La PALT y COAG se oponen frontalmente a la aprobación del algodón transgénico de Bayer en España

Los apicultores españoles están sufriendo las consecuencias de la dispersión masiva e incontrolada de material genéticamente modificado en nuestro país.

La Plataforma Andalucía Libre de Transgénicos (PALT) y la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos, COAG Andalucía, rechazan frontalmente la petición realizada el pasado 28 de diciembre por la empresa Bayer CropScience para cultivar en España algodón genéticamente modificado GHB614 tolerante al glifosato, el principio activo del herbicida total Roundup®.

Estas organizaciones, entre las que se encuentra FACUA Andalucía, esperan que dicha petición sea denegada, puesto que se trata de una opción innecesaria y peligrosa, que además supone un paso atrás y un obstáculo en el camino emprendido por el sector.

En ese sentido, COAG recuerda que los algodoneros españoles, siguiendo las demandas de la UE, han apostado por un cultivo más respetuoso con el medio ambiente. El algodón está manteniendo la actividad de las explotaciones en las zonas productoras, ante la falta de alternativas agrícolas viables.

Los algodoneros están haciendo un gran esfuerzo para conseguir un manejo más eficiente y no necesitan un algodón que se pueda bañar  con un herbicida total. Desde 2006, alrededor del 80% de la superficie de algodón se realiza en producción integrada, con apoyo del programa agroambiental. Esto ha supuesto el abandono del acolchado plástico, una disminución del uso de agua (30%) y fertilizantes (40%) y una reducción importantísima en los tratamientos con plaguicidas y herbicidas.

Todo esto se expone en un documento recientemente remitido por el sector a la Comisión Europea, en el que se explica además que la mejora del manejo contribuye a reducir tanto los costes de producción como el impacto ambiental del algodón, mejorando la polinización al favorecer la actividad de los insectos. Esta línea de trabajo también ha traído consigo la creación de empleo cualificado en el medio rural.  A este respecto es significativo que Grecia, el principal productor de algodón de la UE, también rechace abiertamente los OGMs.

Los cultivos transgénicos no solucionan los problemas de los productores. Antes al contrario, contribuyen a crear otros problemas: caída de la renta, aparición de nuevas plagas, fortalecimiento de plagas secundarias, transferencia de la resistencia a herbicidas totales a las malas hierbas, destrucción de la biodiversidad con la creación de "desiertos verdes". A todo ello hay que sumar los posibles daños en la salud que podrían causar.

Por si esto fuera poco, la aprobación del algodón transgénico vendría a complicar aún más la situación de nuestros apicultores, que tienen bloqueado el 50% de su última cosecha tras la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de la UE (TSJUE) del 6 de septiembre de 2011, declarando no apta para su comercialización en la UE las mieles que contengan polen OGM. Desde entonces, la miel y el polen españoles están bajo sospecha.

Parece paradójico que mientras la administración alemana retira las mieles con polen transgénico de las estanterías de los supermercados y los consumidores alemanes rechazan masivamente el consumo de OGMs, las multinacionales como Bayer vienen a proponernos que cultivemos más transgénicos y sigamos dispersándolos por nuestros campos. Según datos del MARM, en España se cultivaron la pasada campaña cerca de 100.000 ha de maíz genéticamente modificado MON810, de la empresa Monsanto. Nuestro territorio acogió casi el 50% de los ensayos con OGMs de la UE. El sector apícola español, el más importante de toda la UE, está sufriendo las consecuencias de esa dispersión masiva e incontrolada de material genéticamente modificado.

La presencia de polen OGM en las mieles viene a demostrar, una vez más, que la coexistencia es imposible. La normativa europea autoriza a los estados miembros a "tomar las medidas necesarias para evitar la presencia de OGMs en otros productos", incluyendo "la prohibición del cultivo de OGMs en amplios territorios". Dado que la libertad de producir transgénicos elimina la libertad de otros a producir sin transgénicos, el Estado Español puede y debe paralizar el cultivo de OGMs y apostar por unos campos llenos de vida y de futuro.

En este sentido, ante el rechazo social y político que los cultivos transgénicos provocan en Europa, recientemente la multinacional alemana BASF ha decidido trasladar a EEUU y América del Sur la mayor parte de sus investigaciones.

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