Desarticulada una red que exportó fraudulentamente más de 139.000 toneladas de harinas cárnicas

A cuarenta y una empresas de diversos países extracomunitarios, principalmente de Asia y África. El valor de la mercancía supera los 23 millones de euros.

La Guardia Civil ha desarticulado una red que durante cuatro años exportó más de 139.000 toneladas de harinas cárnicas y gallinazas mezcladas con otros productos a 41 empresas de diversos países extracomunitarios, principalmente de Asia y África, valoradas en 23 millones de euros.

El operativo que ha permitido esta desarticulación, bajo el nombre de operación Chandal, se ha saldado con tres personas detenidas y otras 68 imputadas por los delitos contra la salud pública, falsedad documental, estafa, contra la hacienda pública, contrabando, asociación ilícita e insolvencia punible.

La investigación arrancó a raíz de un informe emitido por los servicios periféricos de la Consejería de Agricultura de la Junta de Castilla la Mancha sobre irregularidades detectadas en las empresas investigadas durante los controles oficiales efectuados. Estas empresas utilizaban para la fabricación de piensos subproductos animales no autorizados y contenían sustancias que podrían ser perjudiciales para la salud animal y el medio ambiente, incumpliendo el Reglamento Europeo que regula estos productos.

Los miembros de la red introducían harinas cárnicas en una empresa de Minglanilla (Cuenca) procedentes de industrias de transformación de cadáveres y gallinaza, subproductos cuyo único destino permitido, tras ser sometido a un tratamiento previo, es el vertedero o la incineradora. Para ello, falseaban los documentos que justificaban la trazabilidad de los movimientos de subproductos animales, contando con la colaboración necesaria de una empresa de transportes y de otra encargada de la gestión de un vertedero.

En algunos casos exportaban directamente la mercancía desde el Puerto de Valencia, y en otros, se la vendían a operadores intracomunitarios que se encargaban de exportar la mercancía desde la capital del Turia o la enviaban a puertos de Italia y Chipre, desde donde la remitían a países externos a la Unión Europea. Con este proceso pretendían evitar el control de la Aduana Marítima del Puerto de Valencia a las empresas que se estaban investigando.

Por otro lado, crearon una empresa en Chipre para vender la harina cárnica elaborada en España mediante movimientos intracomunitarios que están exentos de declarar su exportación. Los documentos necesarios para exportar harinas cárnicas en este país van acompañadas por un documento comercial que se extrae de la aplicación Traces (sistema informático veterinario integrado que facilita los trámites aduaneros de las mercancías) y necesitan de una autorización previa de destino para su envío.

Asimismo, en Panamá crearon otra empresa con la que facturaban parte de la harina cárnica elaborada. El dinero adquirido por dichas ventas era ingresado en una cuenta de un banco suizo. Con estas operaciones consiguieron evadir el capital obtenido a la Hacienda pública española.

Para evitar que los Servicios de Inspección portuaria de España, Italia o Chipre detectasen la exportación de la harina cárnica, la red declaraba la mercancía como abono, fertilizantes o cereales, entre otros, y la ocultaban entre productos vegetales que situaban en la parte más próxima a la puerta de los contenedores.

Durante la operación se han intervenido 22.000 documentos y facturas, 3.614.000 kilos de gallinaza, 25.000 kilos de una mezcla de gallinaza, cascarilla de arroz y pulpa de naranja, 7.000 kilos de serrín o grasa de pollo, así como equipos informáticos, teléfonos móviles y un vehículo.

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