Realizado por el Departamento de Economía de la Universidad de Zúrich y publicado por la revista Nature

Un estudio culpa a las políticas corporativas de los bancos de las conductas deshonestas de sus empleados

Expertos y autoridades de supervisión sugieren que los trabajadores del sector financiero deberían suscribir un código ético de comportamiento profesional similar al juramento hipocrático de los médicos.

La revista Nature acaba de difundir un estudio que presenta argumentos que demuestran el premeditado comportamiento deshonesto puesto en práctica por los bancos para con sus clientes.  

Según informa el diario 20minutos.es, los investigadores del Departamento de Economía de la Universidad de Zúrich (Suiza) reclutaron por internet a un grupo de 208 empleados de banca: 128 pertenecientes a una gran multinacional y ochenta a otras entidades menores.

Los autores han concluido que los empleados de banca no son intrínsecamente deshonestos, pero que practican conductas fraudulentas inducidos por las políticas corporativas de las entidades para las que trabajan.

A cada uno de los voluntarios se le pidió que tomara una moneda para jugar a cara o cruz, con las instrucciones de repetir el lanzamiento diez veces según las siguientes reglas: en cada tirada se le informaba previamente de la ganancia asociada a cada resultado, veinte dólares si salía cara y cero si salía cruz, o al revés.

Es decir, que en total el beneficio podía ascender a 200 dólares si el participante lograba en todos los casos la jugada ganadora. Ahora bien, se informaba a los voluntarios de que sólo podrían cobrar su ganancia si esta igualaba o superaba la de un sujeto de un estudio piloto seleccionado al azar.

Los participantes debían realizar el experimento en la intimidad de sus casas y luego informar del resultado. Los responsables del estudio añadieron un factor para distinguir entre la conducta personal y profesional de los voluntarios.

Todos debían completar una encuesta antes de comenzar el experimento, pero para algunos el cuestionario estaba referido a su labor profesional, con preguntas tales como ¿cuál es su función en el banco?, mientras que el resto recibía sólo preguntas de carácter personal, del tipo ¿cuántas horas ve la televisión a la semana?.

Por último, a modo de control, se repitió el experimento con otros dos grupos de voluntarios formados respectivamente por estudiantes y por empleados de empresas no relacionadas con la banca. El resultado fue que el grupo de banca al que se había orientado hacia su labor profesional informó de un 58,2% de jugadas ganadoras, frente al 51,6% en los que habían contestado a las preguntas personales. La estimación de mentiras en el grupo del experimento fue de un 16% (frente a un 3% en los controles), correspondiente a un 26% de individuos que falsearon sus tiradas. En los grupos de control, el porcentaje fue similar al de los empleados de banca orientados al terreno personal.

"Nuestros resultados sugieren que las normas sociales en el sector de la banca tienden a ser más indulgentes con el comportamiento deshonesto, contribuyendo así a la pérdida de reputación del sector", indica uno de los coautores del estudio, Michel Maréchal.

Otro de los coautores, Alain Cohn, propone que los empleados de banca sean incentivados para ser y parecer más honrados: "Los bancos podrían fomentar la conducta honesta cambiando las normas sociales implícitas del sector". También recueda que "varios expertos y autoridades de supervisión sugieren, por ejemplo, que los empleados de banca deberían pronunciar un juramento profesional, similar al juramento hipocrático de los médicos".

Peor reputación que los presos

Como dato adicional curioso, los investigadores realizaron una encuesta destinada a examinar la reputación de los empleados de banca entre la población. Para ello preguntaron a los participantes cuál creían que sería el porcentaje de jugadas ganadoras declarado por los empleados de banca. A otros encuestados se les hizo la misma pregunta, pero relativa a otros colectivos, como los presos, los médicos o la población general.

El resultado fue que la percepción de la honestidad de los bancarios es aún más negativa que la realidad, ya que la encuesta arrojó un 64% de jugadas declaradas como ganadoras, lo que corresponde a una tasa de fraude del 27%. Los empleados de banca quedaron peor retratados que los presos, siendo los médicos percibidos como los más honestos a juicio de los encuestados.

En un comentario adjunto al estudio, la investigadora en economía Marie Claire Villeval escribe que"los incentivos y la cultura de negocio desarrollada en el sector financiero pueden minar las normas de honestidad de los empleados ordinarios. Estos resultados confirman algunas opiniones populares sobre las prácticas del sector financiero y tienen implicaciones directas: es crucial asegurar una cultura de negocio de honestidad en este sector para restaurar la confianza en él".

Por último, Villeval añade que "se podría utilizar el mismo método para probar si la honestidad de los políticos se ve afectada negativamente por un condicionamiento hacia el entorno político cuando los participantes se enfrentan con oportunidades de ganancia política".

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