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FACUA.org - España - 11 de octubre de 2017

Olga Rodríguez: "Estar bien informado es una militancia, porque requiere de una dedicación continua"

Periodista de larga trayectoria internacional, ha sido cronista de guerra en los conflictos de Oriente Próximo para medios como la Ser, Cuatro o CNN+. Ahora analiza la actualidad desde eldiario.es.

Nacida en León en 1972, Olga Rodríguez acumula en sus espaldas una extensa trayectoria como periodista especializada en información internacional, conflictos y derechos humanos. Desde sus inicios en la Cadena Ser, ha visitado Oriente Próximo para narrar sus guerras, además de otros países como Estados Unidos o México.

Como cronista de la guerra de Irak durante la invasión de EEUU en 2003, vivió un episodio especialmente duro: estaba en el hotel Palestina de Bagdad el 8 de abril, cuando fue bombardeado por el ejército estadounidense, ataque que mató al cámara español de Telecinco José Couso y al periodista ucraniano Taras Protsyuk, de la agencia Reuters.

Tras su paso durante más de una década por la Ser, Cuatro y CNN+, Rodríguez ha cofundado y es copropietaria de eldiario.es, donde de manera regular publica columnas de análisis y opinión sobre la actualidad internacional, los derechos humanos o la realidad social española. Su experiencia le ha llevado a publicar libros como Aquí Bagdad. Crónica de una guerra (Velecio Editores, 2004), El hombre mojado no teme a la lluvia. Voces de Oriente Medio (Debate, 2009) o Yo muero hoy. Las revueltas árabes (Debate, 2012). Además, suele impartir charlas y talleres en universidades y otros espacios sobre las cuestiones de las que es experta.

Tú has trabajado mucho en Oriente Próximo y conoces muy bien la zona. ¿Cómo ves la relación entre los conflictos en estos países y el terrorismo islámico en Europa? ¿Qué crees que va a pasar en el futuro más próximo?

Desde la Unión Europea enviamos y estamos exportando armas a los países que están involucrados en las guerras de las que los refugiados huyen y sin embargo aquí aceptamos un porcentaje mínimo de personas refugiadas. Buena parte de ellas están en países vecinos de Siria o de Irak en unas condiciones terribles y en lugares que no tienen ni la infraestructura, ni la capacidad, ni la riqueza que tiene Europa para poder acoger a tantos refugiados como acogen. De los 193 países que hay en el mundo algunos de los diez más pobres acogen casi a la mitad de los 65 millones de refugiados que hay actualmente. Nos llevamos las manos a la cabeza por acoger a un porcentaje mínimo de refugiados y aún así los Estados miembro ni siquiera están cumpliendo con ese porcentaje mínimo. El cinismo es evidente. Yo creo que otra Europa es posible, una Europa que no esté encerrada en sí misma y que participe en guerras o en conflictos o en determinados expolios de determinados países y luego no quiera asumir las consecuencias que la población de esos países sufre.

¿Queda margen para la ciudadanía en relación a la situación de los refugiados? ¿Qué se puede hacer a nivel individual?

Sin duda, siempre se pueden hacer cosas. Por supuesto, una de las cosas que se pueden hacer es elegir un voto para formaciones que apuestan por la solidaridad y no por la exclusión y la xenofobia. Pero más allá de eso, yo creo que se pueden tejer redes en los barrios, en los pueblos, en las ciudades, redes de solidaridad, no para asumir las tareas que deberían asumir los estados, pero para al menos crear las atmósferas idóneas para que la xenofobia, que ya está instalada en muchos lugares de Europa, no crezca.

Y, por supuesto, se puede presionar y concienciar, yo creo que en el Estado español hemos tenido buenos ejemplos de eso. El mensaje de Welcome Refugees (Refugiados bienvenidos) no era un mensaje vacío de contenido, yo creo que es un mensaje que ha calado y que ha concienciado a mucha gente de la importancia de apostar por la solidaridad y no por la exclusión y la xenofobia, en un momento en el que en tantos lugares de Europa y en tantos medios de comunicación estamos escuchando auténticas barbaridades que identifican el terrorismo con los musulmanes o que hablan empleando palabras como oleadas, invasión, abordaje, etc para referirse a la llegada de personas refugiadas que huyen de la guerra y de la pobreza. Claro que siempre se puede hacer mucho. Decía John Berger que aceptar la desigualdad como algo natural es convertirse en un ser fragmentado y frente a ello se puede elevar la voz para pedir una Europa diferente, comprometida con la paz y los derechos humanos.

Entiendo de tus palabras que los medios de comunicación tienen mucha responsabilidad, no sólo con la cobertura que se da sino con el lenguaje que se utiliza, ¿no?

Sin duda. La verdad es que vivimos tiempos un poco oscuros, creo que los historiadores del futuro definirán esta época del siglo XXI como una época marcada por el aumento de la xenofobia, por supuesto de la desigualdad y de la precariedad y por el aumento de la carrera armamentística y en todo esto los medios de comunicación juegan un papel fundamental, porque demasiado a menudo no van a la raíz de los problemas y se considera que lo que pasa todos los días no es noticia. Que haya más de mil millones de personas en el mundo que pasan hambre todos los días no es noticia porque ocurre todos los días. Que haya refugiados no es noticia porque llegan todos los días, fue noticia cuando llegaron a Europa, ahora ya no. Esto nos impide ir a la raíz de los problemas.

Esto, unido a una obsesión por el periodismo equidistante, desde mi punto de vista muy dañino, porque sitúa en el mismo lugar al opresor y al oprimido. Si ponemos un ejemplo de la Segunda Guerra Mundial de periodismo equidistante, sería el siguiente: "El rabino del guetto de Varsovia dice que los nazis están masacrando a los judíos. Goebbels lo niega y afirma que eso es pura propaganda". Fin de la historia. No contamos la realidad.

Todo esto es de por sí ya muy dañino, pero es que encima hemos ido un paso más allá: yo recuerdo haber regresado a España después de haber estado cubriendo la ruta de los refugiados primero en Oriente Medio y luego en Europa y haber estado en pleno corazón de Europa viendo cómo determinados campos de refugiados parecen más campos de concentración, donde sufren maltrato y humillaciones, donde la gente va a la puerta preguntando por sus familiares y no les dicen absolutamente nada de si están allí o no y comienzan un periplo que puede durar meses buscando a sus familiares, donde veíamos cómo se golpeaba a la gente… Entonces, llego esa noche a España, enciendo la tele, y en una tertulia de un canal general de prime time había un contertulio diciendo que los musulmanes no tienen capacidad para integrarse en Europa, que lo llevan en el ADN. Este tipo de cosas se han naturalizado y normalizado, y lo que en un principio nos espantaba oírlas ya no nos espanta tanto y lo estamos asumiendo. En este sentido, la responsabilidad ética y social de los medios es enorme siempre a la hora de abordar los asuntos, porque lo que los medios hacen es suministrar información, que es un derecho fundamental y un pilar básico de las sociedades libres y democráticas, y un servicio público siempre, aunque se emita a través de canales privados. Una sociedad mal informada es fácilmente manipulable y lamentablemente con el tema de los refugiados esto está ocurriendo también, porque hay algo que tristemente es muy eficaz, que es la agitación del miedo y a una sociedad con miedo los gobernantes son capaces de venderle cualquier cosa y ante eso tenemos la responsabilidad como ciudadanos de estar alerta.

También haría falta que los ciudadanos se cuestionasen las informaciones que reciben a través de los medios de comunicación quizás…

Sí, sería ideal que todos estuviésemos mucho más comprometidos y mucho más concienciados, pero la responsabilidad que tienen los medios de comunicación es mucho mayor que la que tiene una persona que está doce horas trabajando y que llega a su casa y tiene que ocuparse de las cosas de su casa, que es agotador. Estar bien informado es muy difícil, porque cada vez hay más propaganda, desinformación, cada vez hay más canales… Yo creo que estar bien informado es una militancia, porque requiere de una dedicación continua, y mucha gente no dispone de la posibilidad de tener una dedicación continua a estar bien informado.

En los medios de comunicación hay una intención y una alevosía a la hora de enfocar y de seleccionar las noticias, y de elegir los formatos, por ejemplo en televisión, que podría tener mil y un formatos, pero se suele elegir una narrativa que invita al espectador a adoptar una actitud muy pasiva, con bustos parlantes que tienen siempre una actitud neutra ante cualquier cosa, con espacios informativos que después de contar algunas tragedias dicen bueno ahora vamos a olvidarnos de todo esto, vamos a acabar con un chimpún, algo gracioso, con una selección diaria que deja fuera cuestiones fundamentales para meter contenidos graciosos, y eso de por sí ya es terrible, y con desinformación y tergiversación. Se dejan fuera cuestiones porque se dice que no interesan a la gente. Esto es muy relativo. En EEUU, por ejemplo, donde yo ahora estoy viviendo, donde el periodismo sufre y mucho de muchos males también, pero son maestros de la promoción. Si ellos deciden que van a apostar por un tema en horario de máxima audiencia, están quince días antes promocionándolo con sus caras más conocidos y escogen una manera de contarlo entretenida y eficaz. Y así claro que funciona. Y aquí en España tenemos muchísimos ejemplos, a mí me toca dar muchas charlas en universidades junto a Rosa María Calaf y ella siempre pone de ejemplo cómo un reportaje de Informe Semanal de hace unos años fue lo más visto de la semana sólo superado por una final de Nadal. Por lo tanto, si hubiera una apuesta valiente y real por ofrecer determinadas cuestiones con un espíritu crítico y con la profundidad que se merecen en horarios de máxima audiencia y promocionándolo, estoy convencidísima de que funcionaría y le gustaría a la gente. Y además tenemos ejemplos en España, un programa como Salvados, pues evidentemente se ha apostado por él y funciona.

También se ha debilitado mucho la fuerza de los propios periodistas en las redacciones, si cobras por colaboraciones o tienes un contrato de falso autónomo, etc, es más difícil decir que no a ciertas cuestiones, ¿crees que son responsables de alguna manera?

Dice David Simon, que fue un periodista estadounidense excelente y luego se reconvirtió en un excelente guionista de series de televisión como The Wire que hay un antes y un después en los medios: cuando entra el poder financiero en el accionariado de los medios de comunicación. Esto, que en EE UU ya ocurrió en los años 90 y aquí ya empezó en este siglo, marcó un antes y un después aquí, y esto, muchos de los que trabajábamos en medios de comunicación convencionales lo vivimos desde dentro. Primero, porque evidentemente, se produjo un cambio en las líneas editoriales. En segundo lugar, entró el poder financiero en el accionariado en un momento en el que en Europa había una crisis económica y uno de los protagonistas o de los actores principales era el poder financiero y esto condicionaba los contenidos muchísimo. Pero es que además, se decidió que se iba a buscar el mayor beneficio económico en el menor tiempo posible sacrificando el cuidado de la información. En muchos medios de comunicación en los que los directivos eran periodistas fueron sustituidos por gerentes que no tenían ninguna experiencia en el ámbito informativo y que consideraban que la información era una mercancía más, como los zapatos o como cualquier otra cosa y esto supuso recortar rápidamente redacciones, para mermarlas, o para sustituir a gente muy preparada, con mucha experiencia, con espíritu crítico, etc, por gente que no tenía ninguna experiencia a la que se le iba a condenar a una situación económica muy precaria para tenerla con miedo y dominada. Y esto lo hemos estado viendo con la multitud de expedientes de regulación de empleo en multitud de medios de comunicación a través de los cuales fueron despedidos profesionales que para las generaciones más jóvenes eran referentes, y se buscó confeccionar en muchos casos redacciones mucho más dóciles. Claro, cuando tienes un sueldo muy precario y cuando sabes que si no obedeces cien por cien ciegamente, pues entran en juego otras cuestiones. La precariedad de la situación económica lleva y condena a muchos compañeros de profesión a tener que decidir si pueden pagar la hipoteca o no. Por eso dice Maruja Torres que los periodistas no deberían tener nunca una hipoteca…

Más allá de eso yo creo que también se ha logrado hacer creer que ser periodista es muy diferente a lo que es, realmente: aparecer mucho en la tele, estar muy guapo, y ser famoso. Por eso ha aumentado y está muy normalizada esa narrativa de la espectacularización de la realidad. Hay narrativas que nos cuentan la guerra como si fuera una peli de acción entretenida, y ya te digo yo que las guerras son cualquier cosa menos eso.

Todas estas cuestiones condicionan la profesión y yo creo que en las facultades de periodismo y después en las redacciones -que son los verdaderos centros de formación- se debería difundir e inocular una formación mucho mayor en derechos humanos y ética periodística, porque hay una ausencia de conocimiento de derechos humanos enorme y no sólo en el periodismo, sino en nuestro país en general. No en vano, Naciones Unidas nos ha dado varios toques por la impunidad que reina en España, que marca muchas cuestiones, como en relación a los crímenes del Franquismo, y esto yo creo que imprime carácter. Yo creo que 40 años de dictadura y tras ella borrón y cuenta nueva y la falta de memoria, ya no te digo de verdad, justicia y reparación, creo que ha afectado a muchísimos ámbitos sociales en nuestro país. Lo cierto es que la cultura de derechos humanos, que nunca es suficiente en ningún lugar, desde luego, en España es mucho más insuficiente que en otros países de Europa.

Tú has sido reportera en zonas de conflicto durante un cierto tiempo. ¿Cómo se mantiene la cordura después de vivir la muerte de tanta gente, y sobrevivir a un intento deliberado de la destrucción de los periodistas, como viviste tú en el hotel Palestina? ¿Cómo se vuelve a la vida cotidiana?

Es complicado a veces, por eso hay muchos compañeros que no vuelven nunca, en realidad, que siempre están allí. A nivel personal, vivir una guerra también te puede recolocar para bien, en el sentido de que a pesar de que hay una parte de ti que está siempre allí, te permite saber priorizar y saber que la vida son dos días y hay que aprovecharla. Pero es complicado, porque a nivel informativo cuando vuelves de una guerra, tú sabes que la guerra no ha acabado, y muchas veces si estás trabajando en un medio de comunicación, ya no te vuelven a enviar a ese lugar, pero tú sigues pendiente y sabes que siguen ocurriendo cosas, y te llega la noticia de que han matado a una amiga, han encarcelado a otro, ha desaparecido fulanito… Es muy frustrante y yo creo que por eso muchos nos terminamos haciendo freelances, porque sabemos que dentro de las redacciones ya es imposible hacer un seguimiento continuo informativo. Yo creo que es muy importante cubrir el antes y el después de una guerra o de un conflicto para poder entenderlo y contextualizarlo, no sólo el durante. Pero bueno, en general hay una película excelente, Las Flores de Harrison, en la que se dice al principio: "hay dos clases de persona, las que han vivido una guerra y las que no". No me quiero poner épica, pero es cierto que marca y si tienes un mínimo de sensibilidad lo llevas contigo para siempre y a veces no es fácil, viendo además la indiferencia que tantas veces existe en tu país cuando vuelves.

En plena crisis fuiste co-fundadora de un medio al que le está yendo muy bien y hace las cosas de una manera un tanto diferente, eldiario.es. ¿Cuál crees que es la clave del éxito?

Yo creo que hay varias razones. Hay una cuestión fundamental que es que todas las personas que fundamos eldiario.es teníamos ya carreras, aunque somos todos jovencísimos (risas), pero bueno, digamos que teníamos todos un pasado y que habíamos sufrido con frustración alguno de estos males del periodismo, y por lo tanto digamos que los teníamos identificados y teníamos muy claro que íbamos a intentar evitarlos en la medida de lo posible. Y bueno, internet, que está lleno de defectos, como todo, y tiene muchos peligros, también tiene muchas virtudes, y para los periodistas ha sido una especie de apertura de altavoz con la que no contábamos anteriormente. Si tu medio no te daba un espacio no tenías cómo hablar de determinadas cuestiones e internet ha terminado con ello. Por otro lado, no necesitamos un gran capital para montar un medio como se necesitaba antes, para la distribución y las rotativas, o no se necesita un gran capital para difundir piezas audiovisuales pagando muchísimo dinero por un directo a través de satélite. Todo esto se puede hacer a coste cero o prácticamente cero gracias a internet. ¿Qué significa esto? Que los periodistas podemos ser dueños de nuestros propios medios, que no tiene que haber detrás nuestro un poder financiero o una institución pública gubernamental financiándonos a base de publicidad institucional. Entonces esto nos da un margen de maniobra mayor porque no estamos condicionados por determinadas ataduras. Y teníamos muy claro que la financiación no podía ser sólo a través de la publicidad, por lo que nos inventamos esta cosa de ser socio, que tiene una carga simbólica, más que otra cosa, pero que muchísima gente ha entendido que era necesario. Entonces en muy poco tiempo hemos tenido más de quince mil socios. ¿Esto qué supone? Pues que si mañana nos falla una empresa que tiene publicidad en nuestro medio y por lo que sea nos amenaza, no pasa nada, porque no dependemos de ella, porque tenemos la pata de las personas socias. Y bueno, la verdad es que ha ido bien y este año cumplimos ya cinco años a lo tonto y a lo bobo.

No es el único proyecto en este sentido. En los últimos años mucha gente que salió en esos expedientes de regulación de empleo de los grandes medios de comunicación o que se fue por decisión propia, como es mi caso, porque ya no podían ejercer el periodismo de una determinada manera, pues ahora estamos en diferentes proyectos a través de Internet que nos dan un margen de maniobra importante y que están teniendo una cierta importancia a nivel sociológico en el país.

Tu caso es además llamativo porque has sido una mujer periodista en guerras, y directiva de un diario, algo poco común. ¿Es cansado que se te pregunte sobre esto o sigue siendo necesario visibilizarlo y reivindicar más presencia de mujeres en determinados puestos de las redacciones?

El machismo está en todas partes y el periodismo no escapa de ello. Yo tengo una madre feminista a la que ingenuamente yo siempre le decía que no, que en mi generación ya no había tanto machismo como en la suya. Pero claro, yo decía esto antes de entrar en el mundo laboral… Yo creo que hasta que no entramos en el mundo laboral no percibimos bien hasta dónde llegan los efectos del patriarcado. Yo pertenezco a un oficio en el que hay más licenciadas que licenciados, más redactoras que redactores, y sin embargo, muchos más jefes que jefas. Siempre he sentido que tengo que demostrar el doble, siempre ha habido alguien que me ha cuestionado a pesar de tener un currículum, una experiencia y una trayectoria mucho mayor que otros compañeros y sí que me he encontrado, por supuesto cuando regreso de las guerras, ver cómo a los compañeros se les dice "qué valiente", "qué machote", "los tienes cuadrados, tío, qué trabajo tan cojonudo" y que a nosotras nos digan "lo habrás pasado fatal", "estás loca", "cómo te quedaste allí", "pobrecita", porque bueno, de alguna manera, los estereotipos a los que estamos acostumbradas desde niños son unos y cuando rompemos estos estereotipos hay gente que no sabe cómo asumirlos y que puede llegar a sentirse cuestionado. Yo me he encontrado en reuniones de trabajo con situaciones en las que cuando ellos hablan por supuesto se escucha, pero que cuando ellas hablan pues se deja de escuchar, y por supuesto son más proclives a cuestionar o a interrumpir y he visto en muchísimas redacciones cómo hay compañeros que asumen responsabilidades laborales propias de una jefatura sin ascender de categoría ni cobrar por ello. Y esto lo suelen padecer las mujeres, casualmente. También le puede pasar a los hombres, pero insisto en que es mucho más acusado en las mujeres porque es más fácil humillar o abusar del último de la redacción y ese último suele ser una mujer, que tenemos normalmente condiciones laborales más precarias, cobramos menos que los hombres, y tenemos menos poder, en líneas generales sigue siendo muy habitual y por esto yo creo que sigue siendo muy importante que día a día se hable de esto y se denuncie, para que quienes pueden estar en la tentación de participar en estas discriminaciones les dé un poquito más de vergüenza. Yo creo que estamos viviendo un momento bueno e interesante porque es un debate público, que está ahí y que se señala, pero bueno, todavía queda mucho por recorrer, claro.

En tus columnas en eldiario.es sueles tratar mucho tanto la política nacional como otras cuestiones sociales de la realidad española. Seis años después del 15M, ¿crees que han cambiado en algo las cosas?

El 15M que fue algo excepcional y muy positivo. En general, 2011 fue un año muy diferente y muy importante, con las revueltas árabes y el movimiento de los indignados en Islandia y aquí el 15M. Yo recuerdo que la primera noche de acampada yo acababa de llegar de El Cairo, porque estaba viviendo allí, cubriendo las revueltas, y me llamó uno de los chavales que iba a hacer noche en Sol, que había sido alumno en un taller de periodismo, y me preguntó cómo se hacía en El Cairo y le expliqué un poco las dinámicas de la plaza Tahrir. Cuento esto porque las revueltas árabes estaban en el ideario colectivo de muchas de las personas que participaron o participamos en el 15M. Y a la vez, el movimiento Occupy Wall Street en EE UU está inspirado en el 15M. El 15M permitió que aquello de lo que se hablaba de manera subterránea y casi clandestina entre amigos, en las casas etc, pudiera convertirse en algo que pudiera formar parte del debate público. Antes de eso, ibas a una tertulia política en una radio y un día planteamos el tema de la desigualdad social y económica y bueno, casi era criminal plantear cuestiones que estaba sufriendo de manera cotidiana una buena parte de la población. Lo que pasa es que se había impuesto este tipo de periodismo que hablábamos antes de "haz churros, no salgas de la redacción", y claro, si tú estás encerrado doce horas entre las paredes de una redacción no tienes contacto con la realidad. Yo recuerdo que llegábamos a la radio, hablábamos de los desahucios y nos miraban con cara de "qué están contando estos". Yo creo que el 15M simplemente a nivel discursivo y comunicativo rasgó esa uniformidad en el debate público, e incluso puso encima de la mesa cuestiones que estaba viviendo diariamente la sociedad española de las que no se hablaba en los medios de comunicación.

Eso en primer lugar. Luego sirvió para tejer redes y para crear tejido social y eso sigue estando a día de hoy. Y luego, evidentemente, sin el 15M no habría podido probablemente surgir con el efecto que surgieron nuevas formaciones políticas ni determinadas organizaciones sociales.

Yo creo que ahora estamos en un punto en el que muchos echamos de menos ese espíritu del 15M que apostaba por la búsqueda de nuevas formas de hacer las cosas, de plantearse que en el siglo XXI, en vez de copiarse las dinámicas de lucha de siempre, era importante explorar nuevas formas. Por eso el 15M dio tanta importancia al feminismo y al cómo se hacen las cosas, al camino. Si el camino para lograr un mundo mejor está lleno de lucha y de sufrimiento a lo mejor en el camino ya perdemos. Evidentemente nada es fácil, y exigir los derechos que nos están recortando no es fácil y no basta con quejarse, pero creo que es importante explorar de qué forma la lucha por los derechos y las libertades que nos están recortando pueden ser constructivas y no destructivas y pueden hacernos crecer y hacernos más fuertes.

Pero bueno, retomando la pregunta, el 15M lo cambió todo y a día de hoy podemos seguir afirmando esto.

¿Lo cambió todo realmente? A veces da la sensación de que cambiaron cosas a nivel formal, se impulsó la creación de nuevos partidos políticos y surgieron nuevas organizaciones, pero las urgencias sociales siguen siendo las mismas, ¿no te parece? Seis años después seguimos con un problema acuciante de pobreza energética, desahucios, precariedad, desigualdad y pobreza infantil…

Bueno, es que la reacción al 15M no ha sido, por parte de los diferentes poderes que tienen capacidad de decisión para este tipo de cuestiones, la de intentar buscar un consenso, ha sido la de la carrera hacia delante y hacia el abismo a través de la imposición.

Puede que desde el 15M se haya trabajado mucho en lo comunicativo, pero hace falta construcción en lo social para caminar transformando. Para que los movimientos sociales permanezcan y avancen la gente necesita tareas y construcción; de ese modo se van creando nuevos valores, formas de relacionarse y esquemas al andar.

Hay cuestiones fundamentales, como la defensa de una educación pública de calidad, la dación en pago en el tema de los desahucios, que es evidente que una mayoría de la sociedad española están a favor de ello, y sin embargo, vemos como en muchas comunidades autónomas se sigue maltratando cada vez más la educación pública en beneficio de los colegios concertados o vemos cómo a día de hoy la gente que es expulsada de sus casas sigue condenada a tener que seguir pagando la deuda contraída a pesar de que ya no va a vivir nunca más en esa casa y a pesar de que hay una sentencia en firme del Tribunal de Justicia de la Unión Europea en este sentido. Lo que ocurre es que la reacción al 15M de los poderes ha sido, lejos de escuchar a la ciudadanía, y plantearse que habría que abordar las cosas de otra manera, una huída hacia delante y esto lo podemos aplicar también a nivel global. En un momento en el que hay una crisis de un modelo, que en el panorama internacional hay grandes potencias que están perdiendo poder en el tablero global, lejos de apostar por la búsqueda de un nuevo orden internacional más centrado en la paz y en los derechos humanos se está apostando por una nueva carrera armamentística y por una multipolaridad basada en que cada potencia esté centrada o pretenda buscar su trozo de pastel y asignarse un territorio determinado en el que ejercer su órbita de influencia, por supuesto, a través de las armas y de operaciones militares. Es un momento muy trágico que nos puede llevar a algo que no veo con ningún optimismo.

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Los tres de… Olga Rodríguez

Tres películas: Un lugar en el mundo (dirigida por Adolfo Aristarain, 1992), Syryana (dirigida por Stephen Gaghan en 2005) y Silencio Roto (dirigida por Montxo Armendáriz, 2001).

Tres programas de televisión: La serie The Wire (particularmente la quinta temporada), documental sobre los refugiados Yo estoy con la novia, de Antonio Augugliaro, Grabriele del Grande y Khaled Soliman al Nassiry (2014) y el documental 5 cámaras rotas, de Emad Burnat y Guy Davidi (2011), sobre Palestina.

Tres canciones: Latinoamérica, de Calle 13, Somos sur, de Anita Tijoux y cualquiera de Mashrou’ Leila, un grupo libanés.

Tres libros: El segundo sexo, de Simone de Beauvoir, Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca, que un siglo después sigue siendo actual y maravilloso y Estupor y temblores, de Amelie Nothomb.

Tres referentes: Ryszard Kapucinski, Simone de Beauvoir y Maruja Torres.

Tres momentos históricos: El terrible y fatídico golpe fascista del 36, la Revolución Rusa y el 15M.

Tres lugares para visitar: Bagdad, El Cairo y el Cabo de Gata, en Almería.

*La foto de encabezamiento es de tucooltura.wordpress.com (CC BY-NC-ND 4.0).