Consumo responsable y sostenible

Educación para la sostenibilidad
Edita: FACUA Andalucía
Fecha: 2007
Formato: 150 x 210 mm.
Páginas: 12
Abrir versión impresa en PDF
Inicio > Bio
Enviar a un amigo Imprimir noticia
La importancia dada por los expertos en sostenibilidad al papel de la educación queda reflejada en numerosos textos internacionales. Así lo señala la Unesco: "El Decenio de las Naciones Unidas para la educación con miras al desarrollo sostenible pretende promover la educación como fundamento de una sociedad más viable para la humanidad e integrar el desarrollo sostenible en el sistema de enseñanza escolar a todos los niveles. El Decenio intensificará igualmente la cooperación internacional en favor de la elaboración y de la puesta en común de prácticas, políticas y programas innovadores de educación para el desarrollo sostenible".

En esencia, se propone impulsar una educación solidaria -superadora de la tendencia a orientar el comportamiento en función de intereses a corto plazo, o de la simple costumbre- que contribuya a una correcta percepción del estado del mundo, genere actitudes y comportamientos responsables y prepare para la toma de decisiones fundamentadas dirigidas al logro de un desarrollo culturalmente plural y físicamente sostenible.

Una educación para el desarrollo sostenible es incompatible con una publicidad agresiva que estimula un consumo poco inteligente; es incompatible, en particular, con el impulso de la competitividad, entendida como contienda para lograr algo contra otros que persiguen el mismo fin y cuyo futuro, en el mejor de los casos, no es tenido en cuenta, lo cual resulta claramente contradictorio con las características de un desarrollo sostenible, que ha de ser necesariamente global y abarcar la totalidad de este pequeño planeta.

Frente a todo ello se precisa una educación que ayude a contemplar los problemas ambientales y el desarrollo en su globalidad, teniendo en cuenta las repercusiones a corto, medio y largo plazo, tanto para una colectividad dada como para el conjunto de la humanidad y el planeta; a comprender que no es sostenible un éxito que exija el fracaso de otros; a transformar, en definitiva, la interdependencia planetaria y la mundialización en un proyecto plural, democrático y solidario. Un proyecto que oriente la actividad personal y colectiva en una perspectiva sostenible, que respete y potencie la riqueza que representa tanto la diversidad biológica como la cultural y favorezca su disfrute.

En ocasiones surgen dudas acerca de la efectividad que pueden tener los comportamientos individuales, los pequeños cambios en las costumbres, en los estilos de vida, que la educación puede favorecer: los problemas de agotamiento de los recursos energéticos y de degradación del medio -se afirma, por ejemplo- son debidos, fundamentalmente, a las grandes industrias; lo que cada uno puede hacer al respecto es, comparativamente, insignificante y ridículo. Pero resulta fácil mostrar que si bien esos pequeños cambios y nuevos hábitos suponen, en verdad, un ahorro energético per cápita muy pequeño, al multiplicarlo por los muchos millones de personas que en el mundo pueden realizar dicho ahorro, éste llega a representar cantidades ingentes de energía, con su consiguiente reducción de la contaminación ambiental.

Se precisa un esfuerzo sistemático por incorporar la educación para la sostenibilidad como un objetivo clave en la formación de los futuros ciudadanos y consumidores.

Tecnología para la sostenibilidad

Con frecuencia se opone la conservación medioambiental a la defensa de la vida y el desarrollo humano, como si la riqueza que supone la biodiversidad atentara contra nuestra especie. Más bien todo lo contrario. La posible extinción de seres vivos y la pobreza que alcanza a gran parte de la humanidad son fruto de una misma actitud y de algunos de los valores dominantes en las sociedades más desarrolladas.

Es necesario analizar y valorar críticamente los efectos del desarrollo, científico y tecnológico, en la evolución social y sus repercusiones en el medio ambiente.

Cuando se plantea la cuestión de la contribución de la tecnociencia a la sostenibilidad la primera consideración que es preciso hacer es cuestionar cualquier expectativa de encontrar soluciones puramente tecnológicas a los problemas a los que se enfrenta hoy la humanidad, ya que como se ha dicho el problema es mucho más complejo.

Existe un consenso general en numerosos foros internacionales acerca de la necesidad de dirigir los esfuerzos de la investigación e innovación hacia el logro de tecnologías favorecedoras de un desarrollo sostenible, incluyendo la búsqueda de nuevas fuentes de energía al incremento de la eficacia en la obtención de alimentos, pasando por la prevención de enfermedades y catástrofes, el logro de una maternidad y paternidad responsables o la disminución y tratamiento de residuos.

Es preciso, sin embargo, analizar con cuidado las medidas tecnológicas propuestas para que las aparentes soluciones no generen problemas más graves, como ha sucedido ya tantas veces. Basta pensar, por ejemplo, en la revolución agrícola que, tras la Segunda Guerra Mundial, incrementó notablemente la producción gracias a los fertilizantes y pesticidas químicos como el DDT. Se pudo así satisfacer las necesidades de alimentos de una población mundial que experimentaba un rápido crecimiento. Pero sus efectos perniciosos (pérdida de biodiversidad, cáncer, malformaciones congénitas...) fueron denunciados ya a finales de los 50 y a día de hoy han debido ser finalmente prohibidos como venenos muy peligrosos aunque, desgraciadamente, todavía no en todos los países. Algo parecido puede llegar a pasar con los alimentos transgénicos, que son hoy presentados por algunas voces como la panacea del hambre en el mundo.

Principios para el desarrollo sostenible

Conviene, pues, reflexionar acerca de algunas de las características fundamentales que deben poseer las medidas tecnológicas para que cumplan lo que se denomina principios para el desarrollo sostenible:

- Las tasas de recolección no deben superar a las de regeneración (o, para el caso de recursos no renovables, de creación de sustitutos renovables).
- Las tasas de emisión de residuos deben ser inferiores a las capacidades de asimilación de los ecosistemas a los que se emiten esos residuos.
- En lo que se refiere a la tecnología, la norma asociada al desarrollo sostenible consistiría en dar prioridad a tecnologías que aumenten la productividad de los recursos más que incrementar la cantidad extraída de recursos. Esto significa, por ejemplo, bombillas más eficientes de preferencia a más centrales eléctricas.
- Dar prioridad a tecnologías orientadas a la satisfacción de necesidades básicas y que contribuyan a la reducción de las desigualdades.
- Aplicar el Principio de Prudencia (también conocido como de Cautela o de Precaución), para evitar la aplicación apresurada de una tecnología, cuando aún no se han investigado suficientemente sus posibles repercusiones.
- Diseñar y utilizar instrumentos que garanticen el seguimiento de estos criterios, como la Evaluación del Impacto Ambiental, para analizar y prevenir los posibles efectos negativos de las tecnologías y facilitar la toma de decisiones en cada caso.

Se trata, pues, de superar la búsqueda de beneficios particulares a corto plazo que ha caracterizado, a menudo, el desarrollo tecnocientífico y potenciar tecnologías básicas susceptibles de favorecer un desarrollo sostenible que tenga en cuenta, a la vez, la dimensión local y global de los problemas a los que se enfrenta la sociedad.

Hay que señalar que existen ya soluciones tecnológicas para muchos de los problemas planteados -aunque, naturalmente, será siempre necesario seguir investigando- pero dichas soluciones tropiezan con las barreras que suponen los intereses particulares o las desigualdades en el acceso a los avances tecnológicos, que se acrecientan cada día.

Por otro lado, la sociedad se está haciendo cada vez más cautelosa respecto a los impactos del desarrollo tecnológico. Los medios de comunicación dedican mucho espacio a las noticias relacionadas con la ciencia y la opinión pública es enormemente sensible a los resultados científicos que identifican peligros potenciales. El debate en marcha dentro de la comunidad científica referente al panorama del medio ambiente a nivel mundial ha entrado en una nueva fase de alto contenido político.

Los responsables políticos necesitan asesoramiento científico fiable y a tiempo con el fin de emprender acciones relativas a las cuestiones medioambientales que preocupan a la sociedad. Los intereses económicos y políticos subyacentes pueden ser considerables y son a veces lo bastante fuertes para conducir a una distorsión o mala interpretación de la información científica. Sin un marco fiable de análisis de la información científica, la aplicación del principio de precaución no es suficiente. La visión pesimista de la tecnología ve el peligro de que el progreso tecnológico destruya el medio ambiente mientras que, por el otro lado, la visión optimista cree que la tecnología es la solución definitiva.

El asesoramiento científico a menudo desempeña un papel secundario en el proceso de toma de decisiones, ya que la información que proporciona no siempre es fácilmente comprendida por los responsables políticos o por el público.

Un informe reciente de la Agencia Europea del Medio Ambiente proporciona muchos ejemplos donde la inacción de los responsables de la regulación ha tenido consecuencias costosas e imprevistas para la salud humana y para el medio ambiente o donde se ignoraron claramente las alertas precoces o incluso alertas claras y tardías.
alt : guia83.pdf