Compras

Educación para el consumo: una asignatura pendiente

Formar usuarios responsables y conocedores de las consecuencias de sus actos se erige hoy en una de las metas de la educación. Se debe aprender a consumir con prudencia y responsabilidad y a ser exigente.

Por Almudena Álvarez

El acto de consumir no es una característica que defina al ser humano, sino un acto del que participa. Pero consumir de forma racional sí es consecuencia de la libertad, que sí constituye una cualidad específicamente humana. La libertad tiene como correlato la responsabilidad y es por ello que el ejercicio de la libertad responsable precisa información y formación, en una palabra, exige educación.

Educar debe implicar aprender a pensar, ir un paso más allá e influir de tal forma en alguien, que se logre pasar de ese deber ser, a un ser por convicción y voluntad propia.

Todo sujeto precisa educarse para adquirir competencias que le permitan usar y construir experiencias axiológicas, es decir, centradas en los valores, y el acto de consumo no es diferente.

La perspectiva educativa no puede olvidar que en el momento actual el consumo no se reduce sin más a la adquisición de productos o servicios, sino que se ha hecho emotivo, propiciando la aparición de un individuo fundamentalmente voluble, sin ataduras profundas y con una personalidad y unos gestos fluctuantes.

La educación formal no debe renunciar a su misión de perfeccionar integralmente al educando ante el hecho del consumo. Al final, el proceso educativo de personalización debe resolverse en un individuo informado, autónomo, libre administrador de su vida y consumidor responsable. Sentar las bases de la educación para el consumo en la ciudadanía es un objetivo de presente y de claro futuro.

Por consiguiente, formar usuarios responsables y conocedores de las consecuencias de sus actos se erige hoy en una de las metas de la educación. Se debe aprender a consumir con prudencia y responsabilidad y a ser exigente. Sólo gracias a una formación pertinente en este terreno puede el ser humano ser libre y responsable como consumidor, ya que la presión de la publicidad, los grupos de referencia, los medios de comunicación, etc., tiene tal fuerza de persuasión que, sin la suficiente base formativa, dejan escaso margen a la decisión libre y responsable del individuo.

Por ello, las escuelas con iniciativas más integrales se deben ocupan de educar para el consumo mediante la inclusión de propuestas en sus actividades curriculares y reflexivas.

Consumo como fenómeno social

El consumo es una actividad de comunicación, homogeneización y diferenciación en una estructura caracterizada por desigualdades, diferencias y contradicciones políticas, económicas y sociales.

En este sentido, el consumo es un fenómeno social, económico y cultural cuyas dimensiones exceden la connotación reduccionista que suelen darle algunos estudiosos, al identificar este proceso como una decisión personal para la satisfacción de necesidades.

El consumo se trata de una actividad presente en todos los aspectos de nuestra cotidianidad y en muchas ocasiones se convierte en una actividad casi inconsciente y "naturalizada". Es, además, una constante durante todo el transcurso de nuestras vidas.

Las características sociales han de ser tenidas en cuenta a la hora de proporcionar una acción dirigida al usuario. La continuidad del papel como consumidor a lo largo de la vida y su evolución hacia la naturalidad del hecho hacen que sea necesario, para conseguir una mayor efectividad y practicidad de los programas y experiencias dirigidos a su educación e información, que estos tengan una continuidad en el tiempo y que se asienten en un conocimiento y acercamiento de la realidad y de los intereses de quienes van dirigidos.

Es por todo ello que se hace necesaria una asignatura en educación del consumo, de manera troncal en los currículos y no sólo como un tema transversal, como pueden ser la educación para la salud, educación para la paz, educación ambiental, educación para la igualdad entre hombres y mujeres…

La educación para el consumo como asignatura

La educación para el consumo como asignatura escolar debe ser un instrumento fundamental a la hora de formar ciudadanos responsables que asuman sus deberes y que sepan defender sus derechos. Ha sido durante todos estos años uno de los contenidos trasversales tanto en enseñanza primaria como en secundaria.

El consumo responsable, el conocimiento sobre los derechos como consumidor, así como sus deberes y el atender a criterios más allá de lo estéticamente perfecto o el dejarse llevar por la publicidad, son algunos de los temas con los que se ha de tener especial cuidado y por lo que es necesario tener una educación para el consumo en las escuelas.

Debido a la gran variedad de productos que podemos encontrar en el mercado, las empresas se han visto obligadas a crear publicidad de necesidad, es decir, hacer creer al consumidor que necesita aquello que le estamos vendiendo, utilizando estímulos externos para crear esa sensación.

La educación para el consumo debe tener como principal objetivo fomentar las habilidades, actitudes y los conocimientos necesarios para que los jóvenes se acaben convirtiendo en consumidores responsables y que sean capaces de actuar de manera crítica con aquello que se le presenta.

Los contenidos relacionados con la educación para el consumo deben darse desde que los educandos son pequeños y durante todos los cursos escolares en la educación obligatoria. Se pueden dar desde distintas metodologías, siendo así posible introducirlas en las aulas y las clases diarias en las materias obligatorias o por medio de unidades didácticas en las que se trabaje esta cuestión de una manera divertida para el alumnado con juegos o actividades extraescolares.

Dicha asignatura debería abarcar los ámbitos cognoscitivos, actitudinales, procedimentales y aplicativos.

Debe enseñar contenidos y debe fundamentarse en la información y su aprendizaje. Debe contemplar el cambio de actitudes y la conformación de nuevos hábitos consumistas, ha de dotar al sujeto de recursos y procedimientos que le permitan tomar decisiones y resolver situaciones referentes al consumo y no basta con saber cómo proceder, sino que hay que poner al sujeto en situación de actuar, por lo que también deberá desarrollar contextos de aplicación en la realidad a fin de que pueda ejercitar de forma precisa la toma de decisiones.

La necesidad de dar una respuesta a esas situaciones de consumo, que los usuarios experimentan día tras día, justifica la precisión de educar en la ciudadanía del consumidor. Ésta se entiende cuando el individuo, en su papel dentro del mercado, participa activamente en el desarrollo y mejora de la sociedad siendo responsable con sus actos y tomas de decisiones. Para ello, es necesario considerar las cuestiones éticas, la diversidad de perspectivas, los procesos globales y las condiciones futuras. Implica tomar responsabilidades de manera global, así como a escala regional, nacional y local, asegurando sus propias necesidades y bienestar personal.

Competencias que desarrollen la educación del consumidor en las aulas

Economía personal: el alumnado aprende a gestionar su economía personal y toma conciencia de la importancia que tiene saber administrarse económicamente. Realizar un presupuesto para administrar sus finanzas, evaluar las consecuencias en la toma de decisiones y comprender los riesgos, la seguridad y las responsabilidades antes de hacer una compra son algunas de las competencias que se integran en este ámbito.

Salud y seguridad en el consumo: el alumnado debe ser capaz de cuidarse, atender a criterios más allá de la estética o la publicidad al elegir los productos y aprender a distinguir esta última de la información.

Consumo responsable: el estudiante aprende a analizar los efectos que pueden tener en la sociedad, en el medio ambiente y en la calidad de vida personal sus criterios de consumo individuales. Para lograrlo, es necesario que sepa distinguir entre los distintos conceptos de calidad de los productos, sus procesos de elaboración, materiales con que se elaboran y su impacto en el entorno.

Servicios al consumidor: el estudiante debe conocer sus derechos en cuanto al consumo, pero también asumir sus deberes. Es necesario que conozca los servicios disponibles para defender sus intereses o los de la sociedad y que sea consciente de la influencia que pueden ejercer los usuarios en la calidad de los productos y servicios, tanto públicos como privados, como las oganizaciones de consumidores.

Consecuencias formativas

El poder desarrollar asignaturas troncales sobre consumo, desde temprana edad y continuadas en el tiempo, repercutiría en las nuevas carreras profesionales, despertando a una sociedad que se centrara en este ámbito y en la ecología en vez de en lo económico.

En el año 2021, las carreras que están en pleno desarrollo se centran en el big data, la inteligencia artificial, la estadística, la computación, ingenierías, técnicas de negocio….

Ya vamos tarde, en el siglo XXI ya deberíamos estar hablando de carreras profesionales centradas en economías e ingenierías ecológicas. En ciencias que estudien la viabilidad en términos de sostenibilidad del modelo económico, a través de los flujos de materiales, energía y residuos que se necesitan. Carreras que integren elementos de economía, ecología, termodinámica, ética y de un rango de otras ciencias naturales y sociales para proveer una perspectiva integrada y biofísica de la interacción entre la economía y el ambiente.

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Almudena Álvarez es responsable técnica de la Escuela de Formación Consumerista de la Fundación FACUA.

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