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Yolanda Domínguez: "El lenguaje visual es arcaico, reproduce los mismos estereotipos que hace 500 años"

La artista y activista experta en género trabaja para desenmascarar el machismo normalizado en nuestra vida y dedica su último libro, 'Maldito estereotipo' a proponer una nueva "dieta de imágenes" liberadora.

Por Ángeles Castellano

Yolanda Domínguez (Madrid, 1977) es una artista visual experta en comunicación y género. Se formó en Bellas Artes y, buscando eso que llaman la esencia de lo que ella es, de lo que ella quiere comunicar al mundo con su obra, fue perfilando esa mezcla de arte, actuación y activismo en el que, a través de acciones sencillas (mover de sitio un simple elemento, descontextualizarlo) no exentas de ironía, busca dejar en evidencia la desigualdad de género y la falta de diversidad en el mundo actual. Así, ha puesto de pie a las musas de las grandes obras pictóricas (En pie!), ha llevado a la calle a mujeres reales que imitan las poses de las modelos en las campañas publicitarias para pasmo de los viandantes (Poses, 2011), llenó la Feria internacional de arte Arco de mujeres artistas con una diadema de señalización para evidenciar la falta de mujeres artistas en este tipo de eventos (Estamos aquí, 2018), entre otras acciones. Recientemente ha publicado Maldito estereotipo. ¡Así te manipulan los medios y las imágenes! (Penguin Random House, 2021), un completo libro en el que aborda la importancia de las imágenes en la vida de las personas, cómo se construyen y con qué intención, así como un recorrido histórico por los estereotipos (de género, principalmente, pero no sólo) con el objetivo de contribuir a la toma de conciencia de su sesgo. Incluso propone fórmulas para combatir ese sesgo y hacer la mirada un poco más libre y más diversa.

"Las personas que se niegan a admitir la influencia de los medios son mucho más vulnerables a ellos", dice rotunda en el primer capítulo. Y arroja algunos datos contundentes: pasamos dos tercios del tiempo que estamos despiertos frente a los medios de comunicación sin ningún tipo de filtro, o lo que es lo mismo: once horas al día frente a pantallas, pero nadie nos alerta de sus efectos. La mitad de nuestro cerebro se dedica a funciones que tienen que ver con la visión. Y Domínguez recuerda: pensamos, recordamos y soñamos en imágenes, y preferimos este formato porque lo entendemos muchísimo mejor que otros.

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