FACUA denuncia la falta de unidades especializadas en el tratamiento de las alergias en la Sanidad Pública española

España sólo cuenta con la tercera parte de alergólogos de los recomendados por la OMS.

La Federación de Asociaciones de Consumidores y Usuarios de Andalucía (FACUA) critica la falta de especialistas en el tratamiento de las alergias. La Sanidad Pública española sólo cuenta con poco más de 300 alergólogos, mientras que el 18% de la población padece alguna alergia.

FACUA denuncia la escasa implantación de unidades especializadas en alergología en los centros sanitarios y el hecho de que los médicos especialistas en alergias están repartidos muy irregularmente por el territorio nacional, especialmente si tenemos en cuenta la extensión geográfica de las distintas comunidades autónomas españolas. Esto supone problemas de listas de espera y el desvío de pacientes hacia especialistas en otros campos.

Andalucía, aun siendo una de las comunidades españolas con mayor número de especialistas, adolece de una escasa implantación de la asistencia alergológica. En ésta comunidad sólo hay once centros con especialistas alergólogos: Almería, Córdoba, Granada, Huelva, Jaén y Málaga cuentan con un único centro, mientras que Cádiz tiene dos y Sevilla tres.

La falta de especialistas en el tratamiento de las alergias acarrea un problema añadido: no pocas veces, los pacientes alérgicos son atendidos por otros especialistas. Para la Administración, todos los enfermos están atendidos, sea o no por un especialista en alergología. Con ello, el paciente puede ser tratado por diversos especialistas para cada uno de sus síntomas, con la consecuente falta de visión integradora de los síntomas alérgicos. El riesgo de no aplicar el tratamiento adecuado es alto, y el coste se multiplica con la administración de medicamentos destinados a tratar los síntomas de la dolencia, y no a atajarla.

FACUA pone de manifiesto que la escasez de centros asistenciales públicos, especialmente en determinadas zonas de la geografía española (incluida Andalucía), y el reparto desigual de especialistas, genera un grave problema de listas de espera. Precisamente, una de las causas más alarmantes del fracaso de muchos tratamiento es el abandono de los mismos provocado por las largas listas de espera en las consultas de alergología, de forma que no es extraño que el paciente acuda a revisión varios meses después de haber terminado alguna fase de su tratamiento.

FACUA advierte que la amplia y creciente repercusión de las afecciones alérgicas requiere una política asistencial que se muestra insuficiente en la realidad de nuestros centros sanitarios. En las grandes ciudades o en las áreas de alto desarrollo industrial, el 25% de la población presenta algún problema alérgico, reduciéndose este porcentaje hasta el 12% en las zonas rurales. Por tanto, un promedio del 18% o el 19% de la población española presenta algún síntoma alérgico, es decir, unos siete millones de personas. De este colectivo, se calcula que aproximadamente la mitad precisa asistencia médica especializada.

Esta realidad es la que condiciona la deficiente atención alergológica en España. Aunque la Organización Mundial de la Salud señala como óptima la presencia de un alergólogo por cada 50.000 habitantes, la situación en España es bien diferente: en nuestro país contamos con sólo 0,29 alergólogos por cada 50.000 habitantes.

De hecho, contemplando sólo la Sanidad Pública, únicamente Segovia y Guadalajara sobrepasan la media recomendada por la OMS, Vitoria la iguala y el resto de provincias son deficitarias en cuanto a atención especializada. Esta circunstancia se ve empeorada por el hecho de que la distribución de especialistas en el territorio nacional no es homogénea, sino que el mayor número de ellos se concentra en los grandes núcleos urbanos. De esta forma, grandes extensiones de la geografía se encuentran con muy pocos especialistas o incluso ninguno.

El coste económico generado por el padecimiento de alergia no se reduce únicamente a los costes directos (asistencia médica, hospitalización, investigación, consultas, medicamentos, análisis...), ya que la incidencia de las alergias acarrea una serie de costes indirectos o derivados, como las bajas laborales, la disminución de la productividad, las ausencias escolares o la mortalidad.

A esto hay que añadir el gasto que supone el desplazamiento de las personas afectadas hasta los centros en los que pueden ser atendidos por especialistas alergólogos. Algunos expertos han estimado una cifra en torno al medio billón de pesetas entre costes directos e indirectos. A este respecto, a mayor número de especialistas, menores son los costes directos, ya que se distribuyen mejor los recursos.

Estos costes son especialmente importantes en aquellas áreas en las que hay una escasa atención especializada, ya que es aquí donde el gasto farmacológico se dispara. En este sentido, advierte FACUA en su informe, el tratamiento de las enfermedades alérgicas con vacunas reduce el coste económico del tratamiento a largo plazo, a la vez que previene de la recaída de los niños en su edad adulta.

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