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¿Dientes blancos sin ir al dentista? ¡Huye!

Ante la proliferación de productos estéticos a cuyo uso se les atribuye efectos similares a tratamientos médicos, las autoridades deberían vigilar la posible publicidad engañosa y sus efectos en la salud.

Por Miguel Ángel Serrano

Una simple búsqueda en Google, un paseo por Instagram o Facebook o incluso una tarde viendo la televisión es todo lo necesario para pensar (erróneamente) que, en materia de estética, no hace falta el asesoramiento o la intervención médica. El bombardeo es constante: cremas faciales antiarrugas a las que se les atribuyen unos efectos similares o muy próximos a un tratamiento médico-estético; suplementos alimenticios que prometen facilitar de forma cuasi milagrosa una gran pérdida de peso corporal; electroestimuladores que prometen lograr una pérdida de grasa similar a la realización de jornadas maratonianas de deporte sin prácticamente sudar, etc.

La joya de la corona son los blanqueamientos dentales. De entre toda esta clase de productos que se comercializan y, sobre todo, se publicitan como si de una especie de tratamiento médico se tratase, son especialmente llamativos los conocidos como blanqueadores dentales. Pastas de dientes de composiciones diversas, enjuagues bucales, tiras adhesivas que se colocan en los dientes, moldes con luces led... Multitud de productos que, anuncian, mejorará la imagen de los dientes sin necesidad de pasar por la consulta del dentista.

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