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FACUA.org - España - 23 de agosto de 2017

Por qué comprar vino con tapón de corcho ayuda a la naturaleza

El tapón de corcho está siendo sustituido por tapones sintéticos, lo que ocasiona como efecto colateral que se pierda una rentabilidad básica para un ecosistema esencial del Mediterráneo: el alcornocal.

Dicen los expertos que un vino que se precie tiene que llevar un buen tapón... Si hasta ahora el corcho era el material típico que se encontraba en las botellas de las grandes bodegas, de un tiempo a esta parte ciertos sectores del mercado están intentando que otros materiales sintéticos desplacen al corcho. Se trata de productos nuevos como son tapones de plástico, metálicos, de chapa, silicona… que están adquiriendo una cuota de mercado como tapamiento de los vinos. Estos tapones tienen problemas, además de que son menos respetuosos ambientalmente en su producción ya que requieren de procesos industriales.

La importancia del uso del tapón de corcho reside en que es la garantía de supervivencia para el ecosistema del que se extrae: el alcornocal. El hecho de que exista una industria del corcho obliga o favorece la existencia del monte alcornocal. Pero al mismo tiempo una buena gestión del monte alcornocal favorece que el producto que se obtiene cada vez sea mucho mejor, con lo cual el producto que se ofrece al consumo sea de mucha mayor calidad.

El descorche, una actividad tradicional que ha unido desde antaño al hombre con su medio ambiente, empieza a estar en declive. Cada siete o nueve años, los corcheros llegan a los alcornoques para sacar el corcho, la corteza que protege a esta especie de los incendios. El corte con hacha debe ser muy preciso para no dañar el árbol. Es un trabajo artesanal y muy especializado que se continúa con el traslado a lomos de mulos de las cortezas de corcho.

La actividad de todo lo que se mueve alrededor del corcho desde que se empieza a cortar la corteza hasta que se saca, normalmente con mulas, se pesa y llega a la fábrica para que se procese, son profesiones muy antiguas con cientos o miles de años y que con el desplazamiento de las poblaciones a las ciudades está teniendo cada vez más dificultades para cubrir esos puestos porque casi es una ciencia que pasa de padres a hijos.

Una vez que el corcho llega a la corchera comienza su preparación. El tapón de corcho no contiene ningún tóxico y en este procesado no se utilizan sustancias contaminantes. Además, se trata de un producto reciclable al cien por cien. En principio todo son ventajas ambientales frente a otros tapones sintéticos. Sin embargo, la campaña de mala prensa contra el tapón de corcho va calando en determinados sectores y un 20 por ciento de los consumidores creen ya que el corcho no es la mejor opción ecológica para un tapón.

Lo que es más preocupante es que se han utilizado mentiras para achacarle al corcho problemas que realmente no tiene o aquellos que puede tener cualquier otro taponamiento.

Realmente, los problemas que puede presentar el corcho a través de una contaminación por TCA son mínimos comparados con otras posibilidades de contaminación. Es decir, no solamente el corcho puede aportar contaminación por TCA al vino: hay otros factores externos que en mayor o menor medida podrían contaminar estos vinos. TCA son las siglas de los tricloroanisoles, un metabolito que le da al vino lo que se conoce como el 'sabor a corcho', aunque realmente no es sabor a corcho sino a tierra. Se produce de la reacción entre un hongo y un producto tratado con insecticidas clorados; así la contaminación por TCA puede proceder de cualquier parte del proceso del vino, no sólo de su taponamiento, como han demostrado los estudios realizados en el Instituto de Biotécnica de León.

El tapón de corcho sigue siendo reconocido entre el público en general como el agente responsable de esta contaminación un poco por desconocimiento. Hoy sabemos que sólo un pequeño porcentaje se debe al tapón y, además, sabemos que el tapón de corcho puede absorber cloroanisoles desde el vino, con lo cual, cuando se detecta TCA en un tapón este puede provenir en realidad del vino.

Incluso hay controles de calidad del corcho para su venta posterior. La suberoteca de Jimena de la Frontera, en la provincia de Cádiz, contiene muestras de corcho de prácticamente todas las zonas de alcornocales andaluces y de diferentes años. Sin embargo, lo cierto es que el alcornocal andaluz, donde se produce más corcho de todo el mundo, está en declive. El corcho tiene cada vez menos grosor. Y ese hecho es sólo la punta del iceberg de un problema de mucho más calado: la supervivencia de todo un hábitat, ya que el alcornocal es el albergue de especies de fauna insustituibles, desde el lince ibérico, cigüeñas negras, águilas imperiales... El corcho es un baluarte de un ecosistema que alberga una diversidad ecológica en el Mediterráneo y en todo el planeta que pocos ecosistemas forestales tienen al margen de las selvas tropicales.