Actividad física y embarazo

La práctica de alguna actividad física es beneficiosa, siempre que no exista contraindicación médica.

Desde la antigüedad se ha considerado beneficioso que durante el embarazo se lleve a cabo algún tipo de actividad física de carácter moderado, así autores como Aristóteles atribuía los partos difíciles a un estilo de vida sedentario.

A medida que se ha ido avanzando en el estudio de los cambios físicos y fisiológicos que se producen durante el embarazo, las mujeres han ido recibiendo distintos consejos en cuanto a la práctica de actividad física. Actualmente el ejercicio específico para embarazadas se ha extendido, y son los propios médicos quienes aconsejan su práctica por los beneficios que reporta.

Siempre que no exista alguna contraindicación médica que lo impida, la práctica de alguna actividad física es beneficiosa. Ésta deberá practicarse de la manera más moderada posible, y dedicada a ejercitar la flexibilidad, la tonificación, y la elasticidad.

La realización de actividad física durante el embarazo ayuda al momento del parto, y a una mejor recuperación del estado físico de la mujer.

Actividades más recomendables:

Caminar: salvo contraindicación médica, con carácter general todas las embarazadas  pueden y deben caminar. Esta actividad asegura el movimiento de un gran número de músculos y se tonifican las piernas,  la espalda y el vientre. No obstante, la mayoría de los especialistas consideran que debe encuadrase dentro de un programa que indique cuánto caminar en cada etapa del embarazo. Asimismo, se considera recomendable incluir unos ejercicios de calentamiento y de flexibilidad antes y después de realizar la actividad.

Programas de actividad física conducidos: son aquellas actividades físicas programadas y conducidas por un profesional (gimnasia, danza, pilates, etc.) que se presentan mediante una oferta estructurada y con los márgenes de seguridad adecuados (personal de apoyo, materiales, instalaciones, etc.).

De entre la gran cantidad y variedad de actividades físicas que se ofertan actualmente son  destacables las llamadas clases de gimnasia de mantenimiento para embarazadas. Es una opción muy adecuada, no sólo porque guarda los márgenes de seguridad necesarios, sino porque si por la cuestión que sea no se puede asistir a una clase, la actividad se puede desarrollar en casa con la ayuda de un compañero. 

Actividades acuáticas, natación: se trata de la actividad más recomendada por la mayoría de los profesionales de diversos ámbitos.

Cuando se habla de este tipo de actividad, no sólo se refiere a su vertiente individual, sino también a la grupal, para trabajar no sólo a nivel físico y fisiológico sino también a nivel de relaciones sociales ya sea con otras mujeres en su mismo estado o con su pareja.

Por supuesto, debe existir una estructura. Cada clase debe tener un calentamiento previo  y unos ejercicios para volver a la calma.

Bicicleta: en el caso de mujeres con experiencia anterior en lo relacionado a montar en bicicleta, se pueden desarrollar suaves y agradables paseos sobre terreno plano que no pongan en peligro el equilibrio corporal. No presenten un riesgo de caídas ni traumatismo y no obliguen a la gestante a un excesivo esfuerzo que supere ciertos límites en cuanto a la intensidad del trabajo físico (Butler, 1996).

Cuando la mujer se encuentra en un estado de gestación más avanzado una buena opción es la bicicleta estática.

Correr: otro ejemplo de actividad a tener en cuenta es la carrera continua de carácter aeróbico. Esta actividad sólo se recomienda a mujeres que llevan una vida deportiva activa o muy activa y afrontan su embarazo con un buen estado físico y, sobre todo, experiencia en lo referido a la carrera continua. En estos supuestos pueden continuar con esa práctica durante su embarazo, eso sí, adaptando la actividad a ciertos criterios de intensidad y duración, así como a la superficie donde se desarrolla la práctica (Barakat, 2006. Gallo´s, 1999).

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