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Calidad agroalimentaria: calidad en la mesa

Las garantías sobre la información anunciada en la etiqueta es una de las principales exigencias del consumidor.

FACUA.org - 1 - junio de 2007
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Garantías en los productos

Los consumidores están cada vez más preocupados por los alimentos que ingieren, y por ello día a día la Unión Europea y los estados miembros establecen mecanismos para garantizar la protección de la seguridad y trazabilidad de los productos. Uno de los métodos por los que se intenta realizar es la calidad agroalimentaria, que no es más que un medio para garantizar seguridad, diversidad y calidad de los productos alimentarios que cada día millones de consumidores compran para llevar a sus casas.

A su vez, estos mecanismos pretenden proteger a los usuarios ante posibles fraudes alimenticios, aunque no siempre se consiga, e intenta informar a los consumidores acerca de los riesgos que pueden existir en un momento determinado.

La calidad agroalimentaria responde tanto a las necesidades del consumidor final como a las de los sectores productivos y establece los mecanismos de protección de la calidad y trazabilidad de los productos, así como los parámetros de lucha contra el fraude alimentario. En definitiva, se trata de conseguir, con la misma, un modelo alimentario que garantice la seguridad, la diversidad y la calidad de sus productos.

La calidad citada tiene como objetivo establecer las normas que la garanticen en los productos alimentarios, así como asegurar y proteger al máximo los derechos tanto de los consumidores como de los productores.

Los sistemas de protección de la calidad agroalimentaria permiten seguir el rastro de un producto.

Los consumidores europeos quieren que los alimentos que se llevan a la boca sean seguros y saludables. Por eso, la Unión Europea (UE) se esfuerza para que todo lo que coma el conjunto de sus ciudadanos sea siempre de una calidad elevada, tanto si se ha producido en el propio país como si viene del extranjero, ya sea de la UE o de fuera de la misma.

Aunque siempre se ha estado trabajando para mejorar la seguridad alimentaria, es cierto que en los últimos años se ha efectuado además una profunda revisión, en respuesta a las alarmas que en la década de 1990 coparon los titulares de las noticias en relación con temas como la enfermedad de las vacas locas, los piensos contaminados con dioxinas o el aceite de oliva adulterado. Con ello no sólo se ha intentado conseguir que las leyes de la UE sobre seguridad alimentaria estén lo más actualizadas posible y sean seguras, sino también que los consumidores estén informados al máximo acerca de los riesgos que pueden existir y de lo que se está haciendo para minimizarlos, aunque en numerosas ocasiones ésto no sea suficiente.

Está claro que el riesgo cero no existe, pero la UE hace cuanto puede —aplicando una estrategia global de seguridad en dicha materia— para que los riesgos sean los mínimos, gracias a unas normas modernas sobre alimentación e higiene redactadas según los conocimientos científicos más avanzados.

Estrategia de seguridad

La seguridad alimentaria empieza ya en la explotación, y las normas se aplican desde ese mismo momento hasta que el alimento llega a la mesa del consumidor, ya se haya producido en la UE o se haya importado de cualquier otra parte del mundo. Es la estrategia conocida como de la granja a la mesa.

La estrategia de seguridad tiene cuatro elementos importantes:

- las normas sobre seguridad de los alimentos y los piensos;

- el asesoramiento científico independiente y accesible al público;

- las medidas para hacer cumplir las normas y controlar los procesos;

- el reconocimiento de que el consumidor tiene derecho a elegir sabiendo perfectamente de dónde viene el alimento y qué es lo que contiene.

La seguridad alimentaria no significa que todos los alimentos tengan que ser iguales. El sistema para garantizarla, que es el mismo en todos los países de la UE, no excluye la diversidad y deja espacio suficiente para los alimentos tradicionales y las especialidades locales. De hecho, la UE promueve activamente la diversidad y la calidad. Además, impide que los alimentos distintivos o tradicionales de determinadas regiones, u obtenidos mediante métodos de producción concretos, sean copiados ilícitamente por otros, y también fomenta la agricultura ecológica.

La UE es el mayor importador mundial de alimentos y constituye el mayor mercado para las importaciones de alimentos de los países en desarrollo. Importa piensos, alimentos, plantas y animales de más de 200 países. Las explotaciones y los productores de alimentos de países que exportan a la UE deben respetar los mismos principios de seguridad que se aplican en la zona. En las fronteras de la UE se realizan controles para evitar que se introduzcan sin permiso en su territorio alimentos que no son seguros.

La UE contribuye también a organizar campañas de concienciación que animan a los consumidores de los estados miembros a comprar productos de comercio justo, es decir, productos alimenticios que no solamente son seguros sino que, además, provienen de productores a los que se les ha pagado un precio justo y han sido manipulados y transformados por trabajadores que, asimismo, han recibido un trato justo.

Cuando la UE diseña su política sobre seguridad alimentaria y decide cuál es el nivel de riesgo que puede ser aceptable, lo hace basándose en un asesoramiento científico sólido y en los últimos avances tecnológicos. Siempre están surgiendo alimentos nuevos y nuevos métodos de producción; por eso, la UE evalúa una y otra vez los riesgos que pueden presentar los nuevos productos alimenticios.

En su gestión del riesgo, la UE aplica el principio de cautela, esto es, si hay razones lógicas para sospechar que existe un problema, la Comisión interviene para limitar el riesgo, sin tener necesariamente que esperar a tener pruebas de que éste existe realmente. Por supuesto, este principio no debe utilizarse erróneamente como excusa para aplicar medidas proteccionistas. El sistema de alerta rápida para piensos y alimentos, Rasff (Rapid Alert System for Food and Feed, en sus siglas en inglés) informa sin pérdida de tiempo de los riesgos para el consumidor que acaban de detectarse.

Cuando un gobierno de la UE descubre un alimento o un pienso que, en su opinión, podría poner en riesgo a los consumidores, utiliza esta red para informar sobre el peligro potencial y sobre las acciones que ha emprendido para impedir que ese alimento o ese pienso entren en la cadena alimentaria, aunque no siempre se consigue. De esta manera, el riesgo se da a conocer rápidamente en toda la UE y las autoridades de otros países pueden actuar ágilmente si piensan que sus propios ciudadanos pueden correr ese mismo riesgo.