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El fallido modelo neoliberal del sistema eléctrico español

A los consumidores se nos vendió que seríamos los beneficiarios indiscutibles de la liberalización del sector. Dos décadas después, el cambio de sistema sólo nos ha empobrecido.

Por Olga Ruiz Legido

A mediados de los 90, la Unión Europea hace suyo el objetivo de crear un mercado único de la energía y publica las primeras Directivas para la liberalización del sector eléctrico y gasista en 1996 y 1998. Europa inicia la liberalización de las actividades de generación y comercialización con el objetivo de dinamizar las economías, impulsar nuevos negocios, avanzar hacia una gestión eficiente de las empresas y situar al consumidor en el centro del sistema, promoviendo una mayor calidad del servicio, precios mejores y más competitivos y un consumo eficiente. Estos fueron los argumentos oficiales; los extraoficiales quedaron en la trastienda, allí donde negocian los lobistas y sus peones gubernamentales.

"El suministro de energía eléctrica es esencial para el funcionamiento de nuestra sociedad. Su precio es un factor decisivo de la competitividad de buena parte de nuestra economía". Así iniciaba la exposición de motivos de la Ley del Sector Eléctrico de 1997, norma que trasponía el marco regulatorio comunitario a nuestro ordenamiento jurídico y marcaba el impulso liberalizador del sector. Su objetivo era disminuir costes, abaratar precios, garantizar el suministro en condiciones de calidad y promover la sostenibilidad.

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