Una investigación de la Universidad de Oviedo destapa un fraude en el etiquetado de pescado congelado

El estudio revela un posible uso de especies en peligro de extinción y de pesca ilegal.

Una investigación de la Universidad de Oviedo destapa un fraude en el etiquetado de pescado congelado

El Aula de Investigación sobre Recursos Naturales-Arena, de la Universidad de Oviedo, ha destapado un fraude en el etiquetado del pescado congelado. Se trata, principalmente, de merluza y atún procedentes de caladeros africanos. El estudio apunta a una pesca ilegal, puesto que afecta a especies en peligro de extinción o no reguladas.

La Universidad de Oviedo ha expuesto los resultados, publicados en la revista Scientific Report, que indican que las "etiquetas trampa" son más comunes en aquellas especies consideradas más valiosas por parte de los consumidores.

Alba Ardura Gutiérrez, investigadora del departamento de Biologia Funcional, ha indicado que, a pesar de los esfuerzos por cumplir con un sistema de trazabilidad alimentaria, aún perdura el etiquetado incorrecto en los productos provenientes del mar. "En nuestro trabajo tratamos de determinar qué impulsa el fraude deliberado para mejorar la autenticidad y la sostenibilidad de los alimentos", ha explicado al diario El Comercio.

Dicho estudio se ha basado en una doble aproximación; en primer lugar, se realizó una encuesta sobre las preferencias del consumidor, con 1.608 personas. En segundo lugar, se analizaron mediante amplificación por PCR y secuenciación de un conjunto de marcadores de ADN 401 muestras de los pescados más consumidos, como atún, merluza, anchoa y bacaladilla.

En cuanto los resultados, se ha concluído que la asa del etiquetado incorrecto es baja, alrededor de un 1,9%, pero su implicación es relevante porque revela el uso de especies en peligro de extinción y pesca ilegal.

"Nuestros hallazgos indican un fraude intencional preocupante que obstaculiza el objetivo de la producción y el consumo sostenibles de productos del mar, y sugieren priorizar los esfuerzos de control en especies muy apreciadas", afirma Noemí Rodríguez, investigadora del Departamento de Ciencias de la Educación de la Universidad de Oviedo. "Nos alejamos así del compromiso con la agenda 2030; que invita en su objetivo 14 a erradicar la sobrepesca, a restaurar las poblaciones de peces y a eliminar la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada", añade.

Las investigadoras pretenden dar relevancia a la importancia de un etiquetado correcto, puesto que "el consumidor puede estar comprando una merluza que considera de alto valor por una de menos valor y porque, además, estamos explotando especies en peligro de extinción o no declaradas y mermando los caladeros».

El estudio ha sido fruto de una colaboración con investigadores del continente africano con los que empezaron a trabajar hace un par de años. El primer proyecto llevado a cabo en conjunto, llamado Oceanic Karma, reveló la presencia de contaminantes en el pescado africano procedentes de la basura electrónica que las potencias occidentales envían a África.

"Resulta difícil determinar si el fraude proviene de la zona de captura o no. No sabemos quiénes son los responsables. Necesitaríamos una investigación más a fondo en origen", añade Alba Ardura. Sin embargo, la investigación no se enfocará en identificar a los autores.

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