Tal como decíamos, al pueblo no se le puede engañar siempre

“Al pueblo se le puede engañar una y varias veces, pero no se le puede engañar siempre”. Lo decíamos en el editorial del número 166 y los hechos han demostrado que así es. En las elecciones europeas del pasado 25 de mayo el pueblo español ha castigado duramente al PP como partido gobernante que ha perdido 2,6 millones de votos y ocho escaños, en relación a las anteriores Elecciones Europeas. Es decir, más de cinco millones de ciudadanos que han castigado las políticas de recortes y de obediencia a los intereses de los mercados.

Lo decíamos entonces y lo seguimos manteniedo ahora. La crisis económica provocada por la rapiña insaciable de los poderes financieros ha sido utilizada por el Gobierno para justificar un recorte de derechos esenciales como la sanidad y la educación pública. Sin embargo, esta cascada de recortes de derechos y prestaciones ha provocado una amplia indignación en la población española.

También ha generado un desprestigio de casi todas las instituciones del Estado, que no está contrarrestada por las cifras maquilladas que el Gobierno está presentando para trasladar a la opinión pública que la situación económica de los españoles está mejorando y que la crisis se ha superado. Porque los ciudadanos saben que todas las medidas han sido adoptadas a costa de los trabajadores, pensionistas, pequeños y medianos empresarios, etc.

Todo este descontento, tal y como anunciábamos, ha terminado materializándose claramente en
el resultado de las Europeas. Los ciudadanos ven cómo la cacareada mejora de la competitividad de nuestro país se está logrando a costa de disminuir los salarios de los trabajadores, y así lograr que las inversiones en España sean atraídas gracias a los bajos salarios y a la mayor facilidad para los despidos, como explicábamos en el número de principios
de año de esta revista. Del mismo modo ocurre con la disminución del paro, propiciada a través de la salida de cientos de miles de jóvenes bien preparados que se ven obligados a buscar trabajo en Europa y en otros países emergentes.

Los españoles han opinado en las urnas en contra de que se mantengan medidas como los intentos de privatización de la sanidad pública madrileña, sobre cuyo fracaso reflexionábamos
en la revista 166. Su falta de éxito es un triunfo claro, comandado por la AFEM y la Marea Blanca, de la resistencia que la sociedad española está ejerciendo en defensa del Estado del Bienestar, que han expresado su malestar en sus votos.

El resultado electoral debería ser interpretado por el Gobierno de Rajoy como que sus medidas
de recortes económicos, sociales y de derechos políticos no solo tendrán costes judiciales, sino
que, después de los últimos comicios, es probable que en las siguientes citas con las urnas se
vuelva a comprobar la oposición de los ciudadanos ante las actuaciones que se llevan a cabo en
contra de sus intereses. Tal y como decíamos en nuestro editorial del número 166 que ocurriría en las Elecciones Europeas.

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