Nuestros gobiernos no pueden eludir su responsabilidad ante las importaciones de productos inseguros

Nuestros gobiernos no pueden eludir su responsabilidad ante las importaciones de productos inseguros

El 56% de los productos no alimenticios inseguros detectados en la UE durante lo que va de año proceden de Asia. Es un dato objetivo que el porcentaje resulta elevado, lo cual resultaría preocupante si no tuviésemos en cuenta que ese continente concentra más del 60% de la población mundial y que empresas de todo el planeta han trasladado su producción a China, convirtiéndola, por ejemplo, en el fabricante de casi ocho de cada diez juguetes que se venden en el mundo.

Esta deslocalización de la producción de las multinacionales, que también se ubica en numerosos países del sudeste asiático, Europa oriental y América Latina, no hace otra cosa que aprovecharse de su abundante y barata mano de obra.

Los productos que se fabrican en esos países sólo están obligados a cumplir la normativa legal de los mismos, en muchos casos menos exigente que la de la Unión Europea, como de hecho ocurría en España hace años con respecto a los estándares fijados en países más desarrollados.

Eso sí, si esos productos quieren entrar en la UE, tendrán que ajustarse a nuestros estándares de calidad. Pero si no lo hacen, la responsabilidad será de las empresas que los importan y los venden y de los gobiernos que permiten su entrada sin realizar los controles que garanticen la protección de los consumidores.

No olvidemos que en España hay empresas que exportan a determinados países productos con mayores niveles de calidad de los que venden aquí. O multinacionales españolas que fabrican o venden en otros países con niveles de calidad más bajos de los aquí se les exigen.

Por tanto, no es aceptable plantear a los consumidores que dejen de comprar productos procedentes de determinados países o vendidos en ciertos comercios abiertos legalmente al público porque haya casos en los que no revistan suficientes garantías. Son nuestras autoridades las que deben garantizarnos que todos los productos que se venden en España cuentan con sus preceptivos niveles de calidad y garantías sanitarias.

Hay muchos intereses, económicos y políticos, contra el crecimiento económico de países que, como China, están siendo víctimas de informaciones sesgadas o manipuladas que pretenden cerrarle el camino del libre comercio internacional y que pueden derivar incluso en actitudes xenófobas por parte de los consumidores.

¿Debemos ser intransigentes con las carencias en los controles de países en vías de desarrollo, desbordados por el crecimiento en la producción fruto de este nuevo colonialismo de las grandes multinacionales, cuando nuestros propios gobiernos se niegan a aceptar que sus medidas para proteger la seguridad de los consumidores son claramente insuficientes?

¿Acaso no deben los países de la UE aumentar el número y la calidad de las inspecciones que se realizan en las aduanas para evitar que nuestras fronteras sean un coladero de productos que no cumplen los estándares de calidad europeos? Productos que provienen no sólo de Asia, sino también de otros continentes, incluida la propia Europa.

¿Por qué en España los gobiernos central y autonómicos no admiten que los recursos económicos, técnicos y humanos que destinan al control del mercado deben aumentar considerablemente?

La solución al grave déficit en la protección de los consumidores a nivel mundial no puede pasar exclusivamente por pedir responsabilidades a los países productores sin que los países consumidores hagan un acto de autocrítica y asuman y corrijan sus propias carencias.

Carencias que no pueden taparse con declaraciones tan inaceptables como las efectuadas el pasado 29 de junio por un portavoz del Instituto Nacional del Consumo, que afirmó que era "totalmente imposible" que en España entrasen dentífricos contaminados, garantizando que todas las autoridades sanitarias españolas estaban pendientes desde hacía un mes tras la alerta suscitada en América. Cuatro días después, FACUA salía a la calle a buscar importaciones ilegales de dentífricos y tardó menos de una hora en encontrarlos. Hoy, de las al menos veintiséis marcas que se han vendido ilegalmente en España, se sabe que como mínimo diez contienen la sustancia tóxica dietilenglicol.

Ya somos 191.166