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FACUA.org - España - 30 de octubre de 2020

El capital humano en la transformación digital

En España tenemos suficientes recursos de conectividad, administración digital e incluso reutilización de datos abiertos, pero suspendemos en cuando a nuestras competencias digitales como ciudadanos.

Con la nueva normalidad nos han vendido la moto de que la tan ansiada transformación digital por fin ha llegado a nuestras administraciones, empresas y hogares. Y nada más lejos de la realidad. España ya gozaba, desde hace bastantes años, de ser uno de los países europeos con mayor número de teléfonos móviles por habitante (por no decir el que más) o uno de los lugares en donde los menores acceden antes a las aplicaciones móviles.

Sin embargo, la Unión Europea dispone de otro tipo de criterio para medir el avance digital de cada Estado miembro: desde el año 2014 se publican los llamados informes del Índice de la Economía y la Sociedad Digitales (DESI). Este índice se basa en cinco indicadores para evaluar el rendimiento digital en Europa: conectividad, capital humano, uso de internet, integración de la tecnología digital y servicios públicos digitales.

Les invito a ver el último informe, referido a 2020, para que sean ustedes testigos de que prácticamente todos los indicadores superan la media europea menos uno en concreto: el capital humano.

En España tenemos los suficientes recursos de conectividad, de administración electrónica o incluso de reutilización de datos abiertos, pero suspendemos con alevosía en cuanto a capital humano. La mayoría de la población carece de las competencias digitales necesaria para relacionarse con el mundo digital ni como usuario, ni como consumidor ni, por supuesto, como ciudadano. Necesitamos formarnos por nuestra propia voluntad para poder empoderarnos.

Quizás si conseguimos mejorar las competencias digitales referidas al capital humano seamos capaces de exigir a las compañías a las que compramos productos en internet que respeten derechos tales como el desestimiento, o a las empresas que nos prestan servicios en la nube que nos garanticen que nuestros datos (personales o no) no se exportan a territorio comanche.

Quizás podamos también negociar con nuestra empresa un adecuado contrato de teletrabajo en donde no sobresalgan unas condiciones abusivas para la persona trabajadora o el tener que poner sus dispositivos electrónicos personales al beneficio único y exclusivo de la empresa.

Y quizás podamos exigir también a nuestros dirigentes mayor transparencia cuando nos recomiendan descargar una app en nuestro móvil para frenar la expansión del Covid-19, especialmente en cuanto a su código abierto, las empresas que participan en su desarrollo, su impacto en la privacidad de los ciudadanos que la descarguen o, simplemente, unas gráficas y sencillas instrucciones que no obliguen a cursar un Máster en Derecho de las TIC para comprender algunos de los epígrafes que contienen sus condiciones.

A veces pensamos que la brecha digital afecta exclusivamente a nuestros mayores que no saben sacar dinero por el cajero o que no utilizan WhatsApp para comunicarse. La brecha digital cada vez se está acentuando entre aquellos que son capaces de desenvolverse ante cada nuevo reto tecnológico e incluso poner en tela de juicio las presuntas virtudes que ofrecen los mismos en tiempos de preocupación.

Es hora de utilizar los recursos a nuestro alcance, y en internet vamos a poder encontrar la mayoría de ellos. De lo contrario, seguiremos suspendiendo en capital humano frente a nuestros congéneres europeos. Ellos no saben utilizar únicamente el móvil para ligar, apostar o relacionarse. La mayoría de ellos ya están mas empoderados que nosotros. ¿Vamos a seguir quedándonos atrás? En el momento en el que nos encontremos digitalmente empoderados dejaremos de depender de los Twitters, Facebooks e Instagrams para disponer de toda una serie de recursos que nos harán más fuertes y, por tanto, más libres.

Y será entonces cuando verdaderamente podamos hablar de una transformación digital en condiciones.

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Jesús Acevedo es abogado y mediador.