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Pedro Torrijos: "Ning˙n espacio que nos rodea es neutro, con independencia de su intenciˇn"

Arquitecto y m˙sico de formaciˇn, el autor de 'Territorios improbables' se considera sobre todo un contador de historias. En su libro, como en Twitter, desgrana los entresijos de los lugares mßs peculiares.

Por ┴ngeles Castellano

Se formó como arquitecto y como músico. De la música, aprendió lo que es el tiempo. De la arquitectura, el espacio. Después de acabar sus estudios, comenzó una carrera profesional en como arquitecto, pero llegó 2008 y la crisis del ladrillo se llevó por delante sus planes y expectativas. "Entonces me acordé de lo que me gustaba hacer cuando era pequeño y cuando era adolescente y cuando era adulto: contar historias. Y las conté". Y comenzó a escribir sobre los asuntos que dominaba en diferentes medios de comunicación. Así describe su vida Pedro Torrijos (Madrid, 1975), en su propia página web. Sería en 2013 cuando comenzó a contar en Twitter historias de lugares sorprendentes, que agrupaba con una misma etiqueta para que las historias estuvieran conectadas. La etiqueta y el interés por sus historias creció, y en 2019 nació #LaBrasaTorrijos, una serie de televisión, como a él le gusta definirlo, contada en un nuevo género literario: hilos de Twitter. Cada jueves, en torno a las 20:30, escribe en directo unas historias que recopila previamente en un Excel con el que elabora una parrilla mensual que dice contener ideas como para seguir tres o cuatro años más. De momento, dos temporadas y más de 60 hilos después, acaba de ver la luz su libro Territorios improbables. Historias de lugares que (casi) no sabías que existían, publicado por Kailas Editorial, en el que recopila (y reescribe, para adaptarse a un formato diferente) algunas de sus mejores historias, que mezcla con otras que nunca había visto la luz. En ellas habla de espacios (arquitectónicos, urbanos) peculiares, pero también salpica sus capítulos, que se beben en un par de tardes de piscina, de un cierto análisis de las sociedades en las que esos espacios se ubican, o se ubicaron, de la historia que vivimos, de quiénes somos o hemos sido, siempre en un tono divertido, amable, entretenido, pero que también invita a la reflexión. Él se considera un "entretenedor" y en una conversación telefónica en la que se muestra locuaz y atrevido, elude profundizar de más y cuenta cómo escuchar un podcast fue la chispa que encendió el fuego de dedicar su tiempo a contar el espacio.

El libro recoge 50 historias de lugares peculiares o historias relacionadas con lugares peculiares que cuentas semanalmente en Twitter, en los hilos de #LaBrasaTorrijos. ¿De dónde surge la idea de recopilar estas historias?

A partir de 99% invisible, un podcast de Roman Mars que es el modelo que me inspira. Yo escucho un episodio de este podcast, el que contaba por cierto la historia del rascacielos del Citicorp que está incluido en Territorios improbables, aunque yo lo cuento un poco más ampliada que él. Él lo hace de una manera maravillosa, pero yo lo hago más ampliada por la simple razón de que yo lo cuento después y tengo más datos.

Las historias del libro están ordenadas en cinco capítulos (Lo que ya no está; Lo que tenemos delante pero no vemos; Lo que no podemos dejar de ver; Lo que no queremos mirar; Lo que no debería existir), cada uno con su prefacio. ¿Hay alguna intención, una reflexión de fondo que vaya siguiendo el hilo de todo el libro?

Yo siempre he entendido todo esto como una serie de televisión antológica, tanto el libro como los hilos de Twitter. El lenguaje narrativo que uso en Twitter es uno específico, porque lo de Twitter es un género literario, y hay que entenderlo como tal. Pero el espíritu en ambos casos es el de una serie de televisión antológica, como podría ser Black Mirror, por decir una, aunque sin mal rollo, o dicho de otra manera, con buen rollo. Sí que hay un espíritu común, un ambiente general de descubrir el sentido de la maravilla a través de los lugares que pueblan el mundo. No tiene tanto que ver con la arquitectura, a veces sí, a veces menos, sino con todo lo relacionado con las personas dentro del mundo, del entorno físico, cómo existen ciertos lugares que son muy raros, peculiares, y otros que creías que eran normales pero si te los cuentan de otra manera te das cuenta de que también son peculiares. Ese es un poco el espíritu.

Yo sí que detecto, casi como leitmotiv, esta idea de que la arquitectura debe perseguir el objetivo de mejorar la vida de la gente, de estar al servicio de sus necesidades…

Bueno, al final lo que subyace sinceramente es que las cosas van por donde quieren ir, no por donde nosotros queremos que vayan. Tanto desde un enfoque o una perspectiva relacionada con la arquitectura, como en otros sentidos. Son historias de éxitos y de fracasos. Por ejemplo, edificios como el Pompidou, en París, es un éxito, aunque es un edificio muy peculiar, o lugares como la Casa Sutyagin, la primera historia del libro, yo no sé si es un éxito o un fracaso.

En una de las historias, sobre el Presidio Modelo en Isla de la Juventud en Cuba, abordas cómo la arquitectura y el urbanismo pueden ponerse al servicio del poder, del control social y cómo eso, desde el siglo XVII, ha ido evolucionando hasta nuestros días. ¿No esa veces nuestra mirada a nuestras propias ciudades, como ciudadanía, demasiado inocente? ¿Hay espacios urbanos que se puedan decir neutros?

No, el espacio que nos rodea nunca es neutro, otra cosa es que la intención sea más o menos neutra y luego el resultado no lo sea. En el caso de la arquitectura carcelaria evidentemente ni siquiera la intención es ser neutra. Su propio planteamiento inicial es muy posicionado, psicológica, sociológica o psicogeográficamente. Hay otros ejemplos de arquitectura que también son así: palacios, iglesias… Pero realmente ningún espacio es neutro, con independencia de su intención. Ahora, por ejemplo se habla con relativa frecuencia de un urbanismo humanitario, un urbanismo feminista, que tenga en cuenta a las mujeres… Nos estamos dando cuenta de que los espacios son para uso del hombre, y hay soluciones, como por ejemplo lugares en los que se aumenta la iluminación y comienza a ser más utilizado por mujeres y se resuelve un problema muy importante para la mitad de la población. Nadie, cuando plantea una ciudad, piensa "vamos a hacer daño a las mujeres", hasta que lo haces, y ves que se puede excluir a la mitad de la población.

Izaskun Chinchilla ha publicado recientemente un libro (La ciudad de los cuidados) que dedica precisamente a esto, a cómo la ciudad actual ha sido planificada por y para un perfil específico de usuarios (hombres blancos heterosexuales de entre 30 y 60 años, que hacen un uso productivo del espacio) y sin embargo todos, seamos ese perfil o no, asumimos que así deben de ser las cosas…

En realidad yo creo que tiene más que ver con una cuestión socioeconómica que con una cuestión racial o de género o de otro tipo. Tal como yo lo veo, tiene un eje socioeconómico. Lo que manda es la pasta. En el libro se habla mucho de esto. Uno de los episodios al que le tengo más cariño y que más me gusta es el dedicado a Heritage USA, el parque temático dedicado a Jesucristo en Carolina del Sur (EE UU), que tiene que ver con todo el dinero que acumulaban los telepredicadores norteamericanos en esa época, en la América de Reagan.

Otra de las historias del libro que refleja muy bien esta idea que tú planteas de cómo el dinero lo mueve todo es la dedicada a Kolmanskop, en Namibia, una ciudad de estilo arquitectónico alemán en medio del desierto que se levanta y tiene sentido solamente durante el periodo en el que se explotan y extraen diamantes y que luego queda abandonada.

Kolmanskop, al igual que Fordlandia [la ciudad que Henry Ford levanta en medio de la selva amazónica brasileña para que vivan los obreros dedicados a la extracción de caucho], son una analogía bastante naïve y a la vez bastante precisa sobre el colonialismo y el capitalismo, en ambos casos, en un caso por diamantes y en el otro por el caucho. No funcionaron, se largaron de allí, y fueron devorados uno por el desierto y otro por la selva. Un ejemplo que no era exactamente igual, en el que sí había colonialismo pero no era económico y por lo tanto sí funcionó es el de Ifrán, en Marruecos. Cuando se construye, el objetivo no es vaciarla de recursos porque no tiene recursos, pero lo que se hace es una ciudad de estilo alpino, pero como realmente no hay nada que sacar, realmente cuando desaparece el elemento colonial la ciudad no es devorada por la montaña, al contrario, es una ciudad que sigue funcionando a pleno rendimiento de las de mayor renta per cápita de Marruecos.

Otro tema que aparece varias veces en tu libro es la relación entre las ciudades y el turismo: por un lado, cómo ciudades o edificios pensados para otros usos terminan convirtiéndose en un reclamo turístico, pero también en lugares pensados exclusivamente para el turismo, como Disneylandia, en Florida. ¿Por qué es tan complicada la relación entre el urbanismo para lo cotidiano y el turismo que ahora parece inundarlo todo?

Disneyworld es algo tan absolutamente falso que es un lugar que sólo se visita, no se vive.Hablando de turismo, yo creo que la historia que más me gusta del libro es la de Varosha, en Chipre. Es algo absolutamente fascinante. Esto de que el turista, como viajero muy efímero, acaba colonizando un montón de cosas, bueno… Al final, salvo el Pompidou o el Palacio de Carlos V que son lugares genuinamente turísticos, el resto no lo son, a menos que tú decidas ir allí escapando de la lógica habitual de lo que es el turismo. Pero en el caso de Varosha, estamos hablando de un lugar turístico, como Torremolinos en los 80 o Gandía hace diez años, que se quedó atrapado ahí, se quedó congelado. Es como si el turismo hubiese sido una cáscara que si la quitas te queda algo que no sabes si es algo rico, profundo, complejo o si es otra cáscara vacía, y en el caso de Varosha también era una cáscara.

¿Y dónde están las señoras? En el libro salen muy pocas y la mitad son brujas, alguna prostituta, madres o esposas… Heroínas o más o menos protagonistas, sólo hay una…¿No hay señoras destacables en la arquitectura o lo que hacen –o han hecho a lo largo de la historia- no es reseñable?

La historia de los lugares es la historia de la sociedad occidental, que está, como he dicho antes, contada, generada y creada por hombres. Tampoco es un libro sobre personas, es un libro de lugares, y desde luego no hay demasiado elogio a los hombres…También son los que hacen el mal, tampoco son precisamente personas para tenerlas en mucha estima. Normalmente, cuando hago el listado de lugares para contar, mis movimientos tienen más que ver con que sean de un tipo o de otro. Es decir, tanto si la historia la protagoniza una mujer como si la protagoniza un hombre me interesa la historia del lugar, pienso más en qué tipo de historia quiero contar, si es más dura o más profunda o más suave. Eso es lo que me hace moverme. Obviamente, si hubiera habido una mujer tan irresponsable como Sutyagin y hubiese hecho una casa con semejante porte, una cabaña con 13 plantas de tablas de madera, pues por supuesto que habría estado en el libro, lo que pasa es que al fin y al cabo la sociedad es la que es y es muy improbable que una mujer rusa hubiese tenido la capacidad económica, el desempeño y que la hubiesen dejado construir eso. Hace falta ser un tío para que te dejen construir semejante monstruo, porque no tiene otro nombre.

Todas las historias son concluyentes, se refieren a momentos de un pasado más o menos cercano, no sé si leer el periódico también te inspira…

En general la actualidad es algo a lo que tengo mucha aversión, porque está muy mediatizada por un montón de factores que no dependen de la realidad. Hay factores que dentro de un año, cinco o diez vas a entender que eran directamente mentira, que no estaban pasando. Por lo tanto, tirar de la actualidad… Primero, es bastante más aburrida y segundo, me supone establecer una serie de ficciones que tampoco quiero poner negro sobre blanco sabiendo que todos cambiamos de opinión, o tenemos derecho a cambiar de opinión. Trabajar con la actualidad implica más opinar y menos contar y yo lo que quiero es contar historias, aunque claro está, también opino en muchas de las historias.

Eso te iba a decir, en el libro subyace mucha opinión, o quizás sea interpretación del lector que la busca…

Cada persona va a interpretar una cosa, va a tener una manera de verlo, y yo escribo para que el lector se divierta, no pretendo otra cosa. Pero, obviamente, yo también tengo mis opiniones sobre las cosas, tengo un posicionamiento respecto al capitalismo, con independencia de que es algo que no podemos obviar, que existe y que ocupa a la sociedad mundial, pero claro que yo tengo un posicionamiento, igual que tengo una opinión respecto a la desigualdad o del turismo como elemento de depredación, pero no es de lo que estoy hablando, no es un libro sobre esto. No es el perfil que tengo, las opiniones me las guardo para otro momento.

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Ya lo he contado alguna vez y no creo que sea pesimismo, yo creo que el espacio que habitamos va dirigido a tener una ciudad más amable, queramos o no, y en cualquier lugar del mundo, da igual que sea Madrid, con un gobierno conservador, o que sea Pontevedra con un gobierno del Bloque Nacionalista Galego o Suecia, con un gobierno socialdemócrata. La ciudad occidental va hacia un lugar mucho más amable, mucho más peatonal, mucho más amplio con mucho menos coche. No creo que sea un desafío, creo que esto ya está pasando, a la velocidad que van estas cosas, de la noche a la mañana esto no va a ser, pero por mucho que tú quites Madrid Central da igual porque va a volver. La Gran Vía ha ampliado las aceras y eso no se va a deshacer, y esto no va a cambiar, por mucho que haya gente a la que le moleste, esto no es un desafío, es una realidad. En cuanto a las relaciones con las personas, pues como digo al final de la historia del Presidio Modelo en Cuba, la relación digital es ahora mismo ya es la relación dominante y va a seguir, más allá de caricaturas y de chorradas, va a seguir dominando las relaciones humanas y por lo tanto también va a dominar los espacios de conexión entre personas. Es probable que si escribo un Territorios Improbables 8 aparezcan este tipo de espacios. La verdad es que nunca he explorado esto y es algo que me apetece explorar un poco.

Claro, no se construirá de la misma manera… Seguramente a raíz de la pandemia, después de que hayamos tenido que pasar tanto tiempo aislados en nuestras casas, esto influirá en la manera en la que se proyectan los espacios privados del futuro.

Yo soy un firme creyente de que lo que lo mueve todo es la pasta, así que creo, y no lo hago con mucha alegría, que no, que lo que realmente lo mueve todo es el dinero y que la pandemia va a cambiar muy poquito el tipo de espacios que se construyan. Se podrán cambiar algunas cosas pero de índole menor. Es posible que se pueda incluir en los edificios de vivienda un espacio adicional muy pequeño concebido como un espacio de trabajo, no sólo por la pandemia sino también por una serie de profesiones vinculadas a la tecnología. Hay profesiones nuevas vinculadas a la tecnología que genuinamente están pensadas para hacer desde casa y el espacio es importante. Pero serán cambios menores, al final se hará lo que los promotores inmobiliarios consideren que les va a dar más pasta.

En mi caso no es pesimismo, es fatalismo en el sentido más estricto de la palabra, en el sentido de que hay poco que hacer, el capitalismo como tal no va a desaparecer, se modificará, pero no va a desaparecer y si somos totalmente honestos y sinceros, el espacio habitable que hay ahora, las viviendas, son muchísimo mejores que las que había hace quince años. Podemos glorificar el pasado, porque la nostalgia tiene muchísimo peso, pero te aseguro yo, como persona que he visto muchas casas, que un piso normal de 2020 es muchísimo mejor que un piso normal de 1990. No necesariamente más grande, que habitualmente también. Y las ciudades también. Si pudiéramos trasladarnos al Madrid de 1990 lo primero que nos llamaría la atención es el olor. La ciudad de 2021 huele muchísimo mejor que la de 1990 por muchísimas razones; la principal, porque los coches contaminan menos.

No es pesimismo, es observación, que es un poco lo que yo hago, yo observo, cuento historias y luego ya el lector decidirá si le va a sacar alguna lectura adicional. Yo soy entretenedor, soy una persona que cree firmemente en el poder del entretenimiento, de hacer a la gente feliz.

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Los tres de… Pedro Torrijos

"Lo más importante es que todas estas respuestas te las doy ahora y mañana te daría otras tres distintas. Esto es una radiografía de hoy, 9 de julio de 2021".

Tres películas / series: Yo te voy a dar tres películas y tres series. La reina de África (dirigida por John Houston en 1951), Regreso al futuro (la primera) (dirigida por Robert Zemeckis en 1985) y Magnolia (dirigida por Paul Thomas Anderson en 1999). Y las tres series serían Chernóbil (producida por HBO y creada por Craig Mazin en 2019), The Terror, la primera temporada (desarrollada por David Kajganich para la AMC en 2018), y The expanse (desarrollada por Mark Fergus y Hawk Otsby en 2015), una historia de ciencia ficción sobre geopolítica, geoestrategia, etc. Tarda en arrancar, pero como entres, no sales.

Tres programas de televisión / radio: Un, dos, tres, responda otra vezde TVE (emitido entre 1972 y 1994), un triunfo absoluto de la televisión mundial y Chicho Ibáñez Serrador, su creador, uno de los creadores más importantes de este país;La bola de cristal (creado y dirigido por Lolo Rico para TVE, en emisión entre 1984 y 1988); y 99% invisible, un podcast de Roman Mars. Para mí, el mejor podcast que hay en el mundo ahora mismo. De los temas que a mí me gustan, claro (risas).

Tres canciones: El Liebestod, de Tristán e Isolda, la ópera de Richard Wagner; Manhattan, interpretada por Blossom Dearie, una cantante y pianista muy sensible de la gran época del jazz norteamericano, que para mí son los 50-60; Pyramid Song, de Radiohead, del disco Amnesiac, es una canción que te hiere, me gusta muchísimo.

Tres libros: Las puertas de Anubis, de Tim Powers (1983); Neuromante, de William Gibson (1984), libro fundacional del cyberpunk; y Los desposeídos, de Urusla K. Le Guin (1974).

Tres referentes: Urusla K. Le Guin, la absoluta reina, le tengo adoración, un genio de la literatura; Johnny Greenwood, guitarrista y compositor de Radiohead, que tiene una carrera fascinante haciendo bandas sonoras y Paul Thomas Anderson, director de cine, creo que no ha hecho ninguna mala película.

Tres momentos históricos: La llegada de San Francisco Javier a Japón, me parece lo más parecido a la conquista del espacio en la Tierra; otro, cuando las Vulpes cantan Me gusta ser una zorra en La edad de oro, de TVE en los 80, con toda la actitud ahí; y el primer paseo espacial de AlekséiLeónov, la primera vez que un ser humano sale de la cápsula al espacio, algo fascinante.

Tres lugares para visitar: El instituto Salk, en La Jolla (EE UU); el MASP, el Museo de Arte Contemporáneo de Sao Paulo, en Brasil, de Lina Bo Bardi, una arquitecta fundamental en la arquitectura latinoamericana; y Can Lis, la casita que se hizo Jorn Utzon en Mallorca en 1971, cuya relación fundamental no es tanto con el ser humano sino con el paisaje y supongo que tiene que ver también con mi manera de entender los lugares que visitar.

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Ángeles Castellano es periodista y miembro del equipo de redacción de Consumerismo.

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