FACUA.org Versión sólo texto  
Imprimir
Imprimir
FACUA.org - España - 11 de octubre de 2017

¿Tu dieta contribuye al cambio climático?

El consumo de más carne de la debida también alimenta al calentamiento global. El 18% de los gases de efecto invernadero proceden de la industria cárnica, que emite más metano que el petróleo o el gas.

España es el segundo país del mundo que más carne consume por habitante. Nos zampamos la friolera de 100 kilos de carne al año de media. El único país que nos supera es el reino de la hamburguesa, Estados Unidos, donde cada ciudadano engulle 120 kilos de carne al año. La media mundial es tres veces menos que lo que comen en el país de la hamburguesa: 40 kilos.

Ingerir a diario proteínas de origen animal tiene serias consecuencias sobre la salud, como alertan las autoridades médicas, pero no sólo eso: también se contribuye con este consumo desproporcionado de carne al cambio climático. Un informe de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO) ya alertaba en un informe datado en 2013 que el 14,5% de las emisiones de gases del efecto invernadero tienen su origen en la ganadería.

Según este informe, el 41% de esas emisiones son producto de la producción de carne de vaca, el 19% de la producción de leche, y el resto corresponde a la producción de carne de cerdo, aves y huevos. Han pasado cuatro años y lejos de haberse reducido esa nefasta aportación de la industria cárnica al cambio climático, ha aumentado, representando ahora el 18%. Sólo en metano, la producción de carne emite un 37% más que la mineria, el petróleo y el gas natural.

Así, la lucha contra el cambio climático no es sólo una cuestión que afecta al transporte o a las grandes industrias. Cada vez que hacemos la compra estamos decidiendo si contribuimos a luchar contra el cambio climático o no. La responsabilidad de las dietas de cada consumidor es fundamental para frenar un fenómeno humano que está recalentando el planeta.

El eurodiputado Florent Marcellesi, de Equo -el partido verde español- planteó en Bruselas reducir en un 20% el consumo de carne en España. Lanzó tres cuestiones básicas a los eurodiputados: ¿Cómo llevar a cabo la transición desde el sistema ganadero actual, intensivo en emisiones de CO2, hacia sistemas alimentarios más sostenibles para la salud, el clima y el bienestar animal? ¿Qué medidas deben tomar las instituciones en la promoción de dietas sostenibles que incluyan más productos vegetales? ¿Cómo incluir el bienestar animal en las políticas de alimentación sostenible?

¿Pero qué es lo que hace que la industria de la carne contribuya con tanto protagonismo al cambio climático? Principalmente, como apunta Marcellesi es debido a la deforestación por el cambio de uso de la tierra debido a la expansión del pastoreo y de los cultivos de forrajeo, así como al proceso digestivo de los rumiantes (metano), el almacenamiento y elaboración de estiércol (N2O) y, por último, a la elaboración y transporte de productos pecuarios. "En particular, hoy en día, un 10% del terreno agrícola del planeta se destina a pastos y otro 10% se destina a la producción de cereales para alimentarlos", asegura el eurodiputado de Equo. "Según expertos del Banco Mundial, si contabilizáramos todas las emisiones indirectas, el sector ganadero encabezaría el ranking climático con más de la mitad de las emisiones totales de GEI a nivel mundial" explica Marcellesi en un artículo.

Las actuales subvenciones europeas a la producción son sin lugar a dudas una fórmula que requiere un nuevo planteamiento. La Política Agraria Común (PAC) se ha quedado obsoleta para solucionar cuestiones clave como la lucha contra el cambio climático. Junto a ella, la entrada del CETA no hace más que agravar la situación.

Sin embargo en la Cumbre de París ni siquiera se hablo de este agente creador del cambio climático. La industria cárnica tiene músculo suficiente para impedir el debate en los lugares clave y hace valer el peso de sus lobbies.

No obstante, el verdadero poder no reside en el Parlamento, en los lobbies o en la industria, sino en el consumidor. Si los hábitos de consumo -y de compra- reducen la demanda de productos cárnicos, el mercado tendrá que reajustar su oferta y, como consecuencia, se reducirá la emisión de gases nocivos. El futuro no es vegano, pero tampoco habrá un futuro carnívoro al nivel actual.

__________

Ricardo Gamaza es periodista y divulgador agroambiental.