La producción de biocombustibles y sus 'daños colaterales'

Desde hace varios meses se está intensificando un fuerte debate en la sociedad acerca de los efectos positivos y negativos que tendrá el proceso de producción masiva de biocombustibles, para hacer frente a las cada vez mayores demandas de energía y encontrar una alternativa a un producto limitado como es el petróleo.

Biocombustible es cualquier tipo de combustible que derive de la biomasa, es decir, de organismos recientemente vivos o sus desechos metabólicos, como determinados vegetales, aceites de éstos o del estiércol de las vacas.

En un análisis simplista, se puede llegar a la conclusión de que se trata de una producción alternativa al petróleo, menos contaminante y por ello más positiva. Pero sin embargo ya hay voces bastante autorizadas que se están alzando para señalar los peligros que este tipo de producción puede tener para el medio ambiente o para la producción de alimentos, sobre todo en los países pobres o en proceso de desarrollo.

Fabricar automóviles que utilicen biocombustible, en vez de productos derivados del petróleo, puede parecer una buena noticia, sobre todo cuando la sociedad sabe que los combustibles fósiles son una fuente agotable de energía y por tanto aparece como muy razonable el buscar alternativas para poder llenar los depósitos de los cada vez más millones de automóviles existentes en nuestro planeta y para hacer frente a las cada vez más elevadas demandas de energía de la industria.

Pero, ¿qué ocurre cuando los campesinos de los países pobres se lanzan, animados por sus propios gobiernos, a una carrera de imprevisibles consecuencias para dedicar sus plantaciones de maíz, de trigo, girasol, colza, etc., a la producción de biocombustible, al comprobar que dichos productos son pagados mejor si son destinados para transformarlos en biomasa? Los efectos ya se están empezando a sentir, pues comienzan a disminuir los productos para la alimentación en algunos de dichos países y con ello la elevación de su precio. A la vez, se fomenta la destrucción de parte de las selvas para convertirlas en terrenos agrícolas para atender a las nuevas demandas de la industria de los biocombustibles. Con ello se sigue aumentando la deforestación y el deterioro medioambiental en dichos países y también en el resto del planeta.

Y, ¿que está ocurriendo en los países desarrollados, como España, cuando parte de la producción agrícola ya no se destina a cultivar alimentos sino a transformarla en biocombustibles? Los resultados no se han hecho esperar y los efectos de este cambio de destino de una pequeña parte de nuestra producción están influyendo sin lugar a dudas -junto a buenas dosis de especulación- en el aumento alarmante que estamos sufriendo en los precios de productos esenciales.

Las supuestas apuestas por la defensa del medio ambiente pueden esconder los intereses económicos de grandes multinacionales. Y los daños colaterales de la producción de biocombustibles son lo suficientemente importantes, a niveles medioambientales, alimentarios y económicos, como para poner en cuestión esta supuesta alternativa a los combustibles tradicionales.

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