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FACUA.org - España - 28 de junio de 2019

La leche materna y el PIB

La reducción de enfermedades y la mejora social de la manera natural en la que nos alimentamos los mamíferos tiene efectos directos en la economía.

Había una vez un país que valoraba la leche materna de las madres y la contemplaba en el PIB de su economía porque se habían dado cuenta de que el esfuerzo de las madres para dar el pecho a sus bebés repercutía en la economía nacional. Lo hacía porque aumentaba la capacidad intelectual de la población y también incidía positivamente en la salud de madres y lactantes, lo que significaba que, en términos de beneficio social, en las empresas había menos ausencias de los trabajadores por enfermedad de sus hijos e hijas. Además, la lactancia se refleja directamente en la salud mental de los habitantes de este país, ya que al darle calidad y cuerpo físico a la relación humana entre madre y bebé se fortalece la confianza propia y los vínculos afectivos.

Este país existe. Es Noruega, donde consideran que apoyar la lactancia materna es rentable en términos económicos, además de sociales y de calidad de vida. ¿Cuál es el precio de un litro de leche materna? Para obtener ese dato algunos expertos han cuantificado el ahorro que se produce en el sistema de salud público al reducir las enfermedades de madres y lactantes que basan su primera alimentación en dar el pecho. Una de las consecuencias más directas es que las madres que amamantan ven reducido el riesgo de padecer cáncer de mama o de ovario, pero también disminuye el riesgo de enfermedades como las hemorragias o la depresión postparto y hasta de infarto y de diabetes tipo 2, según un informe de UNICEF en 2018.

En un sistema económico en el que todo tiene que cuantificarse en términos monetarios, se ha perdido la verdadera esencia del ser humano, nuestra condición de mamíferos, como indican algunos autores y expertos como el médico pediatra Jose María Paricio, fundador y presidente de la Asociación para la Promoción e Investigación Científico-Cultural de la Lactancia Materna (Apilam).

Durante cientos de años nos hemos colocado como especie alejados del resto de bestias, y eso requería la contemplación del ser humano como algo diferente. Pero no es así. Hubo que esperar, sin embargo, hasta que Carl von Linneo, el naturalista sueco que desarrolló la nomenclatura binómica para clasificar y organizar los animales y las plantas, hiciera visibles características comunes en los mamíferos: tenemos cuatro cámaras cardíacas, sangre caliente, tres huesecillos en el oído medio y hasta un solo hueso maxilar… y sobre todo, tenemos mamas. Todas estas características son las que Linneo propuso a la sociedad científica como criterio para clasificar una nueva clase de animales dentro del reino animal y considerar a los seres humanos dentro de los mamíferos. Pero de eso sólo hace trescientos años.

En tiempos de Linneo la nomenclatura caló por cuestiones sociales: se trataba de reivindicar el papel familiar de la mujer, sobre todo en la reproducción y en la salvaguarda de la especie, porque se habían producido tantas guerras y pandemias que Europa estaba despoblándose. En tiempos de Linneo, la familia, el hogar y la lactancia materna podían hacer mucho por la sociedad. Así que la idea fue aceptada. Ahora, en plena época postindustrial, tras las burbujas y las crisis económicas, los mercados son los que marcan la manera de pensar. Las industrias alimentaria y farmacéutica han implantado el falso mito de las ventajas de la leche de fórmula, haciendo creer que hay más comodidad y salud para las familias y, en especial, para las madres.

Pero de nuevo, como en tiempos de Linneo, muchos expertos -no todos del mundo de la medicina, sino también de la economía- miran a la lactancia materna como una solución a muchos problemas de salud y de una economía enferma.

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Sandra D. Siachoque es periodista experta en lactancia materna y crianza.