Las portabilidades eternas y el 'síndrome del teléfono invisible'

A diferencia de lo que ocurre con los vuelos, sufrir un gran retraso o una cancelación en una portabilidad no da derecho a una compensación económica.

La crisis económica que sufrimos los consumidores está provocando que, con el objetivo de ahorrar, aumente una modalidad especial de viaje low cost. Viajamos de una compañía telefónica a otra con nuestro número como único equipaje para lograr mejores tarifas -o conseguir un móvil que ilusamente creemos que nos saldrá más barato-.

Viajes que acaban de aumentar de velocidad con una nueva norma que obliga a que las portabilidades se hagan efectivas en dos días.

El problema es que al igual que ocurre con multitud de vuelos de las aerolíneas, en ocasiones las portabilidades se convierten en un viaje fallido en el que nadie nos cuenta qué problema lo está retrasando ni cuándo llegaremos a nuestro destino.

Y a diferencia de lo que ocurre con los vuelos, sufrir un gran retraso o una cancelación en una portabilidad no da derecho a una compensación económica.

Invisibles de repente

Para colmo, hay quienes aterrizamos en nuestra compañía de destino -ya sea a la hora prevista o con retraso de uno o varios días- y se encuentra con que tras el traslado, muchas de las personas con las que hablaba habitualmente dejan de llamarle.

Pasan las horas, los días, las semanas... y parece que los amigos o conocidos de siempre se han olvidado de nosotros. Hasta que descubrimos que somos víctimas del síndrome del teléfono invisible.

Resulta que cuando nuestro número se instaló en el nuevo operador, hubo compañías que no se enteraron. Así que cuando sus clientes marcan nuestro teléfono, la llamada coge un camino equivocado pensando que seguimos viviendo en la telefónica de la que nos mudamos. Y se pierde en el limbo de las comunicaciones porque nuestro teléfono es invisible para la compañía que no actualizó nuestros datos cuando se produjo la portabilidad.

Y lo peor es que cuando reclamamos por este motivo a nuestra nueva compañía o al operador desde el que no podemos recibir llamadas, es frecuente que sus servicios de atención al cliente no sean capaces de entender el origen del problema e incluso en ocasiones hagan creer a los afectados que está causado por fallos puntuales de cobertura.

Un cambio regulatorio con carencias

En su supuesto afán por fomentar la competencia en el sector de las telecomunicaciones móviles -ya podía regular una tarifa como ha hecho Bruselas con el roaming-, el Gobierno ha completado una iniciativa del Ejecutivo anterior para que las portabilidades se realicen mucho más rápido. Pero obviando cuestiones especialmente trascendentes en lo que a los derechos de los consumidores se refiere.

Desde el 1 de junio, los usuarios no tienen que aguantar una larga espera para cambiar de operador, aunque también se les acorta el tiempo para arrepentirse por pensárselo mejor o porque la compañía que va a perderlo le haga una contraoferta.

Ahora, las portabilidades móviles -en breve se acelerarán las fijas- tienen que hacerse efectivas en dos días. La gran mayoría de medios de comunicación ha hablado de 24 horas, pero hay que tener en cuenta que hay un doble trámite ya que hay dos compañías de por medio: la donante y la que recibe la transfusión de su cliente -para que ahora sea ella la que le chupe la sangre si tiene unas elevadas tarifas y lo ha seducido con un móvil vinculado a una larguísima permanencia-.

Con la resolución que ha entrado en vigor el 1 de junio, "las acciones necesarias para validar la solicitud de portabilidad y adecuar las redes se realizan dentro del día laborable siguiente a la solicitud por parte del abonado". Con esto, "una vez realizadas estas adaptaciones, el usuario dispondrá de su número plenamente operativo en la red del operador receptor en la madrugada del segundo día desde que el cliente/abonado acordó el cambio con el operador receptor".

Es decir, un usuario que pida la portabilidad un lunes, tendría su número portado y plenamente operativo a primera hora del miércoles, concretamente a partir de las 6.00 horas.

Esta reducción de los plazos responde a las reivindicaciones de distintas empresas y organizaciones, entre ellas FACUA-Consumidores en Acción, que a comienzos del año pasado solicitó a la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones (Setsi) y la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT) que se fijase en dos días. El problema es que no han tenido en cuenta el resto de peticiones que les formuló.

FACUA reclama compensaciones económicas

Y es que FACUA pidió que las portabilidades se completen en dos días desde la petición del usuario, tal y como establece la resolución que acaba de entrar en vigor, pero también que se fijasen compensaciones económicas por cada día de retraso.

Unas compensaciones que, como es lógico, también demandó para el consumidor que después de realizar una portabilidad no pueda recibir llamadas de determinadas compañías al no haber actualizado sus datos para enrutar las llamadas a su nuevo operador.

Curiosamente, cuando se dan incidencias en las portabilidades, las compañías sí están obligadas a abonar indemnizaciones a los operadores afectados por ellas, pero no a los clientes.

De momento y hasta que éste u otro Gobierno tenga a bien aumentar nuestros derechos, es importante conocer que, aunque habrá que pelearlo, podemos reclamar una compensación económica cuando se produzcan retrasos en las portabilidades, si es que éstos nos dejan sin línea, o nos quedemos sin poder recibir llamadas de determinadas compañías durante un periodo de tiempo.

Por analogía podemos exigir las indemnizaciones por interrupciones en el servicio establecidas en la Carta de derechos del usuario de los servicios de comunicaciones electrónicas (Real Decreto 899/2009, de 22 de mayo).

Son cantidades ridículas y deberían revisarse, pero es lo único reclamable de momento, salvo que acreditemos que el problema de estar incomunicados nos ha causado un perjuicio económico. Si lo cuantificamos y demostramos, podríamos obligar a la compañía responsable a indemnizarnos.

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