animal, da el salto genético y se adapta al nuevo huésped humano. Así, se acaba convirtiendo en una enfermedad propia del hombre y transmisible entre humanos, como ha sucedido con el coronavirus. Cuando eso sucede, la nueva enfermedad, adaptada al hombre, puede extenderse a gran velocidad llegando al extremo de causar una pandemia.

Realmente, el término pandemia desde el punto de vista epidemiológico incluye aquellas enfermedades que tienen una gran capacidad para difundirse y alcanzar prácticamente a todas las regiones del mundo. No es tanto el hecho de que sea grave o no. Pandemia es un término que indica una amplia difusión de la enfermedad.

La mal denominada 'gripe española' fue una de esas enfermedades de origen animal que se adaptó al hombre. Sucedió durante la Primera Guerra Mundial y mató a más personas que la misma guerra. España, al ser neutral, fue el país donde se pudo investigar y publicar que había nacido una nueva enfermedad: la gripe. Así, en el mundo se la bautizó como gripe española. Ahora se sabe que se inició en las aves.

Existen enfermedades de las que el hombre aún desconoce su origen, como el dengue, que es una enfermedad -la fiebre hemorrágica- que se sospecha que tiene un origen animal, aunque todavía no hay evidencias. Simplemente se dan las condiciones para la adaptación. Al fin y al cabo, las enfermedades son adaptaciones de los gérmenes, de los microorganismos patógenos a un hospedador, y éste puede sufrir o no la enfermedad.

Esto tiene que ver con los mecanismos de evolución de las especies. Una posibilidad es la mutación: si consigue adaptarse al hombre lo ha conseguido. Otra es la adquisición de material genético de otros virus o microbios que, si son humanos, pueden convertirlo en transmisible entre humanos. El salto de especie es más posible cuanto más cercanas estén esas especies en el árbol filogenético.

Ese salto es una cuestión posterior a la zoonosis, donde el hombre sufre la enfermedad de forma puntual, pero el microbio no se adapta y reproduce en el nuevo huésped humano. En algunos casos se da una adaptación, como en el caso del síndrome respiratorio severo, que tenía su origen en animales salvajes y saltó al hombre, produciendo enfermedades respiratorias graves y convirtiéndose en transmisible entre personas.

A lo largo de la historia de la humanidad muchas han sido las enfermedades animales que han pasado al hombre. En algunos casos todavía se busca un remedio, una vacuna. Es lo que sucede con el SIDA, una enfermedad que se cree que tiene su origen en el mono de la cara pintada y que se ha convertido en la epidemia del siglo XX y lo que llevamos del XXI. En otros casos, se ha podido combatir a la enfermedad con vacunas específicas contra las cepas del virus, como la gripe común, que ya sólo es mortífera en las poblaciones de riesgo. Ahora es el tiempo del coronavirus.

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Ricardo Gamaza es periodista y divulgador agroambiental.

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