Dejar caer a FACUA

La noticia -no sé por qué- ha pasado bastante desapercibida: el alcalde ha dejado a FACUA, que hasta ahora había sido representante de la sociedad civil, fuera de las empresas municipales, un hecho aparentemente tan poco importante como la supresión por María Dolores de Cospedal del Defensor del Pueblo en Castilla-La Mancha. A nadie parece importarle esa ausencia aunque la organización haya gastado todos los años de su existencia en la defensa del consumidor, o sea, de Vd., de Vd, de Vd... y yo. Si con alguien se ha metido más veces FACUA es con los gobiernos (nacional, antonómico y local) de izquierdas por la sencilla razón de que la izquierda ha gobernado más veces que la derecha.

Ése ha sido su papel: defender al ciudadano de cualquier veleidad del gobierno, de cualquier gobierno, siempre proclive a cualquier veleidad. ¿Alguien recuerda que FACUA haya sido condescendiente con Monteseirín? No, y eso es lo malo. Quien se ha llevado largos años sentado en la trinchera de la oposición, aun sin ser Francis Ford Coppola, logra hacerle la foto al verdadero opositor para ponerla clavada con una chincheta en la cabecera de su cama y buscar la manera de quitárselo políticamente de en medio sabiendo que habrá paniaguados que ocupen su lugar.

FACUA ha sido una de las ramas más genuinas de la democracia; nació yendo a contracorriente de lo fácil, del camino trillado por una transición dadivosa y en una de las mentes más dialécticas a las que me he enfrentado en mi vida. FACUA ha estado siempre al lado del ciudadano, de la sociedad civil, en los grandes y en los pequeños problemas, en una pandemia y en la polémica sobre el permitir o no que se fumara en las casetas de la feria. ¿Por qué se puede dejar fuera a FACUA en las empresas públicas? Porque aquí se olvida todo. Y eso es peor.

Artículo publicado originalmente en El Correo de Andalucía el 28 de junio de 2011.

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