Dinamarca aplica un impuesto a los alimentos con grasas

Desde el pasado fin de semana, los daneses pagan hasta 33 céntimos más por cada paquete de mantequilla para tratar de reducir las tasas de obesidad y de enfermedades cardiovasculares.

Dinamarca ha tomado una medida pionera y se ha convertido en el primer país del mundo en imponer un impuesto adicional a los productos que contengan grasas saturadas perjudiciales, tales como la mantequilla y las patatas de bolsa.

Desde el pasado fin de semana, los daneses que quieran comer mantequilla o margarina pagarán 0,33 euros más por paquete, 0,09 euros extra por bolsa de patatas fritas y 0,30 euros más por cada kilo de carne picada, según publica la cadena británica BBC en su web.

Además de estos artículos, este “impuesto a las grasas” se aplicará a los aceites, productos lácteos con alto contenido graso -como crema batida y crema fresca-, y todos aquellos productos que contengan más del 2,3% de grasa saturada, entre los que están también las galletas, pasteles y dulces.

La cuantía específica de este impuesto es de 16 coronas (2,15 euros) por cada kilogramo de grasa saturada. Con esta medida, el Gobierno danés espera reducir un 10% el número de personas obesas.

Y ello, a pesar de que Dinamarca no tiene una de las tasas de obesidad más destacadas del mundo: sólo el 10% de su población está considerada como obesa. Aún así, las autoridades esperan reducir las muertes prematuras en el país como consecuencia de las enfermedades cardiovasculares.

Efectos en la práctica

También en Reino Unido, el país con la mayor tasa de sobrepeso de Europa (un 20%), se plantea tomar medida similar para reducir este problema. Otros Estados han mostrado su interés, ya que se trata de la primera ocasión para medir estos efectos en la práctica.

Según un estudio realizado en 2007 por la Universidad de Oxford, la combinación entre impuestos para comidas poco saludables y descuentos tributarios para frutas y vegetales podrían salvar 3.200 vidas al año en Reino Unido.

Además, los partidarios de este gravamen consideran que, además de salvar vidas, la recaudación de este impuesto a las grasas puede utilizarse para financiar campañas de salud sobre dietas sanas o subvenciones para instalaciones deportivas en las escuelas.

Sus detractores, en cambio, no están convencidos de que la tasa logre que el consumidor desista de comprar alimentos que le gustan. Una investigación publicada en The Journal of Consumer Affairs señalaba que el etiquetado sobre el alto contenido de grasas saturadas es más efectivo que los impuestos.

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