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¿El tiempo de la sed?

Es el recurso más acuciante para nuestra especie y, en última instancia, para la vida. La gestión del agua se revela cada vez más como uno de los grandes retos de nuestro tiempo. ¿Seremos capaces de sortearlo?

Por Guillermo F.B Hildebrandt

Cubre aproximadamente el 70% de la superficie terrestre, lo somos en un 60%. No hace falta haber ido a la escuela para entenderlo, aunque hoy en día parece necesario recordarlo: sin agua no hay vida, ni, por supuesto, seres humanos. Mientras España parece adentrarse en la enésima de sus grandes sequías, la derecha andaluza se dispone a regularizar unos pozos que permitirán sostener la más insostenible de las agriculturas y, de paso, amenazar de muerte un espacio de valor medioambiental incalculable, Doñana. Todo ello dibuja la cuestión de fondo: ¿hay escasez de ella o, como el resto de recursos, no sabemos gestionar la que hay?

Resulta incorrecto decir que Aceredo ha emergido de las aguas. Lo ha hecho de su ausencia: de la sequía. Hace poco, The Guardian, como otras veces, acertaba a orientar la agenda mediática española con un reportaje de Reuters sobre una aldea orensana que llevaba 30 años en el lecho del pantano de Lindoso. Aunque se inaguró en 1992, este embalse nació de un acuerdo entre las dictaduras de Franco y Salazar, en los tiempos en que la "pertinaz sequía" servía para justificar la miseria a la que el régimen, con su desastrosa gestión económica, condenaba al país.

Hoy, las imágenes de los curiosos paseando entre las recias y resecas, como el resto del paísaje paredes de piedra del pueblo fantasma parecen adecuadas metáforas de lo que se avecina en otras partes de España.

Galicia, como el resto de la ribera cantábrica y del balcón atlántico portugués, tiene un clima oceánico húmedo todo el año. Es, sin embargo, uno de los territorios más afectados por la falta de lluvias. La Xunta ha declararado el estado de prealerta en 12 de los 19 sistemas de abastecimiento. Cada vez parece más claro que España emboca la octava de las grandes sequías desde que se tienen registros fiables, en la década de 1960.

España, el país europeo más árido

¿Qué es la sequía? Un "tiempo seco de larga duración", según el DRAE. De forma básica, en geografía los climas se clasifican por sus temperaturas medias, pudiendo ser cálidos, templados y fríos, y según cuándo tiene lugar la sequía, un fenómeno anual en la mayor parte del mundo. Entonces, ¿hay de qué preocuparse?

España es el país más árido de Europa. El 75% de su superficie es susceptible de sufrir desertificación, un fenómeno parejo a la erosión: los suelos deforestados pierden capacidad de absorber agua, por lo que aumenta la gravedad de las inundaciones y la erosión cuando llueve y se intensifica el círculo vicioso de ambos fenómenos. Este enero ha sido el segundo mes más seco del siglo XXI y el séptimo desde que hay registros; la Aemet pronostica una primavera más seca y calurosa de lo habitual. Las reservas en los embalses apenas alcanzan un 44%.

"Hay que diferenciar sequía hídrica, que es cuando caen menos precipitaciones de lo que se acostumbra, de la sequía hidrológica. Con esta última nos referimos a que, con lo que cae, no da para cubrir la demanda. Puede llover mucho y, aún así, haber sequía hidrológica", matiza para Consumerismo Julio Barea, doctor en Geología especializado en Hidrogeología, Ingeniería Geológica y Geología Medioambiental y portavoz de Greenpeace España para estos temas. Y puntualiza: "Nuestro problema es que los consumos están disparados. Vivimos como si fuésemos Finlandia o Noruega. Pero no lo somos".

Según una reciente campaña lanzada por su organización, los tres grandes amenazas para nuestro equilibrio hídrico son el cambio climático la contaminación y la mala gestión.

¿Se puede conciliar un humedal con regadíos intensivos?

Habiendo otros, el principal punto caliente en lo que a gestión del agua se refiere, es, actualmente, Doñana. Ubicado entre las provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz, es uno de los 16 Parques Nacionales de nuestro país, Reserva de la Biosfera, Patrimonio de la Humanidad de la Unesco y ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves). En esto último reside una de las claves de su extraordinario valor medioambiental: por su privilegiada situación como cabeza de puente entre Europa y África, sirve de necesaria zona de paso para miles de pájaros en su tránsito entre el hemisferio norte y el sur.

Con 13.600 hectáreas bajo invernadero regadíos intensivos, los que más agua demandan, la provincia de Huelva es líder europea en la producción de frutos rojos. Más de 1.500 de esas hectáreas bajo plástico afectan a Doñana, un humedal que, justo por la creciente extracción hídrica durante los últimos 35 años, corre el riesgo de secarse.

La presión de los agricultores onubenses, que llevan décadas enriqueciéndose con el oro rojo, ha dado sus frutos. Alegando supuestos derechos históricos adquiridos, pero mirando ya a las próximas elecciones autonómicas, que se prevén a cara de perro, la derecha andaluza se dispone a regularizar centenares de pozos ilegales, que esquilman las reservas subterráneas de la marisma. Unos acuíferos que ya fueron declarados "sobreexplotados" por el Ministerio de Transición Ecológica. La iniciativa, que se tramita por vía de urgencia, es del PP, Ciudadanos y Vox, si bien el PSOE se ha subido al carro con su sorpresiva, o no tanto, abstención.

Embalse de Charco Redondo, Parque Natural de los Alcornocales, (Cádiz).| Imagen: Pedro Armestre (Greenpeace)
Embalse de Charco Redondo, Parque Natural de los Alcornocales, (Cádiz).| Imagen: Pedro Armestre (Greenpeace)

 

Recientemente, la organización ecologista WWF elevó el número de hectáreas que podrán acogerse a la regularización de las 1.460 previstas por la derecha a 1.903. Para Julio Barea seguir adelante con esta legalización "es una medida populista. Lo hacen, simple y llanamente, por los votos. Doñana está ya herida de muerte. Pues bien, esto supone firmar su sentencia final".

No solo a los movimientos ecologistas; el Gobierno andaluz, la ultraderecha y la tibieza del PSOE tienen enfrente a Bruselas. La Comisión Europea, en la línea de las advertencias que viene lanzando últimamente acerca de la conservación del humedal, ha mostrado recientemente su "preocupación" por la reforma que plantea la derecha.

La Huerta de Europa, ¿a qué precio?

España es el primer productor de frutas y hortalizas de la UE, con en torno a 27 millones de toneladas. Aproximadamente el 40% de la producción hortofrutícola se dedica al mercado interior y el 60% restante a la exportación, que el año pasado aumentó un 7,7% respecto a 2019, ascendiendo a 14.594 millones de euros. Los datos son del último informe elaborado por la Federación española de asociaciones de productores exportadores de frutas, verduras, flores y plantas vivas (Fepex).

"Es importante entender que cuando nos convertimos en la 'Huerta de Europa', lo que empezamos a exportar junto con nuestras frutas y verduras es agua. ¿Estamos en situación de exportar agua? Me parece evidente que no", apunta Barea, quien denuncia que "no hay conciencia política para las magnitudes del problema. Llevamos ya varias décadas en las que se dedican a cubrir unas demandas que son insostenibles. Hay que reorientar el rumbo, aunque sea impopular".

Otros puntos calientes en la gestión son humedales como la gaditana Laguna de la Janda; las Tablas de Daimiel, en Ciudad Real; el valenciano Mar Menor, en grave peligro a causa de la contaminación que origina la agricultura, o la Loma de Úbeda, con un inmenso acuífero subterráneo que lleva décadas potenciando la milenaria agricultura de olivar de la región, y al que elDiario.es dedicaba el pasado mes de octubre un especial generoso en datos, infografías y testimonios. Otro clásico es el trasvase de las cuencas hidrográficas del Tajo y el Segura, que aún da que hablar de cuando en cuando.

Además, si el sector agrícola español es el que más consume de este recurso vital alrededor de un 84 %, hay que tener en cuenta que un 66% de la superficie cultivada son regadíos que producen alimentos para el ganado. De acuerdo con un análisis de Greenpeace, la ganadería en España consume 48.000 millones de metros cúbicos de agua al año, lo equivalente a lo que consumirían todos los hogares españoles sumados durante más de 20 años. Y no solo se trata de lo que consumen las macrogranjas, sino de lo que contaminan.

Ante el creciente flujo de información relativo a la sequía que parece cercarnos, algunos tuiteros recordaban otro hecho difícil de explicar en la actual situación: cómo Iberdrola, en una senda de creciente y aún no acabada escalada en el precio de la luz, vaciaba pantanos para generar electricidad barata ante la tímida protesta y la inacción del Gobierno.

Embalse de la Viñuela (Málaga). | Imagen: Pedro Armestre (Greenpeace).
Embalse de la Viñuela (Málaga). | Imagen: Pedro Armestre (Greenpeace).

 

Un derecho humano, pero solo para unos pocos

En 2010, la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció explícitamente el derecho humano al abastecimiento de agua y al saneamiento. Desde entonces, todas las personas tienen derecho a disponer de de este recurso "de forma continuada, suficiente, salubre, físicamente accesible, asequible y de una calidad aceptable, para uso personal y doméstico". ¿Se cumple este derecho, o como tantos otros, queda en papel mojado cuando se rastrea su aplicación fuera de los países desarrollados?

2 200 millones de personas carecen de acceso a servicios de agua potable gestionados de forma segura. Unos 159 millones dependen de fuentes superficiales para beber cada día. 2.000 millones de personas se abastecen de fuentes contaminadas por heces, causa de innumerables muertes por diarrea (que se lleva a medio millón de seres humanos al año), cólera, disentería, fiebre tifoidea o poliomielitis. Se calcula que, de aquí a 2025, la mitad de la población mundial vivirá en zonas con escasez hídrica.

Según datos de la FAO, la agricultura representa el 70% de la extracción mundial de este recurso. No lo sacamos para beber, lo extraemos para regar. Y obsérvese que un 17% de todos los alimentos producidos en el mundo se pierde o se desperdicia, según el Índice de desperdicio de alimentos 2021 publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) y la organización asociada WRAP. Un informe avalado por la FAO de 2011, sin embargo, hablaba de la mareante cifra del 33 % de todos los alimentos.

La imperiosa necesidad de disponer de este recurso lo está perfilando como un posible casus belli en el futuro, según diferentes analistas. Los Estados necesitan agua, como ejemplifican bien los alarmantes casos de Líbano (agravado, además, por el hecho de que acoge a un millón y medio de solicitantes de asilo) o Irak.

Parece, efectivamente, necesario recordarlo. Los seres humanos tenemos una asignatura pendiente más: aprender a racionar el recurso escaso más acuciante para la vida.

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Guillermo FB Hildebrandt es periodista y miembro del equipo de redacción de Consumerismo.

*La foto de encabezamiento muestra el embalse de Charco Redondo(Cádiz). | Imagen: Pedro Armestre (Greenpeace).

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