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De esta saldremos mejores... O no

Las crisis globales remueven los cimientos y valores sobre los que se sustentan las sociedades, o al menos generan un cuestionamiento de las ideas y valores reinantes y las prioridades de quienes las conforman.

Por Olga Ruiz Legido

La crisis económica de 2008 puso encima de la mesa el debate sobre la necesidad de refundar el capitalismo y de integrar la ética en las relaciones económicas. El funcionamiento de los mercados se había olvidado de ella, pero también los reguladores y autoridades de control se habían olvidado de recordárselo. Desregulados, sin una concepción ética de las relaciones económicas y con políticas de laissez faire, laissez passer, el liberalismo ha venido construyendo un relato-respuesta a dicha crisis en un intento de corregir los errores cometidos, aquellos que nos llevaron a una crisis financiera que empobreció aún más a los pobres y enriqueció a los más ricos.

La propia banca, germen de la crisis de 2008, se sumó a ese relato y debatió públicamente sobre el papel que los bancos debían desempeñar en la sociedad en términos de servicio a la ciudadanía, a la comunidad y a los grupos concretos con los que interactúa. Trasladó un mensaje artificioso sobre ir hacia un nuevo modelo de negocio responsable, con códigos de buena conducta y canales éticos y asegurando, como así hizo en 2016 el propio presidente de Caixabank, que en la conducta empresarial no sólo era necesario cumplir la legalidad, sino incorporar "una gran vertiente moral".

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