La gran mentira de la liberalización eléctrica

Quienes dictan las tarifas son las propias eléctricas a través de una subasta-trampa cuyos resultados ya conocen antes de que se celebre.

Mientras el Gobierno echa otro cable a las eléctricas, quizás para que en 2012 consigan ganar los 10.000 millones de euros que solo rozaron el año pasado, los usuarios nos llevaremos un nuevo calambrazo cuando llegue el recibo correspondiente al mes de julio.

La luz ha subido este mes más de un 4%. No ha sido ninguna sorpresa, porque quienes dictan las tarifas que se publican en el BOE son las propias eléctricas a través de una subasta-trampa cuyos resultados ya conocen antes de que se celebre.

En 2002, el Gobierno anunció que gracias a la liberalización eléctrica bajarían las tarifas por la competencia que supuestamente se generaría. Fue la gran mentira de la liberalización eléctrica. Hoy, diez años después, el usuario medio paga un 81,4% más que entonces, según el último análisis de FACUA-Consumidores en Acción.

Con las tarifas vigentes desde julio, un usuario con una potencia contratada de 4,4 kW y un consumo de 366 kWh mensuales, la media en España según un análisis realizado por FACUA sobre más de 50.000 facturas, abonará un recibo de 77,68 euros (impuestos incluidos). En 2002 pagaba 42,83 euros al mes. La diferencia, 34,85 euros, nada menos que 418,20 euros al año.

Pero, ¿por qué suben las tarifas?

A finales de la década de los 90, el entonces presidente del Gobierno y hoy asesor externo de Endesa, José María Aznar, aprobó el sistema que ha servido para justificar las subidas tarifarias los gobiernos sucesivos.

Se trata de una peculiar subasta donde pujan todos los métodos de producción de electricidad y el más caro determina el precio final. Un precio que está decidido de antemano por las dos principales generadoras: Endesa e Iberdrola.

Lo que sale de la subasta va al BOE. Porque el precio del kWh que se fija en el mercado mayorista determina el que se aplicará al consumidor doméstico en la tarifa que fija el Gobierno, que actualmente se denomina Tarifa de Último Recurso (TUR).

Curiosamente, Aznar prefirió no aplicar el sistema que inventó y de lo dejó en herencia a sus sucesores. Como durante años el primer presidente popular aplicó subidas muy por debajo de lo que exigía la subasta, provocó el llamado déficit de tarifa: la supuesta cuenta pendiente que los usuarios tenemos con las compañías por no haberles pagado en su momento la luz a la tarifa que ellas habían decidido.

En resumen, el modelo de liberalización que diseñó Aznar y que Zapatero no hizo más que empeorar con medidas como la facturación mensual con lectura de contadores bimestral que tanto desconcierto viene provocando sobre el consumo real de los usuarios, sólo ha beneficiado al sector eléctrico.

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