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Cayetano Pleguezuelos: "En Holanda los fondos a la investigación se ven como inversión, no subvención"

Este biotecnólogo cordobés acaba de descubrir que una cepa de la bacteria E. coli podría contribuir al desarrollo del cáncer de colon.

Por Lydia López

Con sólo 27 años, Cayetano Pleguezuelos Manzano es uno de los autores de una investigación que puede ser un antes y un después en el tratamiento y prevención del cáncer de colon. Y es que este joven talento emigrado de España acaba de publicar en la revista Nature que ha descubierto junto a sus compañeros Jens Puschhof y Axel Rosendahl Huber, de los grupos de investigación dirigidos por Hans Clevers y Ruben van Boxtel, que una cepa de la bacteria E. coli podría liberar una toxina que contribuiría al desarrollo del cáncer de colon. Andaluz nacido en Córdoba, ahora está estudiando su doctorado en el Instituto Hubrecht en Utrecht, en Países Bajos. Pero antes pasó por Inglaterra y Ámsterdam. En total, lleva unos siete años fuera de casa, aunque en su mente siempre está la vuelta a España.

Acabas de publicar junto a otros dos compañeros uno de los que pueden ser los mayores descubrimientos en la detección y tratamiento del cáncer de colon: una bacteria podría estar detrás de todo. ¿Cómo habéis llegado hasta aquí?

Para realizar este estudio hemos utilizado una tecnología llamada organoides. Estos organoides son réplicas en miniaturas de órganos humanos que se pueden cultivar en el laboratorio y mantienen muchas de las características de los órganos que representan. Por eso, estos mini órganos son una herramienta muy valiosa para estudios sobre el cáncer a nivel molecular.

Esta enfermedad se produce debido a la acción de muchos factores diferentes y últimamente las bacterias intestinales han recibido mucha atención como uno de estos posibles causantes, entre otros muchos. El caso es que nuestro colon está habitado por millones de bacterias que normalmente contribuyen a que nuestro organismo funcione correctamente. A pesar de ello, estudios han mostrado que algunas de estas bacterias están presentes preferentemente en pacientes de cáncer de colon.

El problema hasta ahora ha sido que la mayoría de estos estudios establecían asociaciones entre especies particulares de bacterias y la enfermedad, pero no demostraban si éstas eran simples espectadoras o si por el contrario jugaban un papel activo en el desarrollo de la enfermedad. Nosotros nos centramos en una de estas bacterias asociadas al cáncer de colon, una cepa de Escherichia coli que sabíamos que causaba daño en el ADN celular humano.

Nuestra idea era que este daño podría contribuir a la adquisición de mutaciones en nuestras células intestinales, algo principal para el desarrollo del cáncer. Para responder a esta pregunta, expusimos los mini órganos intestinales a esta bacteria y lo que observamos es que inducían un patrón de mutaciones específico en los organoides. Además, encontramos este patrón en alrededor del 5% de los pacientes con cáncer de colon analizados en Países Bajos y Reino unido, siendo casi inexistente en otro tipo de tumores. Esto implica que las bacterias podrían inducir cáncer de colon al causar estas mutaciones en los pacientes.

A lo largo de la historia muchos hallazgos surgen por casualidades. El que habéis realizado, pensar en la posible implicación de las bacterias, ¿es resultado de algo fortuito o algo os hizo pensar que el camino a investigar tenía que ser ese?

Desde el principio nuestro objetivo era intentar determinar qué papel jugaba esta bacteria en el desarrollo de la enfermedad y esperábamos que de ser positivos los resultados estuviesen en esta línea. Lo que no imaginábamos es que el resultado fuera tan claro e implicara a tal número de pacientes.

Después de lo hallado, ¿qué trabajo viene ahora? ¿Qué tenéis por delante?

Ahora estamos intentando ahondar en hasta qué punto otras bacterias también asociadas con el cáncer de colon están involucradas activamente en el desarrollo de la enfermedad y mediante qué mecanismos. Para ello seguimos utilizando los mini órganos procedentes de tejido intestinal humano que hemos establecido como herramienta fundamental en nuestros experimentos.

Imagen de microscopía de fluorescencia de un mini-órgano intestinal (verde) co-cultivado con bacterias intestinales (azul). | Imagen: Cayetano Pleguezuelos Manzano, Jens Puschhof y Axel Rosendahl Huber, Hubrecht Institute.
Imagen de microscopía de fluorescencia de un mini-órgano intestinal (verde) co-cultivado con bacterias intestinales (azul). | Imagen: Cayetano Pleguezuelos Manzano, Jens Puschhof y Axel Rosendahl Huber, Hubrecht Institute.

 

¿Qué puede significar para el futuro de la medicina, y en concreto para esta patología, esto que habéis descubierto?

Para nosotros una de las implicaciones más inmediata sería en el área de la prevención del cáncer de colon. El desarrollo del cáncer es un proceso que dura décadas, por lo cual el tiempo que la bacteria podría estar actuando es bastante amplio. No sólo eso, estudios previos han mostrado que aunque esta bacteria se encuentra principalmente en pacientes de cáncer de colon, un porcentaje de la población sana la tiene en su flora intestinal. ¿Esto qué significa? que precisamente en esta parte de la población la bacteria podría estar ejerciendo su efecto nocivo antes de que la enfermedad se desarrolle. Si somos capaces de erradicarla del tracto intestinal de esta población, en teoría la probabilidad de que estas personas desarrollen cáncer en el futuro se reduciría. De nuevo hay que decir, todavía se necesita más investigación a nivel clínico para poder establecer firmemente la presencia de la bacteria en diferentes grupos poblacionales y su impacto en la enfermedad.

Además, otro tema relacionado es el uso de probióticos. Considerados suplementos alimenticios, contienen bacterias vivas que en teoría ayudan a mantener una flora intestinal sana. El problema es que algunos probióticos podrían contener o contienen cepas E. coli similares a las que nosotros incluimos en nuestro estudio. Estos productos se pueden conseguir fácilmente en el mercado, incluso por internet. Evidentemente no son todos los probióticos del mercado, pero creemos que nuestro estudio invita a reflexionar y reevaluar críticamente sobre el uso de los mismos por parte del ámbito científico, industrial/empresarial y del consumidor.

Estás realizando tu tercer año de doctorado, ¿cuánto tiempo llevas en el extranjero?

Llevo fuera de España desde el 2013. En aquel año estaba cursando el último año del Grado de Biotecnología por la Universidad de León y tuve la oportunidad de acceder al programa de becas Erasmus de intercambio europeo. Así que el último curso de la carrera lo pasé en Nottingham, Inglaterra. Después, me mudé a Amsterdam a realizar unas prácticas de Laboratorio, lo que encadené con un máster también allí, gracias a mis padres que me ayudaron económicamente durante este tiempo. Ahora estoy realizando los estudios de doctorado en el Instituto Hubrecht en Utrecht, Países Bajos.

Debe ser complicado estar lejos de la familia y amigos, ¿tenías planeado que tu carrera profesional fuera lejos de tu país?

La verdad es que hasta ahora no había pensado mucho en donde iba a estar en el futuro. Siempre me he planteado estos pasos como intermedios antes de establecerme en un lugar de forma más estable. Ahora que estoy en la segunda mitad de mis estudios de doctorado y tengo que pensar qué hago después, es cuando estoy empezando a plantearme esta cuestión de manera más seria. A ver dónde acabo…

El Gobierno lleva unos años queriendo atraer de nuevo a todo el talento emigrado. ¿Crees que este interés por el talento joven llega tarde? Quizás no debieron dejar que se fuera...

Hace algún tiempo leí algunas noticias de ello por la prensa, pero no tengo conocimiento de nada concreto, lo que no quiere decir que no esté ocurriendo. Creo que el hecho de que la gente joven que está ahora mismo trabajando fuera de España tenga la posibilidad de volver es siempre algo positivo. Ojalá estas medidas surtan efecto y la gente se encuentre con la posibilidad real de volver a España en las mismas condiciones laborales que encontramos en otros lugares de Europa.

¿Qué diferencias aprecias en la forma de valorar a los científicos en este país con respecto a España?

Ya que toda mi actividad científica hasta el momento se ha desarrollado fuera de España no tengo una visión clara y de primera mano de cuál es la situación real allí. Lo que sí puedo decir es que en Países Bajos, el desarrollo del ámbito científico-tecnológico está muy ligado al desarrollo económico. Los fondos destinados a investigación tanto básica como aplicada son bastante numerosos y la sociedad no los ve como una subvención, sino como una inversión a medio-largo plazo, tanto por parte del estado como de empresas privadas. En general, puedo decir que la posición que ocupamos los científicos en Países Bajos es bastante privilegiada.

¿Qué crees que haría falta aquí para cambiar las cosas?

De nuevo, hablando a grandes rasgos y desde el desconocimiento de la situación concreta en España, creo que como en todo, más dinero e inversión a largo plazo para el sector científico-tecnológico sería importante. Además, que no se quedara en el ámbito académico y se lleve un paso más lejos: desarrollar un tejido industrial tecnológico que reciba las innovaciones generadas por el ámbito académico y desarrolle productos con valor añadido que puedan competir en el mercado con la tecnología de otros países, no sólo a nivel europeo sino mundial.

Cayetano Pleguezuelos en el laboratorio del Instituto Hubrecht en Utrecht. | Imagen: Cayetano Pleguezuelos Manzano.
Cayetano Pleguezuelos en el laboratorio del Instituto Hubrecht en Utrecht. | Imagen: Cayetano Pleguezuelos Manzano.

 

En cuanto a educación, tú que ahora estás estudiando fuera, ¿son muy distintos los sistemas educativos o la exigencia formativa que tenías aquí con la que estás viviendo ahora en Holanda?

Hay algunas diferencias. Aquí los másteres científicos duran dos cursos y una gran parte de ellos se dedican a prácticas curriculares en laboratorio, ya sea en el ámbito académico o en empresas. Además en muchos casos existen programas conjuntos de estudios de máster y doctorado en torno a áreas particulares de investigación, que creo facilita el paso de los estudios de uno a otro. En cuanto a la exigencia creo que España no se queda atrás, los estudiantes universitarios salimos de los estudios de Grado muy bien preparados para afrontar los siguientes pasos de la carrera científica en el ámbito académico.

Está claro que las empresas buscan jóvenes como tú, que ahora cuentan con idiomas y experiencia internacional. ¿Te planteas volver o para los jóvenes como tú que habéis encontrado un futuro estable de su profesión se hace complicada la vuelta?

Sí claro, la vuelta a casa siempre está ahí en mente. Todavía no sé cuál será el siguiente paso en mi carrera profesional. Me queda más de un año y medio antes de finalizar mi doctorado. Aunque el tiempo pasa rápido. En mi cabeza hay varias opciones interesantes y me gustaría que alguna de ellas fuera en España. Quién sabe.

En una entrevista comentabas que el trabajo que realizas supone mucha dedicación y a veces no se ven los resultados. Eso puede desalentar a cualquiera...

En el día a día pasas muchas horas trabajando en el laboratorio y dedicando mucho esfuerzo a tu investigación. Y no siempre los resultados son inmediatos. A veces incluso un experimento puede durar años. A esto hay que añadirle que debido al carácter incierto inherente a la actividad científica, hay un componente de fracaso que siempre está ahí. Experimentos a los que has dedicado mucho tiempo pueden fallar al final del proceso y dejarte sin ninguna respuesta. Ante estas situaciones tienes que ser bastante perseverante y saber lidiar con ello. Como todo, es algo que se va aprendiendo con el tiempo y la experiencia.

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Los tres de… Cayetano Pleguezuelos Manzano

Tres películas/series: El olivo (dirigida por Icíar Bollaín, 2016), La naranja mecánica (dirigida por Stanley Kubrick, 1971) y Nuestro planeta (serie documental dirigida por Alastair Fothergill para Netflix, 2019).

Tres programas de televisión: No veo mucho la tele.

Tres canciones (o discos, u obras musicales): Difícil elegir. A día de hoy y un poco en representación de todas las demás: el disco La leyenda del tiempo, de Camarón; The grid, de Tigran Hamasyan; y Latinoamérica, de Calle 13.

Tres libros: 1984, de George Orwell; Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta, de Robert M. Pirsing; What we cannot know, de Marcus du Satoy; y Rayuela, de Julio Cortázar. Ya lo sé, son cuatro.

Tres momentos históricos: el desarrollo de internet, el auge de Atenas y el descubrimiento del ADN.

Tres lugares para visitar: Córdoba, La Rioja y León.

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Lydia López es periodista y miembro del equipo de redacción de Consumerismo.

*La foto de encabezamiento es de Cayetano Pleguezuelos.

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