La lucha que nos une

Las reclamaciones contra las compañías de telecomunicaciones, energéticas y la banca siguen creciendo durante el primer semestre de 2014, alcanzando sus máximos históricos. Las telecos, el sector líder en denuncias desde hace más de una década, ha acaparado el 37,6% de las tramitadas por FACUA entre enero y junio de este año. Son más de siete puntos por encima de las quejas que provocaron en el mismo período del año pasado, cuando se situaron en el 30,1%.

Bancos y entidades financieras representan el segundo sector con más reclamaciones de los usuarios en FACUA, con el 19,3% del total. Su máximo histórico se produjo en 2013, cuando supusieron el 27,3% motivado fundamentalmente por las abusivas cláusulas suelo. Las compañías de electricidad y gas alcanzaron el 11,2% de las denuncias, un nuevo récord tras el 8,9% que provocaron en 2012, cuando se situaron por primera vez en la tercera posición del ranking.

Empresas energéticas, telecos y bancos comparten pódium como sectores más conflictivos en sus relaciones con los consumidores, pero no sólo eso comparten. Comparten dueños, comparten importantes beneficios, comparten cartel con políticos influyentes, comparten subidas de retribuciones de sus directivos, comparten cláusulas abusivas, comparten despidos masivos, comparten cortes de servicios y suministros básicos a las familias por impago, comparten contrataciones irregulares, comparten falta de información a los usuarios, comparten precios abusivos…Toda una hermandad del capital al servicio de ellos mismos.

Pero sus lazos fraternales van más allá, haciendo partícipes de su gran camaradería a los gobiernos. Exministros (y exministras) se distribuyen entre sus Consejos de Administración, coadyuvan en el diseño de las políticas públicas y contribuyen a dar respuestas a grandes preocupaciones: evitar que el sistema financiero se vea resentido por las reclamaciones de una ciudadanía que protesta contra sus prácticas abusivas y sus estafas; legislar para que suministros energéticos básicos no lleguen a familias que no puedan afrontar su pago; evitar regímenes sancionadores disuasorios con los fraudes o impedir que cometer abusos y lesionar gravemente los derechos de los consumidores sea un obstáculo para acceder a contratos públicos, entre otros asuntos de Estado.

Es la gran hermandad del capitalismo globalizado, frente a la que, nosotros, los consumidores, deberíamos responder con una alianza mayor y más poderosa, la de la ciudadanía unida defendiéndose frente a los abusos. El derecho de elección con el que pretenden engatusarnos no está hoy en elegir entre tal o cual producto. Radica realmente en decidir si queremos o no seguir sosteniendo y alimentando un sistema deshumanizado, que antepone el capital a los derechos humanos más básicos. Ésta es la disyuntiva y luchar contra dicho sistema la opción que debiera unirnos a los consumidores.

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