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Los efectos del pan industrial

Los ingredientes del pan artesanal son harina de trigo, agua y sal; pero el pan industrial incluye hasta una docena de aditivos, algunos relacionados directamente con enfermedades como el colesterol

Por Ricardo Gamaza

Harina de trigo, agua y sal. Ningún alimento básico como el pan tiene ingredientes más sencillos. Pero la industrialización de este producto esencial ha creado el monstruo culinario del pan precongelado, que bajo el afán de producir más en menos tiempo y que dure más, ha llevado a eliminar la masa madre de los ingredientes y a sumarle a la receta inicial aditivos que, en algunos casos, están relacionados con el desarrollo de enfermedades como el colesterol.

El objetivo del negocio industrial del pan era lograr que se multiplicasen los puntos de venta, y en ese esquema de producir más a menor coste no entraban las tradicionales tahonas, que seguian mezclando harina, agua y sal y dejaban hornear el tiempo necesario. Las cifras de producción de pan en España cantan por sí mismas: con el tiempo que una tahona tarda en producir 3.000 barras de pan, una panificadora industrial produce 15.000. Y además el pan precocido congelado puede venderse a gran escala porque no requiere más que un pequeño horno para que esté disponible el producto. Así, en España hay ya más de 165.000 puntos de venta de pan, de las que sólo un 25 por ciento siguen siendo panaderías tradicionales. Hasta las gasolineras se han convertido en puntos de venta de este pan industrial, algo impensable en países como Francia, donde la cultura del pan se cuida con mimo: en el país de la baguette, por ejemplo, está prohibido que una empresa se autodefina como panadería si vende este pan precocido.

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